Productores

Entrevista a Juan Lovece

Su rostro adquiere la vivacidad de alguien auténticamente apasionado por su profesión, sabe de lo que habla y, en consecuencia, se expresa con elocuente seguridad. Con tan solo treinta y ocho años, y una mente inquieta y muy creativa, Juan Lovece consiguió consolidarse en un lugar destacado del ambiente cinematográfico argentino.

Sus primeros pasos los dio allá por el año 1997 de la mano de Polka Cine. Según sus propias palabras, esa fue su “escuela”. Cerca de cumplir los veinte años de carrera, este joven productor, se considera “un realizador más que un cinéfilo”.

“Soy un obrero del encuadre. Me encanta lo que hago, me siento un bicho de cine y a esta altura soy parte de la industria”, se define.

Actualmente se desempeña como Director General de Producción en la productora Patagonik. Trabajó con los mejores. Desde Juan José Camapanella, Adrián Suar, Pablo Trapero hasta Ricardo Darín forman parte de su curriculum. Se siente en un lugar de privilegio y no es para menos, su talento es reconocido no solo en Argentina, sino que inclusive llegó a trascender los límites continentales. Durante abril del 2011, dictó un taller de producción en la Escuela Internacional de Cine y TV en San Antonio de los Baños, Cuba.

Se lo nota entusiasmado con su último trabajo. Ya terminó de filmar El Amor y Otras Historias, opera prima de Alejo Flah, que Patagonik coprodujo con Az Films de Argentina y conjuntamente con las productoras españolas Iconica y Lazona. El largometraje contó con la actuación de Ernesto Alterio, Marta Etura, Quim Gutiérrez, Julieta Cardinali, Luis Luque, María Alché y Mónica Antonópulos y se estrenará en el mes de abril. “Se armó un equipo excelente, con los colegas españoles nos entendimos muy bien y obtuvimos un resultado más que positivo, espero que esta película sea el inicio de varios proyectos con ellos”, afirma Juan sentado en un cómodo sillón en el medio del set de filmación.

¿Que representa el cine en tu vida?

El cine para mi es lo que soy profesionalmente. Me pude realizar gracias a ello y lo hago con mucha pasión. Cuando comencé era muy joven y no tenía idea que esto se iba a convertir en mi profesión. Nunca imagine que iba a terminar haciendo películas. Pasa el tiempo y siguen intactas las ganas y el placer por este trabajo. Para elegir un proyecto tengo en cuenta tres aspectos que son fundamentales: lo humano, lo profesional y lo económico. La idea de esto es que coincidan dos de estas tres partes, una vez dada esta condición me doy cuenta de la buena decisión que tomé para armar el grupo de trabajo. Principalmente priorizo lo humano, lo pienso mucho. Me gusta trabajar con gente sana y profesional. El hacer una película es un trabajo en equipo. Tengo la suerte de formar parte de Patagonik y desarrollar desde mi puesto grandes proyectos que perduran en el tiempo y son mi carta de presentación. Es mi realidad y la agradezco porque sé que no todos los colegas tienen esta posibilidad.

Trabajar en Patagonik te dio la oportunidad de hacer muchas películas, entre ellas Elefante Blanco. ¿Cómo fue el rodaje?

Elefante Blanco fue una de las experiencias más importantes de trabajo que viví. Fue muy difícil de hacer. Filmar en Ciudad Oculta fue una de las cosas más mágicas que me tocó transitar laboralmente. Los vecinos del barrio nos ayudaron mucho, armamos una comunión con todos. Desde un principio fuimos a plantearles que queríamos hacer el trabajo con ellos y darles esa chance. Les dejamos en claro que los necesitábamos para hacer la película. Sin dudarlo, fueron nuestra seguridad mientras duró el rodaje. Les encargábamos tareas para hacer, si había que pintar algo ellos lo hacían, si los chicos del departamento de arte necesitaban ayuda para subir o bajar escenografía, estaban ahí para darnos una mano. Quiero destacar que fueron ellos los que dieron vida a las escenas participando como actores y extras. Y también, tuvimos la dicha de que estuviese Ricardo Darín, eso fue clave. Es un actor muy admirado por su forma de ser y su carisma. Tuvo mucha llegada con la gente y fue fundamental.

Tuviste la suerte de trabajar en varias películas con Ricardo Darín, como Luna de Avellaneda y El Hijo de la Novia, desde tu punto de vista ¿Cómo es Ricardo a la hora de filmar?

Trabajar con él es un placer, es una persona muy respetuosa con todos, desde los técnicos que recién comienzan hasta con los actores que lo acompañan en cada escena. Tal cual lo ves públicamente es como se maneja todo el tiempo. Esta siempre de buen humor, es de esos actores con los que podes hablar, compartir una cena, lo siento cercano, es muy humano. En Elefante Blanco nos fuimos a filmar a Perú (donde se desarrollaron las escenas de la selva) y siempre recuerdo la última charla que compartimos, como él se volvía yo lo acompañé al aeropuerto. Hablamos de la vida, es un hombre sencillo y lo respeto mucho. Me es grato trabajar con Ricardo y me encantaría que se vuelva a dar.

Sin dudas te diste varios gustos dentro de tu profesión, otra de las satisfacciones fue tener como director a Juan José Camapanella. El Hijo de la Novia fue la primera película que filmaron juntos. ¿Cómo surgió esa oportunidad?

En 2001 trabajé nuevamente con Polka y ahí me ofrecieron la coordinación de producción de la película. Además de trabajar con un director con su trayectoria nos tocó hacer una película maravillosa. Fue una experiencia nueva y única, hasta el momento, porque estuvo nominada a los premios Oscar y vivir eso fue espectacular, desde el lado del lanzamiento, en la post producción o en todo lo que implica que la obra de arte para la que trabajaste llegue al premio mayor. Fue un logro impresionante.

Tu futuro profesional, ¿de qué forma te lo imaginas?

Quiero seguir desarrollándome en cine. Me gustaría hacer mis largometrajes para que Patagonik los produzca. Tengo ganas, dentro de unos años, darle vida a una idea, hacerla proyecto y que finalice en una película. Me sentiría más realizado de esa forma que tener mi propia productora. Haciendo cine me siento creativo, vigente. Es muy estimulante hacer una película.

Durante todo 2013 Juan dictó clases de producción en la ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica). Lo describe como una experiencia bárbara. “Me gustó mucho y voy a seguir este año. Siento que crecí profesionalmente porque fusioné las dos cosas, hice películas y di clases a chicos de todas las especialidades. Bajé conceptos que siempre los vi en la práctica”, sostiene con una amplia sonrisa.

A pesar de tantos reconocimientos y logros laborales, Juan sigue con los pies sobre la tierra y con las mismas ganas de seguir aprendiendo como tenía en sus comienzos.

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