27.08.18
Directores _ Entrevistas

Entrevista a Martín Céspedes, director de “Toda esta sangre en el monte”

“Yo no estudié cine. No estudié nada. Apenas tengo el secundario completo. Mi interés por el cine nació porque mi viejo es productor de cine y desde los quince años trabajé en su productora Cine Ojo. Ahí me formé. El cine se aprende haciendo, ésa es la verdadera escuela y esto no te lo enseñan en ninguna carrera ni universidad paga”, asegura el director Martín Céspedes,  quien desde que estrenó su ópera prima “Toda esta sangre en el monte”, sobre el MOCASE, no para de cosechar espectadores.

¿Cuándo nace tu interés por el documental y cómo definís a este género?

Siempre hice cortos sobre las transformaciones sociales. Comencé a realizar cortometrajes cuando trabajé con la revista Crisis en Paraguay, allí rodé La dictadura del parlamentariado (2012), sobre la destitución de Lugo; luego hice un mediometraje en Rosario Club llamado Ciudad del Bang, sobre investigaciones urbanas de la triangulación de guita en negro entre el narcotráfico, el boom inmobiliario y el sojero. Me gusta moverme por estas ramas, pero no tomo el cine documental como un acto de militancia porque una película es una obra de arte. Las transformaciones sociales y la militancia deben ir por otro lado, implican poner el cuerpo. En cambio, el cine documental sirve como herramienta para apoyar un determinado mensaje, pero es muy limitado, no debe tener pretensiones de querer transformar una realidad.

Estamos en pleno estreno de tu ópera prima “Toda esta sangre en el monte”. ¿Cómo surge el proyecto sobre el MOCASE (Movimiento Campesino de Santiago del Estero?

Fue gracias a la revista Crisis. En el año 2012 viajé por primera vez a Santiago del Estero para hacer una nota del MOCASE. Ahí conocí el conflicto y a esta organización multifacética. Me impactó el grado de violencia que se vive en los territorios campesinos en torno a la posesión de  la propiedad y sentí la necesidad de filmar un audiovisual que muestre la violencia humana e institucional vigente. Una violencia que nos atraviesa como sociedad y vemos a diario: desalojo, represión, muerte; pero nos atañe sólo según el lugar que ocupemos en la geografía del mapa argentino. Es increíble cómo en las ciudades la vemos a diario y naturalizamos, mientras que cuando irrumpe en los territorios campesinos, marginados, que cobraron relevancia desde que el agronegocio hizo foco en ellos, destruyendo totalmente el paisaje e intentando arrasar con la comunidad campesina, accionan. Cambia por completo nuestra actitud de resistencia frente a esta intensidad politizable, politizada y palpable.

En el título y montaje final, enfatizás estos conceptos de crudeza extrema, sangre y muerte derramada en el campo para enmarcar que los derechos de uno terminan cuando comienzan los del otro pero. Sin embargo, dejás entrever tu postura a favor del campesinado y sugerís la idea de instinto animal frente a la lucha, como si el campesinado versus las instituciones fuesen espejo de una guerra donde el hombre es sinónimo de animal y el fin justifica los medios en cuestiones desiguales per sé ¿Qué opinas al respecto?

Entiendo esta múltiple lectura. Yo no quise bajar línea y por eso no hay voz en off. Pero coincido. Esto es parte de la cotidianeidad y la múltiple violencia que hay en ese territorio. No mostrarlo es hacer un prejuicio. En la relación hombre-animal del campesinado veo un acto de amor, hay un papá enseñándole a una hija a comer a partir de la relación que tiene con los animales y la caza en el campo, no como en Capital Federal, que es domesticación o industrialización, y el animal empaquetado. En cuanto al instinto, yo me pregunto si justamente ese modo de vida no hace a la fuerza que tiene el campesinado con que logra frenar a otra fuerza con mucho más respaldo institucional que ellos: el agronegocio que, a su vez, cuenta con respaldo politico-judicial y tiene todo a su favor para arrasar. Frente a esta relación desigual, hay una fuerza política interesante para mostrar, ver y pensar. Las familias nucleadas en MOCASE fueron expulsadas. Para mi, nosotros mayormente tenemos una forma de vida que va por el lado de la acumulación de la renta y cuánto más de esa renta podemos acumular o tener. Esta lógica que proporciona el sistema capitalista destruye la vida en comunidad y sería bueno poder pensar estos otros modos de vida que acá se ven fuertemente.

¿Cuánto tiempo compartiste con la comunidad MOCASE y qué te dijeron cuando quisiste documentar el modo de vida monte adentro?

Fueron dos meses de rodaje en las comunidades. Pasé mucho tiempo y estaban totalmente abiertos, pese a que hacen crítica al porteño que va, investiga la agrupación para su tesina y se va. Justamente porque una cosa es la postura que tienen frente a aquel que los toma como objeto de investigación y otra al que quiere colaborar con ellos. En mi caso, esta película no es romántica ni un panfleto publicitario sobre la organización y el campesinado, porque muestro las complejidades pero fui neutral, y jamás me pidieron que haga un recorte. Ellos desarrollan pasantías donde podes ir unas semanas, una vez al año, a vivir monte adentro. La reforma agraria atrajo mucha gente al campo.

¿Hoy ellos cuentan con tu material para proyectar en Quimili? ¿Los ves desprotegidos ante la poca difusión mediática?

La organización está totalmente desprotegida a nivel audiovisual, pero ellos no se posicionan como víctimas. Por el contrario, cuanta más adversidad, más se fortalecen y frenan los desalojos. De hecho, yo fui todos los días para filmar el juicio que aparece en el documental como tronco y línea argumental. Ese juicio refleja la indiferencia total frente al campesinado, porque era de carácter oral y público, y sólo transmitió Radio La Tribu a nivel masivo, junto a algunos medios locales de allá sin llegada mediática; Canal 7 vino el último día cuando fue el veredicto, pero nadie más habló del tema. Y así, mil cosas, tampoco nadie se enteró que hubo una Ley de Tierras llamada “Cristian Ferreyra”, para cambiar las leyes de titulación y el presidente Macri dinamitó al imponer que no podía titularse de forma comunitaria, y debía ser con alambre. Algo imposible para ellos que comparten el territorio, porque los animales pasean de un lado a otro para abastecerse en el lago de agua y tienen a kilómetros la comida. Espero que mi documental sirva para que compartan esto con el resto de las comunidades, en el NOA por ejemplo.

© Luciana Calbosa, 2018 | @LulyCalbosa

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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