19.12.19
Directores _ Entrevistas

Entrevista a Maura Delpero, directora de Hogar

La maternidad es el tema central de la película Hogar, dirigida por Maura Delpero, de exitoso recorrido internacional. Tuvimos el privilegio de entrevistar a Maura y esto es lo que nos contó.

Hogar es una película sobre la maternidad. ¿De qué manera te interesás en indagar dentro de este tema a través de una película?

Sí, Hogar es una película sobre la maternidad; ese es el tema central. Nace de un deseo, casi de una necesidad, de profundizar la temática de la maternidad y mi cuestionamiento. En un punto, mi relación y mi respuesta personal era compleja: me generaba sentimientos aparentemente contradictorios, como atracción muy fuerte, pero a la vez, miedo. Sentía la necesidad personal de profundizar a través de mi arte. Pero después de muchas entrevistas con madres, me di cuenta de que era algo muy común. Entonces sentí que era una necesidad mucho más general, casi ideológica y política, de darle espacio a la complejidad de este evento humano, mágico y maravilloso.

Es interesante cómo la película es muy emotiva, muy humana, pero elude hábilmente los golpes bajos que se podrían esperar. ¿Cómo fue el proceso de escritura del guión?

Creo mucho en la mirada de un autor (cuando se trata de cine de autor), y en mi mirada no hay golpes bajos (risas), y no me gusta cuando lo recibo en el cine como espectadora. Es una mirada amorosa hacia los personajes, de forma egoísta, en el sentido de que hay mucho de mí. Entonces me tengo cariño y respeto. De eso me di cuenta después de mucho tiempo de escritura. Es el aspecto mágico de la escritura: después de mucho tiempo, a veces te das cuenta de que estás escribiendo sobre vos mismo. Uno se conecta mucho con el inconsciente y termina escribiendo de uno mismo, y entonces ahí está mi familia, estoy yo de adolescente; están mis amigas, mis tías… Hay algo mucho más universal que particular. Y también, yendo a lo particular, estuve trabajando muchos años en hogares, dando talleres de cine para madres adolescentes. Antes de hacer cine, trabajé mucho como profesora, y antes venía de lo social. Para mí las adolescentes del hogar eran como todas con las que trabajé: sus deseos, sus inquietudes… Encuentro más simple es aspecto universal que el particular. Pero era muy interesante lo particular y esta paradoja muy conmovedora que les pasa a estas chicas: de ser todavía niñas y esperando un niño. También quería mostrar a las adolescentes y a las mujeres detrás del velo, con sus inquietudes sobre la maternidad. La mirada es siempre muy respetuosa. Me importa mucho la dignidad de los personajes.

El proceso de escritura fue muy largo. Empecé directamente escribiendo escenas, siguiendo a unos personajes que tenía en la cabeza. Estos personajes empezaron a hacer cosas y a tener sus historias. Historias que estuvieron muy influenciadas por lo que vi, escuché, percibí, olí y viví dentro de los hogares. La historia es de ficción, pero está inspirada en la realidad.

En la película trabajaste con actores profesionales, como Lidiya Liberman, y no profesionales, como Denise Carrizo y Agustina Malale. ¿Cómo fue el trabajo con cada una y cómo lograste ensamblar ambos mundos, que también es como el choque cultural que se produce en la ficción?

Es como decís: un poco doble la situación y doble el deseo. Por un lado había un choque cultural interno en la historia, que yo quería subrayar con el casting. Fue un casting mixto, pero premeditado: que las monjas fueran profesionales, y el mundo de las chicas y los niños, no. Tienen una actitud muy diferente. Las monjas tienen una formalidad que las chicas no, y eso es muy fuerte y lindo de trabajar con la actuación. A la vez, el deseo y el objetivo final era un canto único. El deseo es algo que se lee entrelíneas, que trabaja en el corazón del espectador, pero sin que se pueda dar cuenta. El objetivo se logró, porque mucha gente a veces no entiende quién es profesional y quién no. Obviamente fue un trabajo lograr ensamblar. Paradójicamente, sentí desde el principio que el tramo más largo le tocaba a las actrices profesionales, porque ya tenían las herramientas para hacerlo y porque debían despojarse de los hábitos actorales. Yo quería que el tono de la película fuera más el tono de las chicas, con una actuación natural. Hicimos trabajos separados, pero en el set, todas llegaron preparadas. Trabajamos sobre la química entre los personajes. Hicimos que pasaran un tiempo juntas, que se conocieran. Y en cuanto a los personajes más distantes, me pareció bueno que se conocieran ahí en el set, para subrayar esta distancia.

También trabajaste con chicos. ¿Cómo fue el trabajo con ellos y con María Laura Berch, la coach?

Fueron dos trabajos. Uno con las madres adolescentes, y el otro, con los niños. En el primero tuvimos tiempo para trabajar y conocerlas. Ellas trabajaron conmigo en mi casa, en el estudio de María Laura, en un parque… Nos conocíamos. Fue lindo, y cuando llegamos al rodaje, había una preparación. Eso no pasó con los niños por una cuestión de producción. Ellos tienen que seguir yendo al jardín, por lo que se eligieron chicos que vivieran cerca de la locación, y nos confirmaron tarde la locación. Yo estaba bastante preocupada (risas), pero tuvimos suerte y los encontramos. El trabajo se hizo en el set con ellos, porque los conocíamos muy poco. En el cine pasa esto de que las películas se postergan. Esta se postergó tres veces y María Laura no pudo estar en el rodaje, ya que estaba ocupada con otra película. Así que en el rodaje estuve con las adolescentes, y la coach actoral María Milessi estuvo con los niños. María Laura pudo dar consejo, de lejos. Con María Milessi hicimos un trabajo de preparación de cada escena, de entender cuál era la película para los niños. A veces era adecuado a su infancia, como los juegos, pero a veces había algo muy duro. No queríamos hacerlos vivir sentimientos demasiado duros. Encontramos sentimientos similares, pero que ellos pudieran vivir de forma más serena. Fue un trabajo muy de preparación, y de paciencia (risas). Sobre todo, porque elegí una nena de 4 años, que me pareció importante para la historia.

¿Es posible hablar de próximos proyectos?

Llegué cansada después de la película. Fue difícil (risas). Por suerte le está yendo bien. Los festivales, la distribución, es un trabajo también y es difícil concentrarse en el próximo paso. Pongo el alma en un proyecto y después necesito recargar las pilas. Hay cosas que dan vueltas, pero se está cocinando. Están en un estado embrional, como para mantener una metáfora con esta película.

© Matías Orta, 2019 | @matiasorta

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