31.08.18
Directores _ Entrevistas

Entrevista a Pablo Trapero, director de La Quietud

Desde Mundo grúa, su ópera prima, Pablo Trapero se consolidó como uno de los directores referentes del cine argentino moderno. La Quietud es uno de sus films más audaces, y nos contó todo al respecto en esta entrevista.

Vayamos al principio. ¿Cómo nace el proyecto? ¿Es verdad que una parte viene del parecido entre Martina Gusmán y Bérénice Bejo?

Son varias cosas que posibilitan un proyecto en general, y en el caso de La Quietud es lo mismo. El universo de la película estaba antes de -o en paralelo a- lo de Martina y Bérénice. Estaba el universo de la película, el deseo de volver a trabajar con Martina, que ella y Bérénice trabajaran juntas, y la idea de meter mano en este mundo femenino, que para mí, como varón, fue un gran desafío. De alguna manera, la película también es como una continuación de El clan. Todos los que vieron El clan van a poder ver en La Quietud ciertos temas que se continúan: una familia un poco endogámica, encerrada, llena de secretos, de misterios, con cierta violencia… Pero en este caso, en lugar de ser un patriarcado tan marcado, como lo era Arquímides con sus hijos varones, es un matriarcado. Mía (el personaje de Gusmán) está atravesada por todos estos personajes, y todo ante la mirada implacable de Esmeralda, el personaje de Graciela Borges. Fue un gran desafío después de El clan, pero también después de las anteriores películas; era intentar narrar y describir un mundo femenino, en donde el protagonismo no sea de la mujer sino del mundo femenino.

Como bien dijiste, en la película hay secretos, hay personajes con pasados tormentosos, con sus anhelos. De hecho, es más lo que no se dice que lo que sí. ¿Cómo trabajaste estos elementos desde la escritura del guión?

Desde el principio tenía claro que La Quietud tenía para dar un acercamiento a temas que quizá no están muy en la agenda. Muchos temas que hoy, por curiosidad y por suerte, sincronizan con el estreno de la película, como el empoderamiento femenino, que se hablan en la película muy directamente, pero también sobre cuestiones del pasado de los personajes, el pasado íntimo y también en relación a nuestra historia, que sentía que era muy importante incorporar a este relato. Todos estos secretos y todo lo que no se dice, en realidad termina siendo lo más importante en el relato. Todo lo que los personajes intentan mirar es lo que la realidad les devuelve, y esa historia que intentan negar vuelve y se presenta de manera más violenta que antes. En ese sentido, esta estructura, que puede ser pensada como de melodrama, se convierte en una tragedia con suspenso y con ciertos toques un poco surrealistas, donde hay mucho humor negro y espacio para reírse un poco de estas situaciones tan dramáticas y tan trágicas.

Justamente hablaste de melodrama y de los toques de humor negro, y si bien es una película con una producción enteramente argentina, tiene un sabor europeo, un sabor francés francés, no sólo por la presencia de Bérénice y el contacto de los personajes con Francia, sino por una esencia propia de de país. ¿Tuviste como referencia el cine francés?

Mirá, desde muy temprano las referencias eran películas de Buñuel. De la etapa francesa de Buñuel podría ser Belle de jour, donde Catherine Deneuve es una diva que desciende a este mundo que narra esa película, pero también podría ser de la etapa mexicana, como El ángel exterminador o Viridiana o Él. Y Ese oscuro objeto del deseo, esa idea de dos mujeres que podrían ser una… O sea, hay pequeños homenajes a Buñuel a lo largo de la película. En ese sentido, la etapa francesa de Buñuel está muy presente.

Un factor determinante en la película es la locación. ¿Cómo diste con esa estancia? ¿Es cierto que perteneció al abogado y empresario Raúl Moneta? ¿Los interiores se filmaron allí o en otra parte?

