23.04.18
Directores _ Entrevistas

Entrevista a Raúl Perrone, director de Expiación

Si hablamos de cine independiente, hay poco tan independiente como el de Raúl Perrone. Sus películas nos pueden transportar en el tiempo y el espacio, pueden retratar pinturas decimonónicas o samuráis, pero él siempre filma desde Ituzaingó, con equipos y presupuestos reducidos. En el [20] BAFICI, presentó Expiación, una película ambientada durante la última dictadura militar, en la que sin embargo hay sólo cuatro personajes enclaustrados en una casona. Durante el festival, nos sentamos con el prolífico director para charlar sobre su forma de trabajo, su irrefrenable necesidad de filmar, su incansable capacidad de renovación y por qué el montaje es lo que más le gusta del proceso creativo.

A Sala Llena: En “Expiación”, hay apenas una casa, pero sugerís toda una época. Evocás un mundo desde un espacio limitado.

Raúl Perrone: Odio la obviedad. No voy a hacer una película sobre la dictadura y poner un Ford Falcon. Siempre intento que mis películas tengan que ver con la poética. No sólo desde la imagen sino también desde la palabra, cuando la hay. A mí me gusta mucho laburar en espacios cerrados y armar todo un mundo ahí adentro. Llenar de locaciones una película por tener locaciones no tiene sentido. Acá hay cuatro personas encerradas en un lugar, tratando de ser ellos mismos y de cargar con sus quilombos. Me pareció que ese era el desafío.

ASL: ¿La elección de la casa cómo fue? ¿La encontraste o ya la tenías vista?

RP: Una parte es una fábrica abandonada. El año pasado hice Cínicos ahí. Después, una alumna me dijo que una amiga tenía una casa del 1800s cerca de Ituzaingó. Y cuando fui lo primero que hice fue llevar gente y filmar. Porque sabía que me iba a gustar.

ASL: Capaz por tu pasado de pintor, en la película se destacan los fondos, las manchas en las paredes, las texturas. ¿Cómo fuiste trabajando eso?

RP: Desde el primer día que fuimos a las locaciones, ya armamos la puesta en escena. Cuando entré tuve una visualización del lugar y fue muy poco lo que tuve que agregar. El arte de la película estuvo en algunos cuadros que puse. Pero el escenario era la propia casa. Fue difícil porque teníamos un permiso pero hasta determinada hora. Y eso es condicionante. Yo no laburo muchas horas pero tampoco me gusta que me pongan un horario. Me gusta la libertad. Yo llego a las once y capaz a las cinco me voy. Pero si vos me decís que me tengo que ir a las cinco, ya me incomoda. Me la tuve que bancar, porque no era un territorio que conocía demasiado.

ASL: En otras entrevistas dijiste que no te gusta tanto la filmación pero sí el montaje. ¿Hasta qué punto la película se crea en la isla de edición?

RP: Para mí la verdadera película es cuando la editás. Lo otro es simplemente un pretexto para después editar. No escribo guiones. Son hojas, con diálogos en este caso. Después, mucho se intuye in situ. Pero el momento de editar es el de mayor felicidad. Es cuando armo la película. Yo tengo un método de laburar que me gusta mucho: filmo, llego, bajo el material, hago un back-up y ya edito. Como tengo un pequeño micro-cine, exporto, miro y armo la película. Muchas veces he dicho, “Hago la película haciéndola”. Estoy mucho tiempo editando, con el color, el sonido. Tengo la totalidad del proyecto en la cabeza. Si trabajara con alguien, a esta altura de mi vida, sería un desgaste. Yo edito hasta las cinco de la mañana. No puedo tener a un tipo hasta las cinco de la mañana en casa. Todos los días estoy de siete, ocho de la noche hasta las cuatro o cinco de la mañana. Es un laburo. Y ahí es cuando me encuentro con la película, cuando estoy solo y nadie me hincha las bolas ni me pregunta qué hago y qué pongo. Es un momento sublime.

ASL: Durante la filmación, aunque no estás solo, sí reducís el equipo al máximo. ¿Cuáles son los beneficios de un equipo tan chico?

RP: Trabajar rápido, tener un equipo que sabe lo que quiero. Bueno, hasta cierto punto: nadie sabe lo que voy a contar, no le digo a nadie. Ni a los actores. En la semana, les decía, “Esto es lo tuyo”. No se podían juntar a ensayar. Cada uno tenía que saber su parlamento. Quería que dijeran las líneas tal como yo quería. Eso era muy importante para mí. Como también es importante la puesta en escena. No dejo nada librado al azar. Y eso se puede hacer cuando no hay mucha gente. Si la hay, eso entorpece la situación. Vienen las preguntas, las boludeces. Capaz para mí sería más cómodo porque dejaría de hacer todo lo que hago. Pero no podría. También es muy difícil encontrar la gente adecuada para laburar. Son todos alumnos míos y todos saben lo que tenemos que hacer.

