24.11.18
Directores _ Entrevistas

Entrevista a Natural Arpajou, directora de Yo niña

Tras una exitosa trayectoria como cortometrajista, Natural Arpajou presenta su ópera prima: Yo niña, inspirada en episodios y personajes de su infancia. Hablamos con Natural y nos contó los detalles de este film.

Venís de dirigir varios cortos, con muy buen repercusión y premios. Yo niña es tu primer largometraje. ¿De qué manera lográs concretar la película?

Creo que los cortometrajes y… odio hablar de los premios, pero los premios, más allá del ego de uno, hicieron que uno productor me llame. Yo tenía este guión desde antes de los cortos, y ya tenía contacto con productores, pero no se terminaba de cerrar: era una película muy cara o lo que fuera. Esto de los cortos y de los premios parece una tontera, pero te ayudan al paso siguiente. Los cortos me hicieron más notoria y un productor dijo: “Che, me interesa tu laburo, te vengo siguiendo… “, y eso fue lo que permitió que se hiciera la película.

¿Cuánto cambió el guión desde aquella versión previa a los cortos hasta la que se filmó?

Cambió muchísimo porque, entre tanto tiempo, uno crece. Al principio era como un diario íntimo, pero después tuve que ficcionar porque era una porquería. La vida no es tan cineable, tan así. Tuve que ordenar las cosas de otra manera. Me había olvidado, pero en el montaje hasta cambiamos el final. Cambió mucho el guión. En Argentina pasa eso: tardás tanto en hacer una película, y a los tres años ya sos otra persona.  Empezás a cambiar lo que querías decir, y cambió muchísimo. Versiones del guión hubo… ¿cincuenta? Sí, y más lo que después se cambió en montaje.

¿Cuánto de tu propia vida hay en la película y cuánto es ficción?

No quiero decir un porcentaje. El cien por ciento son cosas que, de algún modo, viví. Algunas escenas no son como sucedieron sino que saqué la esencia de algunas vivencias. Pero no quería contarlo como lo viví o por pudor o por cuidar gente o por lo que fuera, y lo fui cambiando. No hay casi nada que no sea mío. De hecho, la cabaña del final me la hicieron mi pará y mi hermano porque no conseguíamos que nos presten eso. Vino al set una amiga mía de la infancia y dijo que esa casa era igual a la que conocía de chiquita. Todo, hasta la ropa, eran cosas de mi familia. Es una película muy personal. Muy. No es que todo sea así como pasó, pero todo tiene algo que ver de algún modo. O pasó así o pasó algo parecido que me hizo sentir eso.

La película está contada desde el punto de vista de Armonía, la nena protagonista. ¿Cómo diste con Huenu Paz Paredes y cómo fue trabajar con ella?

Lo difícil con los nenes chiquitos es encontrarlos. Para mí, la clave con los nenes que no son actores, que no podés pedirles que compongan un personaje, es encontrar una energía, una idea que vos necesites. Vi seiscientas nenas. Hice yo el casting; me ayudó gente, pero yo lo dirigí. Quería verlas yo a las nenas, de primera mano. Fueron seiscientas entre Buenos Aires y la Patagonia. Acá fuimos a Casting Club, una castinera que convocaba a los chicos, y en el Sur rastrillábamos nosotros: íbamos a escuelas y al último pueblito a ver nenes. Huenu estaba en un pueblito. No era actriz, no había hecho castings ni nada, y me encantó. Quedaron ella y otra más, pero la elegí a ella porque podía jugar y salir y entrar del personaje (la otra nena se quedaba enganchada con las escenas). Además, Huenu tiene esa cosa entre aniñada y adulta, entre medio salvaje y medio tierno, que es lo que tiene el personaje. Y después es una niña que no tiene tele, que se había leído el guión tres veces antes de reunirse conmigo por primera vez. Los padres le dejaron leer todo, y ella entendió casi todo. En cuanto a laburar con ella, no hay una fórmula. Jugué mucho con ella. La reunión con ella era jugar dos horas, y después hablábamos del guión. Es una chica muy inteligente. Después a las escenas las ensayábamos, yo le explicaba qué le pasaba a Armonía y ella lo hacía. A veces yo le decía: “Hacelo así” o una vocecita o que ella me imite, y a ella le quedaba en la cabeza. Era un monstruito, una genia total.

En cuanto al elenco adulto, ya habías trabajado con Andrea Carballo, por ejemplo. ¿Cómo fue el trabajo con ellos?

Mientras hacía otros trabajos, iba pensando en gente. Con Andrea había trabajado, con Bimbo había trabajado… Esteban surgió de una charla con el productor. Yo hacía castings para Paka Paka y me guardaba los teléfonos de los actores que me interesaban. Al elenco lo fui armando en el tiempo. Cuando llegó el rodaje ya los tenía pensados, salvo la nena. Y la que hace de amiga mapuche es una amiga de mi hermano. Cuando un verano fui a vacacionar allá, con mi familia, dije: “la quiero a ella”, y se copó para actuar, y terminó cantando una canción en mapuche.

¿Cómo fue el rodaje en la Patagonia?

Terrible (risas). Fe muy difícil por muchísimas razones. A mí la Patagonia no me hace absolutamente nada, porque yo viví ahí. Por ahí el equipo sufría más esto de que hacía frío. No había señal en los celulares, pero para mí no era problema. La naturaleza no me asusta. Lo que me afectó es que filmamos donde había vivido ciertas cosas. Me fui de casa a los 16 años y les dije a mis amigas que me iba porque quería hacer algo importante y volver con algo importante para que todos supieran que me podían querer. Yo me había olvidado, pero me lo contaron cuando fui y dije: “Wow”. Volver a transitar ese espacio con esta peli fue muy fuerte para mí.

¿Es posible hablar de próximos proyectos?

Sí. Estoy ensayando mi próximo largo, que se titula Libre. Es un proyecto que se va a filmar íntegramente en la Villa 21. Doy clases ahí hace cinco años y mis alumnos están formados. Estoy guionando con Alan, un alumno que ahora es un amigo y que vive en la villa. El actor es esteban El As, que hace trap y que es megafamoso en Fuerte Apache. Estamos ensayando hace bastante y es un proyecto maravilloso. Yo siempre tengo guiones de fierro, pero acá charlamos mucho sobre la vida, de lo que pensamos. Se trata de lo que nos hace el sistema capitalista, y estamos buscando la plata para filmar. Si todo sale bien, en marzo nos gustaría filmarlo.

© Matías Orta, 2018 | @matiasorta

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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