07.01.19
Eventos _ Internacionales

Globos de oro 2019: Papelones y algo más, por José Tripodero

Los Golden Globes son unos premios entregados por la Hollywood Foreign Press Association, una entidad compuesta por alrededor de setenta cronistas extranjeros que se desempeñan en Los Ángeles. Los requisitos para ser parte de la HFPA no son muchos ni exigentes, sino que el ingreso se da por un sistema de membresía similar al de un club de campo, en el que los nuevos miembros llegan por una recomendación de un cronista que ya forma parte de la asociación. La HFPA estuvo acusada de corrupción en varias oportunidades por vender votos a cambio de regalos de los estudios de Hollywood, como así también de vender membresías. Uno de los casos más relevantes involucraba a una periodista de Tahití, Alena Prime, quien ingresó comprando su lugar. Surge la pregunta: ¿Cómo es que un galardón que exhibe una dinámica turbia en sus votos y en sus miembros logra que la gala de premiación sea un evento visto con semejante atención a nivel mundial? Quizás una de las respuestas está en que se trata de una cuestión de calendario, es el primer premio de una temporada que culmina con los Oscars.

En la entrega de ayer la atención estaba puesta en los discursos, casi todos englobados temáticamente por el Me Too, la igualdad de género y la presencia de minorías en las producciones. Algunas películas aparecieron sorpresivamente como parte de un popurrí y más allá del cambio de época que trae una supuesta apertura en Hollywood. El ejemplo más bizarro fue el de Crazy Rich Asians, una película de enredos y choques culturales bien de manual que incluso dentro del género está lejos de tener una calidad aceptable; su presencia en la temporada de premios solo se justifica por ser un film de temática acorde a estos tiempos correctos. Si arrancamos cronológicamente la noche, los presentadores Sandra Oh y Andy Samberg hicieron un monólogo aburrido con chistes que bordeaban el límite sin llegar a ser incorrectos (lejos, muy lejos de las ediciones con Ricky Gervais). El final del segmento fue para la actriz de la serie Killing Eve (también ganadora en la ceremonia), que se explayó de manera solemne y sobreactuada acerca de las diferentes problemáticas que recientemente se hicieron visibles en Hollywood. Es llamativo cómo todavía no han podido encontrarle una vuelta a la dinámica de los presentadores en las entregas de premios (sucede lo mismo en los Oscars), ya que tenemos el infaltable monólogo de apertura pero luego desaparecen durante casi todo el evento, es así que por ejemplo Amy Phoeler y Maya Rudolph, con tan solo un par de minutos en pantalla para presentar dos premios, hicieron mucho más que Samberg y Oh.

Los primeros premios anticipaban que la noche sería larga, tediosa e injusta, esta última característica siempre es discutible porque la propia estructura de una premiación obliga a los nominados a competir sin ningún parámetro que indique quién es realmente el mejor. Una película de animación de Spiderman (basta con ver el trailer) que podría ser parte de la programación de un canal infantil le ganó a Isla de perros de Wes Anderson. Uno de los pocos aciertos de la noche fue el premio a Justin Hurwitz por El primer hombre en la luna, film en el que fue nominada Claire Foy a Mejor Actriz Secundaria  gracias a su papel de ama de casa que acompaña la carrera del marido (aquí no hubo revolución hollywoodense). Para qué gastarse en señalar que Foy hizo un tour de force inmenso en Unsane de Steven Soderbergh, film que los cronistas de Tahiti probablemente ni sepan que existe.

