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Entrevista a Nicolás Gil Lavedra, Oscar Martinez y Joaquín Furriel por Las Grietas de Jara

El director Nicolás Gil Lavedra vuelve al ruedo con Las Grietas de Jara (2018), la obra literaria de Claudia Piñeiro que adaptó al cine. Enterate en esta entrevista exclusiva para A Sala Llena el detrás de escena del rodaje de la nueva apuesta del cine nacional protagonizada por Joaquín Furriel, Oscar Martinez, Soledad Villamil, Santiago Segura y Laura Novoa.

Según teórícos, el cine es una herramienta para contar historias. En tu caso, optaste por la adaptación de formatos literarios para incursionar en diversos géneros. ¿Cuándo surgió tu interés por la novela homónima, Las Grietas de Jara, de Claudia Piñeiro? 

NGL: En 2014 hablé con ella por la adquisición de los derechos pero estaba barajándola con otro director. Fue en 2015 cuando me dio la grata noticia que venció esa sesión y comenzamos a trabajar el guión con Emiliano Torres.

¿Qué elemento te atrapó de la trama y motivó a llevarla al cine? 

NGL: Principalmente los personajes de Pablo y Jara porque son dos caras de una misma moneda. Acá está claro que todos tenemos una grieta y cada uno la lleva lo mejor que puede. Es un guión reflexivo. Un policial costumbrista que refleja sin juzgar las decisiones complejas que toman los personajes para concretar sus objetivos. Sabemos que algo anda mal y, sin embargo, conviven con eso a diario. A su vez, aparece en primer plano la crisis de los 40, el vínculo familiar y el contexto político que atraviesan. Eso me atrapó mucho en lo personal, el cómo vivimos con cosas no resueltas días… ¡años! y entonces pensé detenidamente desde lo técnico cómo armar el storyboard, qué hay detrás de los personajes. Ese universo palpable pedía cobrar vida y me lancé.

Me detengo en esto último que mencionás. Hace un año, este mismo mes te encontrabas filmando ¿Cómo fue rodar en pleno verano con semejante elenco? ¿Concretaste el storyboard que planificaste o hubo modificaciones? 

NGL: Fue un desafío pero no lo modifiqué. Hacer una película es metafóricamente una obra en construcción y sobre todo, ¡me gusta incomodar a los actores! Porque sé que les gusta salir de la rutina. Acá estuvimos en constante movimiento. Fueron siete semanas de rodaje. Filmamos exteriores en un edificio de Belgrano e interiores en Saavedra. De ahí al subte, nos corrían los minutos de filmación y ese acelere funcionó. Ellos sabían que nos costó mucho conseguir las locaciones de edificios con obras en construcción, el pozo, la grúa y dieron lo mejor de si. Estoy muy contento.

Retomando la incomodidad, hay un primer plano a cámara que interpela directo al espectador y sale de lugares comunes. ¿Cómo fue filmar esta escena con Oscar Martínez y Joaquín Furriel?

NGL: Bueno, ambos estaban incómodos. Hicimos varias tomas para esas tres frases puntuales a cámara que marca la relación entre ellos. El público ahí ve un antes y después. Si bien no están acostumbrados a actuar mirando directo a cámara cuando vieron el montaje les encantó. Esa escena, esa luz, esas miradas perturbadoras, hablan por sí solas.

¿Qué esperás del público que reciba este mensaje? 

NGL: Que lo movilice a pensar juntos qué nos pasa como sociedad. Que pueda salir de la sala y debatir lo que ve en la película. Creo que ese fue el mensaje de Claudia también. Ahora llegó el momento de soltar.

 

Joaquín Furriel y Oscar Martínez revelan cómo fue trabajar juntos y anécdotas del rodaje.

Ambos consideran a Claudia Piñeiro además de una eficaz novelista, una guionista porque “construye la arquitectura, la trama de tal manera que son guiones cinematográficos. Sostiene el interés”.

OM: Algo pesado condiciona a los personajes pero no sabes qué es. Quería saber que iba a pasar. Los personajes van poniendo los ladrillitos de la trama, te meten adentro.

Hoy representás la dramaturgia, cine y teatro, y en breve serás miembro de la Real Academia Española. ¿Cómo vivís esta continuidad laboral, reconocimiento y expansión artística? 

