06.09.18
Cine _ Entrevistas

Entrevista a Ricardo Darín

Ricardo Darín ya no necesita presentación. En esta oportunidad coprotagoniza la película española Todos lo saben, junto a Penélope Cruz y Javier Bardem. Tuvimos la oportunidad de hablar nuevamente con Ricardo, quien nos comentó sobre su trabajo con el director iraní Asghar Farhadi y al lado de sus Oscarizados compañeros de elenco.

Tu personaje carga con un pasado tormentoso, carga con un secreto muy fuerte (como casi todos los personajes de la película), y encontró en la religión una salvación, una manera de salir adelante. ¿Cómo trabajaste este aspecto del personaje con el director, más teniendo en cuenta que no sos creyente?

Ocurrió una cosa muy curiosa. Trabajamos en medio de absoluta libertad este aspecto específico que mencionás. (Asghar) es tan cuidadoso, tan cuidadoso, que no me contó, hasta te diría una semana antes de terminar el rodaje, que él era un hombre creyente. Es decir, él sabía que yo no era religioso ni creyente, lo dejó librado a mi entendimiento. Ni siquiera se permitió intoxicar mi posición con su historia personal. Me lo dijo una semana antes de terminar el rodaje. Me dijo: “Yo soy un hombre de fe”. Es un gran contador de historias y me contó unas cosas increíbles, increíbles. Pero lo que destacó en él es la mirada. Tiene una mirada distinta, y mirá que he trabajado con muchos directores. Me refiero a que se interesa por cosas que vos decís: “No lo pensé, cómo no se me ocurrió a mí”. Es actor, además, entonces tiene ciertas herramientas para la comunicación. También hace arte y vestuario de sus películas, por lo general, aunque no en esta. Charlábamos mucho entre toma y toma, y una vez me contó que para el vestuario de sus películas, una vez que termina las lecturas de guión y trabajo de escritorio y corrección de líneas, normalmente lo que hace es llevar a cada actor a caminar y a pasear por ahí, para buscar ropa usada en las casas de saldo. Deja que el actor elija la ropa que crea que es de su personaje, porque quiere ver la mirada que el actor tiene sobre su personaje. Los deja elegir la ropa y dice: “Haceme una pila”, y después él va, y con las cosas que él eligió, dice: “Esta sí, esta no”… Cuando me contó eso, me caí de culo. Y así, con todo.

Uno ve la película y es muy española.

(Asghar) se toma el trabajo muy en serio. No guitarrea. Se lo toma muy en serio porque ama profundamente lo que hace. Hace una selección muy pormenorizada del casting. No ocurrió conmigo, pero me han contado colegas allá que han hecho cinco o seis pruebas de casting. Te estoy hablando de grandes nombres, con un camino hecho. Él es muy minucioso, muy minucioso. Era todo para aprender. Para mí era todo ganancia.

¿Te da miedo a esta altura encontrarte con alguien que te propone un desafío diferente?

No, al contrario. Es una bendición, por utilizar los términos religiosos (risas). No, es para agradecer, porque la tendencia, lamentablemente, es a: “Dame lo que ya sé de vos porque me conviene y me funciona”, y eso a los actores no nos enriquece. Lo podemos hacer, pero convivís con una sensación medio agridulce de: “Esto ya lo hice”. Cuando te produce una cosa así un tipo de estas características es fantástico, porque se aprende. El único secreto de la vida es tratar de aprender algo todos los días. Si vos al final del día decís: “Hoy incorporé estas dos cosas”, quiere decir que estás caminando. Él es un regalo que me hizo esta profesión.

Hay una escena muy puntual, en los momentos finales, que involucra a tu personaje y al de Javier Bardem. ¿Cómo fue el rodaje de esa escena específica y crucial para la trama?