La estancia nos llevó bastante tiempo conseguir porque tenía que tener condiciones muy particulares, pero a la vez mucha conexión con el exterior. Se filmó en Luján, en la estancia que era propiedad de la familia Moneta, y sin que lo supiéramos, hubo mucha sincronía entre la ficción y lo que fuimos aprendiendo que fue la vida de don Moneta. Eso fue algo sorprendente al momento de producir; sin esperarlo y sin proponerlo, nos encontramos filmando situaciones muy cercanas a los dueños de esa casa, pero que solamente por el azar coincidían. Estábamos filmando a personajes viviendo y diciendo diálogos muy cercanos a los que habían tenido los verdaderos dueños de esa estancia. Los interiores se hicieron todos allá. Los interiores de Capital son de otras locaciones, pero los interiores de La Quietud fueron en la misma estancia. De hecho, después de buscar mucho la locación, nos pareció muy bien por cómo se comunicaba con el exterior, de manera que podía verse el campo mientras filmábamos dentro de la casa.

Hablemos del elenco. Primero contame cómo diste con Graciela Borges para un papel tan crucial, y con Joaquín Furriel.

En el caso de Graciela, es parecido a lo que comentábamos de Martina y Bérénice. Mucho antes de preparar esta película tenía el deseo de trabajar con ella, y estaba el deseo de ella de hacer una peli juntos. Entonces se combinaron las dos cosas. Fue una experiencia muy linda. Como sabemos, Graciela es un ícono del cine argentino y, a la vez, el personaje de Esmeralda funciona como un homenaje a ciertos personajes que vimos hacer a Graciela, pero después de dos o tres escenas aparece la verdadera dimensión de Esmeralda. Una interpretación única de Graciela, y muy diferente a todo lo que hizo antes. A Joaco lo contacté apenas tuve el guión terminado. Sentía que los dos varones, tanto Joaquín como Edgar, tenían que personajes de esa envergadura, de esa experiencia porque, como se ve en la película, no hay escenas de las que uno podría sacar y poner en el extra de los DVD porque cada una de esas escenas son fuertes, concisas, sólidas, intensas. Quería tener actores con esa capacidad, y Joaco es uno de ellos. Lo contacté y se animó a hacer un personaje en una película donde las protagonistas son mujeres. Para él fue una nueva linda experiencia.

Mencionaste a Edgar Ramírez. ¿Cómo diste con él y cómo fue trabajar con él?

Con Edgar fue similar a los casos que te comenté antes. Hace muchos años que nos conocemos. Yo estoy trabajando en películas fuera de Argentina y nos vemos seguido en Los Ángeles, que es donde él vive últimamente. Hace mucho tiempo que quería hacer algo con él y le propuse este personaje en las mismas condiciones que lo que te contaba de Joaquín, sabiendo que es una película donde las protagonistas son las chicas, en la que él está como personaje masculino que está acompañando los deseos y necesidades de Mía y de Eugenia. Él en ese momento estaba filmando la miniserie sobre el crimen de Versace y con mucho trabajo en los Estados Unidos, pero logró armarse de estos días para venir a trabajar con nosotros y aportar a un personaje que tiene mucha precisión pero que apoya a la línea central de la narración. Siendo un actor tan conocido afuera, fue un lujo tenerlo para un personaje que no es el prota.

En tu cine no sos ajeno a las escenas de sexo. La Quietud tiene varias, pero una en particular se destaca por sobre el resto y que involucra a las hermanas, que dice mucho de los personajes. ¿Cómo fue rodar esa escena?

Estuvo escrita como la vimos desde el primer guión. Fue de las primeras cosas que hablé con Marti y con Bérénice cuando fuimos a París a ensayar. Es una escena de mucha intensidad, como se ve, y de mucha planificación: hubo mucha coreografía, y las tomas debían repetirse con la misma claridad y precisión. Es una escena que para mí es muy importante en la narración y pienso que nadie queda indiferente. La intensidad de esa escena representa el vínculo entre las hermanas y el amor tan genuino que se tienen.

Si bien ahora estás acompañando la película, ¿es posible hablar de próximos proyectos?

Cuando termino de presentar la película acá, voy a Venecia para presentarla allá, y después en Toronto. Después vuelvo a filmar una cosa que empecé a filmar en junio: Zero Zero Zero, una serie basada en la novela de Roberto Saviano, el autor de Gomorra. Es un proyecto increíble, muy grande, muy ambicioso, y para mí, una experiencia alucinante. Son cuatro semanas de rodaje por episodio, con un presupuesto muy grande, y filmada en cinco países: Estados Unidos, México, Italia, Marruecos y Senegal. Es un proyecto increíble, estoy muy contento.

© Matías Orta, 2018 | @matiasorta

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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