04.10.18
Cine _ Entrevistas

Entrevista a Mike Hostench, subdirector del Festival de Sitges

El Festival de Sitges es el más importante en materia de cine fantástico y de terror. Durante octubre, desde 1968, la localidad catalana se vuelve el centro de las películas más oscuras y estrambóticas. Mike Hostench se desempeña como subdirector del festival, que no para de crecer ni de extenderse a otras latitudes. Mike estuvo en el Blood Window Pinamar (donde Sitges tuvo una presencia fuerte) y allí pudimos hablar con él.

Hagamos un poco de historia. ¿Cuál fue tu primer contacto con el Festival de Sitges? El primero de todos.

La primera vez que oí hablar de Sitges yo habré sido un niño porque el primer año de la edición del festival me fui a vivir a los Estados Unidos. Pero sí recuerdo que en el colegio se hablaba de que había un festival de terror, porque Sitges era un festival de cine de terror. Luego hemos avanzado y hemos evolucionado a lo que se llama fantástico (por supuesto con el terror como rey), y la ciencia ficción, la fantasía, incluso la acción de artes marciales, el misterio, etc. Del primer recuerdo en sí mismo no me acuerdo exactamente… pero quizá sí. Yo era muy fan de los comics y era muy fan de las pocas revistas de cine fantástico que salían en aquel momento en español, y sí, quizá te puedo decir que vi algún anuncio en Dossier Negro, que era una revista de comics, y también en una revista sobre monstruos que ahora no recuerdo… Y en el comic Vampus, que era de terror. Ahí fue donde vi los primeros artículos sobre el Festival de Sitges. Y luego como fan había empezado a ir en los años 80, a ver alguna película, y en los 90, para hacer entrevistas y otras cosas de presa y tal. Yo tenía una tienda de video y conocí a Ángel Sala, que luego fuera el director de Sitges y que ya trabajaba en el festival. Él fue director a partir del 2001, y en 2005 entré en la dirección con él.

De todo el trabajo desde ese momento, con Ángel y con todo el equipo del festival, ¿cuáles son los logros, las innovaciones que destacás de las que fueron consiguiendo en estos años?

Con Ángel logramos cumplir las cinco reglas que debe tener un festival. La primera es potenciar la sede geográfica en la que se hace. Todos los festivales de cine del mundo se crearon en lugares turísticos en un principio, como Cannes, Venecia, etc., para potenciar esas sedes. Sitges también era un poco eso, y lo conseguimos. Luego también hemos trabajado muy duro y de una manera tensionada, pero positiva. Es estar informado cada día, luchar cada día por tener la última información para traerle al público las mejores películas de género. Esa sería la segunda regla. La tercera regla sería potenciar y proyectar al exterior lo mejor del cine fantástico catalán y español, y la industria catalana y española del cine fantástico. La cuarta regla, que es muy importante, es ser innovadores y vanguardistas en todos los niveles del cine, de una manera muy amplia, tanto en la producción como en la exhibición. Por ejemplo, ahora estamos muy metidos en la realidad virtual. Queremos pasar películas, por supuesto, en todos los ámbitos que pueda tocar el cine de manera colateral. Y la quinta regla es una que he puesto yo (aunque es básica cuando trabajas con dinero público), que es no ser deficitarios. Sitges tiene una financiación que no es toda pública. Contamos con sponsors privados, pero el dinero público es muy importante: supera el cuarenta por ciento, y creemos que hay que hacer una gestión con el máximo rigor para que esos recursos estén bien gestionados. Entonces, consiguiendo estos puntos, Ángel y yo creemos que conseguimos tener un festival sostenible y que puede mantenerse en crecimiento como número uno del mundo.

A la hora de seleccionar los jurados para las distintas ediciones, ¿cuál es el criterio a la hora de elegirlos?

Elegimos personas que creemos que su criterio puede ser válido a la hora de juzgar las películas de cada sección. Sí es normal que cada uno tenga diferentes perfiles. No es lo mismo uno que tiene que juzgar una sección como Noves Visions, que es más sofisticada, con más películas de arte y ensayo, que Midnight X-Treme, que es un jurado joven. El criterio es gente que nos apetezca que venga y que pueda aceptar. Claro, es un trabajo duro estar varios días viendo películas sin parar, con lo cual debe ser gente que además pueda dedicarle ese tiempo, porque a algunos les cuesta más estar tantos días en el festival. El criterio es que sean personas relacionadas con el mundo del cine y de la cultura, y que creamos que su criterio sea válido para esto. Es importante juzgar las películas, porque luego se ganan premios y comercialmente tienen repercusión. Hay cierta responsabilidad a la hora de dar un premio.

Los festivales duran unos días, pero el trabajo de sus responsables es de todo un año. ¿Cómo es el trabajo que hacés con Ángel y con todo el equipo de Sitges?

El núcleo duro del equipo del festival somos unas doce personas que estamos todo el año. De programación somos realmente Ángel, Diego López y yo, y luego tenemos ayuda de un comité que creamos, que suele ser de personas del equipo del festival, que nos ayudan en cosas concretas como los cortos y la animación. Jordi Sánchez Navarro, que había sido subdirector del festival, es un gran experto en animación y nos ayuda con eso. Pero la programación la hacemos nosotros tres durante todo el año. Vamos a todos los mercados importantes de cine, a festivales de cine; recibimos películas y vemos otras en los mercados, por eso estamos siempre viajando. El núcleo duro son pocas personas, y a medida que se acerca el festival, va creciendo el equipo, y cuando empieza, se suman voluntarios. Y tenemos más de trescientas personas en el equipo.

Aparte de tu trabajo en el festival, también estás en el quehacer cinematográfico, como productor y guionista. ¿Qué podés contar de esta faceta?

 Bueno, mi trabajo principal es Sitges. Sí he escrito algunas películas. Una de ellas, para Brian Yuzna: Bajo aguas tranquilas. También escribí un largo para un director catalán llamado Marc Carreté, titulado Asmodexia. Fueron encargos o cosas que he hecho como hobby, porque no creo que tenga el nivel para llamarme guionista, pero es cierto que he escrito películas que se han estrenado en cines, siempre de terror. He colaborado en otros guiones, como Rottweiler, de Yuzna, y he escrito varios guiones que se han vendido pero que no se han filmado. Uno no era de terror, era de gangsters. Y luego como productor he estado relacionado con diferentes producciones, como Asmodexia y 11-11-11, de Darren Lynn Bousman. Aunque más que con la producción he tenido que ver con la distribución: he hecho de consultor de adquisiciones para películas para el estado español o para Estados Unidos. También he sido analista de guiones para diferentes empresas.

¿Qué podemos esperar de la edición número 51?

He pensado en eso. Hemos hecho un plan estratégico para cuatro años más sobre las diferentes cosas que querríamos hacer. Una de ellas es la internacionalización. Es decir, que Sitges esté más presente en otros países del mundo. Con calma lo vamos a lograr de diferentes formatos, como el Blood Window Pinamar. Otro objetivo es expandirnos dentro del mismo Sitges, con más salas -porque esto se va haciendo grande- y un hotel nuevo, y aumentar las propuestas gratuitas que tenemos, para la gente que no tiene medios o que simplemente le apetece estar ahí un rato y disfrutar de Sitges y volverse a su casa. El aumento de salas y la internacionalización serían dos de las cosas importantes, y la tercera sería seguir en la innovación. La realidad virtual abre otros caminos que vamos a seguir investigando.

© Matías Orta, 2018 | @matiasorta

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