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Entrevista a Ricardo de la Vega

Ricardo de la Vega es docente y realizador audiovisual. Fundó su propia productora Tailu Documentales Educativos y con ella La lengua mapuche y su historia en la provincia de Neuquén (declarado de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura de la Universidad Nacional del Comahue). Hoy es Director del Fecineu: Festival internacional de Cine Independiente de Neuquén y se dedica a dar seminarios y charlas sobre films. En este marco visitó Buenos Aires para presentar su documental El Chocón: Las Voces que No se Escucharon (2014), que fue proyectado en la Casa Nacional del Bicentenario. Tuvimos el honor de hablar con él y esto nos contó.

¿Cómo llega este documental a Buenos Aires y qué sentís al exhibirlo?

Surge con la de intercambio cultural. Yo no pertenezco al INCAA porque creo que hay que darle ese espacio a los que estudiaron. Yo me defino como gestor cultural y produzco con mis medios. No quiero estar en la competencia. Me siento contento de que los choconences puedan estar presentes en un intercambio de charlas, debates. A veces la gente sabe por lo que le han contado, o han leído en algún boletín informativo o nota de espectáculos, como cuando vino a tocar Joan Manuel Serrat. La idea es promover el mensaje. Le agradezco en especial a Nicolás Di Fonzo, Intendente de la Municipalidad de Villa El Chocón, por el apoyo que me brindó.

El documental, como adelanta el título, surge con la idea de darle voz a quienes viven allí, Los Choconences… ¿Cuál fue el disparador que te motivó a reconstruir la génesis? 

Que trascienda lo que hicieron los obreros mediante este mensaje emotivo y puedan verse reflejados quienes vislumbraron el origen del lugar. Como realizador busco mostrar las complejidades que desde 1961 iniciaron cuando se puso la piedra fundamental occidental. Desde ese momento hasta el 1963, los obreros iban a contratiempo del reloj para ejecutar la gran obra del siglo, la mayoría tuvo que apartarse de su familia porque el lugar era raso y muchos eran conscientes que podían morir, también sabían que debían dormir en las cuevas. En el documental la obstetra recuerda cuando les decía “te vas a morir de frío”. Sin embargo, se generó un flujo migratorio de 5.000 trabajadores de distintas nacionalidades que lucharon codo a codo y nadie se fue de ese lugar inhóspito. Todos nacimos desde abajo. No había divisiones sociales. Todo era lineal. Éramos como una familia y trabajamos en equipo. Nuestra vida pasaba por el disfrute de ver nacer una escuela, crear un hospital. Estábamos gestando una ciudad. La represa nace ante las grandes inundaciones del río árido, gracias al trabajo humano pasó de ser Villa Temporaria a Villa Permanente, con aportes de americanos, italianos, chilenos. Era muy curioso que los habitantes del Chocón-Cerros Colorados no sabían su historia y por eso reunimos a los vecinos, los reunimos con médicos, docentes, y empresarios para reconstruir entre todas las voces qué significaba vivir allí. Para ellos eran una gran familia y hasta ahí sabían. Pero cuando empezaron a hablar apareció la otra historia: en el año 1967 se empieza a trabajar en la construcción de la denominada “la obra del siglo”: el complejo hidroeléctrico Chocón-Cerros Colorados y los obreros se revelaron. Ese día nació el primer movimiento social, ¡en pleno gobierno de facto! Imaginate el revuelo. Y luego vino el famoso “Choconazo”, que abordaré en mi próximo documental.

En el documental es interesante el camino que delineas para mostrar cómo surgió el territorio federal dentro del provincial cuando en 1974 finaliza la obra y pasa a manos del Estado ¿Podes adelantarnos si veremos algo de esto en el próximo documental? 

Sí. Exactamente eso va a estar. Ya lo estamos filmando. Mi idea es continuar la fisionomía de El Chocón, incluir más documentales o frases que tuve que posponer de ex obreros, guías de turismo, entre otros. Voy a hacer una trilogía y en especial esta segunda parte tiene que ver con el abordaje del conflicto y el famoso “Choconazo” que fue un revuelo para la época. En este se verá cuando la empresa hecho gente, y los testimonios dirán cómo se sintieron desechados. También hare una tercera parte sobre los verdaderos dueños de la tierra.

¿Este segundo rodaje fue disparador de El Chocón… o ya lo habías pensado como trilogía?

Surgió en el rodaje. Estuve un año y medio entre el rodaje y el montaje que concreté gracias a mi editor que hizo Copahue. Noté que había mucha gente que no quiere hablar, la mayoría ex obreros. Pero cuando entendieron que quería hacer lo invisible visible se empezaron a animar para que las nuevas generaciones valoren lo que tienen.

¿Es una manera de dejar tu legado?

¡Exacto! Quiero que las nuevas generaciones vean a estos grandes actores y entiendan que su relevancia pasa porque amaban esta gran obra y eran muy cálidos. Hoy “La Huella” (el camping) es un icono. No sólo porque están los dinosaurios y el museo sino porque cuando eramos jóvenes nosotros nos tirábamos de arriba del faro al agua y sentíamos las huellas de los dinosaurios. Era real, no ficción. Vimos cómo se transformaba un río, desde su cause natural en un lago artificial. Y eso tiene que estar documentado en algún lado.

© Luciana Calbosa, 2017 | @LulyCalbosa

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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