Javier y yo somos amigos desde hace mucho tiempo, pero nunca habíamos trabajado juntos. En honor a la verdad, los dos estábamos medio a cargo de que era una situación inédita para nosotros. Creo que yo la pasé mejor que él, en ese sentido. Específicamente en esa escena que tenemos, que es como de confrontación (habían otras escenas propuestas, pero nos quedamos con esa), él estaba más incómodo que yo porque se agregaba un reclamo que Javier hizo con respecto a su personaje dentro de la historia que le parecía que no estaba profundizado. Yo lo entendí y estuve de acuerdo con él. Le hicimos el planteo a Asghar, que nos miraba como si le estuviéramos hablando en vietnamita (risas). En un principio, él entendió, o creyó entender, que se trataba de una cuestión medio de veleidad, y en realidad no pasaba por ahí. Lo que planteaba Javier, y con justa razón, era un aspecto de su personaje que no había sido profundizado, y era que el personaje tenía todo el derecho del mundo de cabrearse y enojarse porque le ocultaron la verdad durante dieciséis años. Eso estaba esbozado en la historia, pero no profundizado. Entonces llegamos a la jornada del rodaje, a las siete de la mañana. Javier me encara de frente, como un toro, y me dice: “No pude dormir. Casi te llamo a la noche, pero no te quise joder. Por eso me vine antes. A ver qué te parece esto”. Me da cosas que había sugerido para la escena, las leo y me pareció correcto lo que planteaba, y me dice: “Necesito que vayamos a planteárselo”. Asghar, que me tenía como su coequiper predilecto, me mira como diciendo: “Éste se me dio vuelta” (risas). Entendió el planteo, no lo compartía del todo porque para él estaba implícito en la historia, pero entendió el requerimiento y las necesidades y demás, y en un momento dijo: “¿Ustedes dos saben por qué están acá? ¿Por qué están haciendo esta película?”, “No, no sé”, “Ustedes están acá porque vieron las películas que yo hice y les gustaron, así que confíen en mí. Vamos a seguir haciendo la película como digo yo”. Pero lo dijo con calma. Ni siguiera estaba enojado. Dijo que lo iba a considerar, y de hecho fue lo que pasó. Lo hablamos, y esa escena terminó siendo el resultado de lo que planteaba Javier más lo que estaba escrito, y tenía una violencia contenida. Nos llevamos bien. Lo que pasa es que la mayor parte de mi trabajo lo tuve con Penélope, que es un placer total. Ella es increíble, increíble, increíble. Aprendí un montón. Tiene mucho quilometraje andado, y todos pueden creer que es una star y nada más que una star, pero es un cráneo. Lo pasamos muy bien. Pasa que éramos doscientos personajes (risas). Además, yo estaba haciendo teatro, de gira por España, y desaparecía del rodaje y volvía a aparecer. Asghar se empapó de la cultura española y lo plasmó en la película.

Participaste en películas de género, como thrillers y policiales, pero nunca te vimos en una de terror. ¿Te ofrecieron películas de ese género? ¿Harías alguna de terror?

En una entrevista hace como tres años o más, era la época de The Walking Dead y, cagados de risa con el periodista, dije: “Qué bueno sería hacer una de zombies”, y me empezaron a llamar de todos lados para hacer una película con zombies (risas). Así que voy a ser prudente en las declaraciones. Sí, me gusta el terror. En realidad, lo que me gusta es el suspenso. Hay suspenso tan bien hecho que tiene altas dosis de terror, que flirtea con el terror, que está ahí. Me gusta el terror.

De hecho, El aura trasciende el género y va un poco por ese lado.

Es medios descastada, El aura. Es un seguimiento de personaje, es un ensayo sobre una enfermedad absolutamente inexplorada porque no hay nadie que te pueda decir cómo es el comportamiento de un paciente epiléptico en el momento previo a un ataque. La investigación que habíamos hecho con Bielinsky nos dio que, de los doscientos tipos con los que habíamos hablado, todos eran casos distintos. No respetaba un patrón. Entonces El aura puede ser lo que quieras, menos una comedia liviana (risas). Sí, me gustaría hacer una de terror, pero hay que ser cuidadoso, porque da mucho para la joda. Aunque se podría hacer una de terror en joda.

¿Y algún otro género que fantasees y que todavía no llegó?

Mi hija me dice que le gustaría verme en una de esas películas épicas, tipo las de romanos (risas). No, yo no tengo esa historia. Sí me gustaría encontrarme con historias que estén buenas, que tengan alguna característica o algo que te mueve, que te motive, que te dé ganas a formar parte de eso. Es lo que nos pasa cuando leés un libro, el que sea. Si tenés un cuento bueno entre manos, te sentís adentro del cuento, ya sea porque seguís al personaje protagónico o por los efectos de su funcionamiento.

© Matías Orta, 2018 | @matiasorta

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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