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Entrevista a Antonella Costa

Además de seguir con su carrera de actriz, Antonella Costa no deja de prestarle atención a la cinematografía del otro lado de la Cordillera. Por segundo año consecutivo, está a cargo de la Semana del Cine Chileno Contemporáneo, que tendrá lugar entre el 5 y el 8 de abril, en el Malba. Pudimos contactarnos con ella y esto es lo que nos dijo.

¿Cómo surgió tu interés por la producción cinematográfica chilena?

Hace un par de años empecé a viajar con frecuencia a Chile, en parte porque empecé una relación con el director chileno Che Sandoval, y en parte porque estoy recuperando a la familia de mi papá, con la que él perdió contacto involuntariamente hace muchos años, cuando salió exiliado de su país. Enseguida empecé a ver las películas chilenas que estaban en cartel, y al poco tiempo surgió la idea del primer ciclo. Fue una iniciativa personal que este año cobró mucho más peso porque cuento con el apoyo de la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería de Chile, y la colaboración, además del MALBA, de la Escuela Profesional de Cine de Subiela y del Hotel Bauen.

¿Qué podemos esperar de la II Semana de Cine Chileno Contemporáneo?

Es una selección de ocho películas, que según creo representan una parte importante de las corrientes que se expanden en este momento en Chile. Mi intención es demostrar que muchas de las películas producidas allá son estrenables en nuestro país. También doy espacio a dos docu-ficciones experimentales (Mitómana y Quiero Entrar), que sin tener un perfil comercial cautivan por lo apasionado de sus relatos y la crudeza de sus imágenes.

Entre otras películas, proyectarán Música Campesina, tercera película del escritor Alberto Fuguet. ¿Cómo vez su evolución como cineasta?

Se Arrienda hace bastante tiempo, no ví Velódromo. De todas maneras me arriesgo a decir que la búsqueda de Fuguet se está centrando en llevar el proceso de gestación de una película a su mínima expresión, sin renunciar por esto al desarrollo de los personajes, al contrario, parece estar buscando un clima íntimo en rodaje, universalizando el relato al contar una historia a y desde un equipo muy reducido, y a nivel narrativo perfila las circunstancias desde el estado de ánimo del personaje y no al revés. Trabaja “de adentro hacia afuera” con todos los elementos de su obra.

Matías Bize ganó el Goya por una película muy chica, pero emotiva, y ahora no para de crecer. ¿Qué significa para vos difundir su trabajo?

La Vida de los Peces es una película que conmueve a muchísima gente. Genera una empatía muy grande, es imposible no verse reflejado en algún detalle de esta anécdota entre dos personajes. Además hace un buen uso de los recursos, me llama la atención que mucha gente queda fascinada con el hecho de que fue filmada en una sola locación. Puedo nombrar al menos 35 películas así, pero esta impacta especialmente por esa característica. El público se la apropia enseguida. Nunca antes fue proyectada en Buenos Aires, y seguramente este sea el primer paso de un largo recorrido en nuestro país.

En los últimos años, el cine chileno tuvo un importante crecimiento, gracias a directores como Pablo Larraín, Matías Bize y Sebastián Lelio. Eso se nota mucho en los festivales de cine, donde tienen cada vez más presencia. ¿Qué opinás de este fenómeno y cómo creés que seguirá?

Los directores que mencionás ya parecen estar instalados, al igual que Alicia Scherson, Cristian Giménez, Fuguet y otros. Son directores jóvenes, que seguramente seguirán filmando y están recibiendo una respuesta intensa tanto en Chile como en el exterior. Pero además hay una nueva generación, de aún más jóvenes, como Elisa Eliash, Ché Sandoval, Renato Pérez, entre otros, que están demostrando una gran potencia en sus primeros proyectos, muchos de ellos son tesis de egreso de la universidad, y aún así, con muy escasos recursos económicos, son películas muy logradas y extremadamente personales. Ese mapa actual hace suponer que la ola de excelencia en el cine chileno no es algo pasajero.

En cuanto a tu carrera, recientemente filmaste Las Mariposas de Sadourní? ¿Qué podés adelantar sobre la película?

Se trata de la opera prima del rosarino Darío Nardi. La historia de un enano que se escapa de la cárcel y vive como fugitivo a la vez que empieza un estrafalario y torturante tratamiento para aumentar su estatura. En medio de todo esto conoce a mi personaje, que es una actriz porno fetichista. Estos dos solitarios intentan una nueva vida juntos. La película tiene una imagen muy particular, refinadísima, filmada en 35mm blanco y negro, ambientada en un tiempo y en un lugar inventados, se vuelve casi hipnótica desde las primeras imágenes. Fue un placer enorme filmarla, y tengo muchas ganas de que salga a la luz.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?


Voy a filmar una película hacia mediados de año, y tal vez haga algo de teatro también. Pero todavía no puedo contar demasiado porque estoy ultimando detalles de todos esto. Ahora estoy trabajando para este ciclo, con la esperanza de proyectarlo en el tiempo y lograr un diálogo cada vez más fluido entre ambos países.

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