Lo que parecía ser la noche homenaje a la carrera de Lady Gaga no fue tal y se detuvo solo en el premio de Mejor Canción Original por Nace una estrella. Está claro que el ego de Gaga la lleva a buscar el dominio de la industria del cine como lo hizo con la de la música. El foco de atención en ella empezó con su vestido en la alfombra roja, idéntico a uno que usó Judy Garland, siguió en todo momento en la sala del Beverly Hilton donde se hizo la gala y finalizó (por suerte) en el escenario con una actuación intensa y compungida mientras uno de los compositores ganadores se deshacía en elogios para ella. Un papelón, de los muchos que tuvo la noche. El mayor desastre pasó casi desapercibido, de más está decir que la transmisión oficial buscó barrer bajo la alfombra cualquier desprolijidad o desliz fuera del libreto, pero fue muy claro lo que se vio cuando Peter Farrelly, Nick Vallelonga y Brian Currie, guionistas ganadores por Green Book, subieron a recibir sus premios.

Tan solo dos ellos pudieron agradecer, porque cuando el tercero quiso hacer uso del micrófono el audio fue cortado, el plano fue abierto y la música de la tanda publicitaria comenzó a sonar. De todos modos con el plano abierto se alcanzó a ver el fastidio del ganador censurado. Un acto torpe que invita a pensar que la labor de los guionistas en la industria está vista de tal manera que no importan sus rostros ni lo que tengan para decir. Todo lo contrario sucedió cuando Regina King, ganadora del premio a Mejor Actriz Secundaria por If Beale Street Could Talk, dispuso del tiempo que quiso sin cortes.

Con el avance de la noche la división salomónica se hacía cada vez más visible porque los premios televisivos fueron para varias cadenas y varias series: The Americans, The Assassination of Gianni Versace: American Crime Story, The Bodyguard y The Kominsky Method, entre otras, fueron las vencedoras. La larga velada tuvo su bloque latino cuando Roma, “cine arte” made in Netflix, ganó dos premios casi cantados: Mejor Director para Alfonso Cuarón y Mejor Película de Lengua Extranjera. Los premios para las actrices fueron para Glenn Close (La esposa) y Olivia Colman (La Favorita), el de Mejor Actor de Comedia cayó en manos de Christian Bale y su intensidad por subir y bajar de peso para hacer un rol, aquí en Vice. Rami Malek se llevó uno de los premios para Bohemian Rhapsody, la película de Queen que además ganó el más importante: Mejor Película de Drama (sí, existiendo la categoría Mejor Película de Comedia o Musical; un verdadero chiste permanente la estructura de los Golden Globes). En este premio final se expresa la genuina hipocresía de la industria y de muchos que también la hacen desde los medios (nos gusten o no, estos personajes pertenecientes a la HFPA trabajan en revistas, diarios, etc.), porque durante toda la celebración se buscó, con mejores o peores armas, enfatizar ciertas quejas y reclamos de toda la vida en Hollywood, solo para terminar premiando una película dirigida por Bryan Singer, que como está acusado de abuso fue ignorado hasta en los agradecimientos.

La pregunta que se plantea desde que surgieron los movimientos Me Too y Time’s Up es: ¿Qué se hace con la obra de, por ejemplo, Roman Polanski? ¿Se la borra? ¿Se la separa de la persona? La cuestión es que en el caso de Singer resulta más sencillo eliminarlo de la industria; sus películas probablemente no hayan dejado una marca indeleble en la historia del cine como sí hicieron las de Polanski. Al final todo parece una cuestión de gustos, pues ayer muchos de los que se quejaban de Bohemian Rhapsody debido a Singer pedían simultáneamente por Nace una estrella, probablemente ignorando que uno de sus productores es Jon Peters (acusado también de abuso), a quien también separaron para que no participara de las presentaciones de prensa ni de los eventos de premiación. Una verdadera noche para el olvido por los premios (la mayoría de los nominados, en realidad), los invitados, los papelones, los presentadores y los discursos. En definitiva, una noche más en el comienzo de la temporada de premios, como suele ocurrir. Volveremos a estar pendientes de este circo, seguramente, el año que viene. Y así siempre.

© José Tripodero, 2019 | @jtripodero

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

 

LINK a lista de ganadores y fechas de estreno en Argentina.

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