ASL: No sólo trabajás rápido sino que también trabajás mucho. Estrenás dos películas por año.

RP: No conozco otra manera de trabajar. No puedo parar de filmar. Las imágenes para mí son muy fuertes. A lo mejor, para algunos, la preproducción es una manera de controlar la ansiedad: pre-produciendo, hablando y hablando. Yo cuando fui a la casa de Expiación ya hice la película. Como cuando me dijeron, “Che, hay un skate park nuevo”. Fui con la cámara y salió el principio de P3ND3J0S. Hay una impulsividad en mí de hacer y terminar y que se pueda ver. Se me acumulan películas y las edito. Después las películas van encontrando su camino. En el BAFICI, en Europa. Ahí sí que no tengo apuro.

ASL: Son tantas tus películas, que tus espectadores capaz no alcancen a ver o rastrear todas. Se me ocurre que tu filmografía va en contra de cierto consumo compulsivo de contenido. Como pasa con las series de Netflix: la gente se estresa porque no puede terminar de verlas.

RP: Yo no tengo Netflix. Escucho lo que dicen: “Me vi los 18 capítulos”. Es una enfermedad. ¿18 capítulos? ¿Qué hacés de tu vida? Yo no veo películas. Tengo un micro-cine y vuelvo a ver el Ladrón de bicicletas. Me aburro, me voy a editar. No soy cinéfilo. Tengo una cultura cinematográfica porque tengo memoria y hay tipos que me han gustado. En cuanto a los espectadores, creo que hay un mito con mis películas. Hay quienes vienen y me dicen que no se consiguen, pero no saben que hay varias enteras en YouTube. Igual hay gente que sí encuentra mis películas y hay muchos cinéfilos que las ven. Hay tipos a quienes no les gusta lo que hago, pero ven mis películas igual. No sé para qué. Para decir, “Fui a ver la película de Perrone”.

ASL: P3ND3J0S, que es casi cine mudo, fue una renovación para tu cine. Ahora Expiación es otra renovación, otra dirección. ¿Por qué estás siempre cambiando, siempre probando cosas nuevas?

RP: Hong Sang-soo hace 40 películas y son siempre lo mismo: dos tipos que se emborrachan y hablan de cine. Yo no podría hacer eso, me embolo enormemente. Cambio porque quiero experimentar o investigar otra cosa. Tiene que ver conmigo. Hay miles de variantes: color, puestas de cámara, la palabra. De todos modos, si sos agudo, te das cuenta que todas mis películas están hechas por el mismo tipo. Hay una manera de encuadrar, contar. Cambian cosas, pero sabés de quién es la película.

ASL: En los últimos años, hiciste películas básicamente mudas. Acá el silencio cobra otro peso, porque sí hay diálogos. ¿Cómo cambió tu uso del silencio? En el cine mudo, más allá de la música, todo es silencio. En Expiación el silencio es la ausencia de voces que después surgen.

RP: Es una manera de lograr cierto equilibrio. Trato de ser equilibrado con eso y con la música. No pongo música para golpes bajos. En mi caso, la música cumple otra función, remarca ciertas cosas pero no como en un videoclip. Y cuando tenés una película con diálogos tan profundos, como ésta, los silencios son tan profundos y necesarios como el diálogo. Al menos, yo necesito esos silencios. Soy el primer espectador. Exporto el material, lo miro y veo qué onda. No hago setenta cortes. Hago anotaciones y la próxima versión es la película. Aprendí a despojarme de los caprichos, de los diálogos excesivos. Y en Expiación, los diálogos están dichos de una manera neutral. No hay mucho énfasis. Me gustaba eso, porque se contradice con lo que está pasando. Ahí está la búsqueda, con el sonido, el montaje, el color. En algunos momentos la imagen es casi en blanco y negro. Son cosas que no podés explicar. Si fuera músico, haría jazz improvisado. Vos hablás con músicos y te describen colores musicales. En mi película es lo mismo. Creo que, si hubiera hecho teatro, mis obras hubieran sido distintas todos los días. No puedo hacer lo mismo dos veces. Me aburro.

© Guido Pellegrini, 2018 | @beaucine

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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