OM: Este año pasó algo insólito y halagador. Como escritor este reconocimiento es el mayor que tuve. Es un honor muy grande. Al mismo tiempo, es fantástico poder filmar hoy tres o cuatro películas por año cuando antes pasaban seis entre una y otra. Yo anhelaba tener continuidad en el cine y por suerte me ocurrió. Pienso que por algo me pasa ahora. La madurez se adquiere con el tiempo, tal vez lo que soy capaz de hacer hoy no era igual hace 15 años. No porque sea malo sino porque todavía habían cosas por segmentar. No es sencillo. El Nido Vacío es una pelicula que anduvo muy bien y tuvo muy buena critica, con ella gané el premio en San Sebastián como mejor actor y pasaron cinco años sin filmar hasta Relatos Salvajes. Relatos… fue un suceso de esos que se dan contadas veces en la vida a nivel mundial, que la vean 4 millones de personas es una locura. Tuve la suerte que Damián me deje elegir el personaje y tuvo un impacto muy superior al que imaginé cuando elegí esa historia que es como un largo comprimido dentro de esa pelicula coral de seis. En España gustó muchísimo. Se dio una circunstancia y es que en ese momento, de casualidad, habían dos casos similares en la primera plana de los diarios. Un tema muy candente, sensible.

En este caso, Las Grietas de Jara te une a otro actor muy querido por el público que atraviesa un momento laboral exitoso, Joaquín Furriel ¿Cómo fue la experiencia de trabajar juntos? 

OM: Con Joaquín somos amigos. Nunca habíamos trabajado juntos y esta era una buena ocasión porque mis escenas son casi todas con él. Nos complementamos. A través de su personaje voy por un propósito extorsivo; y para él mi personaje es el que desencadena el conflicto y lo despierta. Este vínculo es el cable de acero del cual cuelga la película.

¿Podemos decir que estás viviendo el presente que soñaste? 

OM: Me gusta que esto ocurra. Uno debe amigarse con esas cosas. Agradezco los halagos En esta profesión hay que tener micho cuidado de no embelesarse porque sino perdiste. Si empezas a creer que sos ese perdes lo que te llevo a hacer eso. Yo siento al revés. Siento que el reconocimiento me responsabiliza y compromete más. Si me pusieron en ese lugar, ahora debo responder. Espero satisfacer esa demanda.

Joaquín, hablemos de este encuentro donde enfrentás cara a cara a Oscar Martinez y, a su vez, la realidad. ¿Cómo compusieron ese juego eficaz entre plano y contraplano donde cuestionan, constantemente, el modo de ver las cosas? 

JF: Estaba anticipado el juego del encuentro de dos actores que, de alguna manera, se la van a dar en la escena. Yo venía de un año intenso con El Patrón y Oscar con El Ciudadano Ilustre, dos películas valoradas y premiadas. De repente, pasamos de encontrarnos los dos en un buen momento profesional a tener un cruce cara a cara en esta película donde el vínculo que tenemos es de choque. Fue bastante particular porque a Oscar lo valoro y respeto mucho. Ya nos conocíamos fuera de la profesión y teníamos mucha empatía por visiones de cosas que pasan dentro y fuera de nuestra profesión. Es una felicidad descubrir que en el trabajo también funcionamos. Recuerdo que en medio del set nos íbamos en la moto, mientras esperábamos para filmar, e interpelábamos los personajes. En ese ida y vuelta tomamos muchas decisiones. Una fundamental fue cómo mirarnos.

¿Te incomodó interpretar este personaje? 

JF: Si. Pero me gustó. Claudia Piñeiro tiene este mundo donde los personajes son construcciones sociales, se agrietan de cara a la sociedad y Nicolás potencia la trama con la dimensión de la moral. Es una película difícil. La situación virtuosa del pasado con el presente que se mueve genera esta incomodidad. Como actor no me resultó fácil convivir con eso. No se sabe hacia dónde va mi personaje ni cuáles son las consecuencias porque nada de lo que está establecido se va a mantener igual. Aparecen los conflictos y las relaciones sociales: Pablo es un trabajador de clase media inmerso en una casa donde su familia se desploma. Esta base tan susceptible a reaccionar atenta contra su voluntad, pero uando intenta reaccionar algo lo frena. Entonces te preguntás si este personaje neurótico de clase media con problemas burgueses podrá despertar.

Pese al background sórdido de la trama, ¿hay alguna anécdota graciosa que recuerdes del set? 

JF: Si ¡La colita de Oscar! El día que ví cómo venía el vestuarista entusiasmado a colocarle esa colita en el pelo me pareció un vínculo divino. Ése fue un lindo momento, comenzaba a disfrutar la jornada y reír.

(entretanto Oscar baila detrás suyo haciendo la mímica de la escena y Joaquín agrega enseguida)

JF: Otro muy lindo momento es actuar el invierno cuando tenes 40 grados de calor. Actuar que hace frío cuando te re morís de calor, la verdad, que es increíble. Por dentro sos buñuelito, transpirás la gota gorda como loco pero decís ¡Pucha! ¡Qué frío, che! Eso es inaudito.

© Luciana Calbosa, 2018 | @LulyCalbosa

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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