Faretta

08.03.16
Ensayos _ Faretta

Lecciones sobre Vértigo. 3: Los fines últimos

 “Necesitaron hacer humano lo divino

 y materializar lo inmaterial. Con sus

 enseñanzas escritas y no escritas

 pusieron a nuestro nivel lo trascendente

 en cumplimiento de lo mandado.

 Obraron así con nosotros, no tan sólo

 para ocultar a los profanos el sentido

 de los símbolos, según queda dicho sino

 porque nuestra jerarquía es por sí misma

 símbolo y adaptación a nuestra manera

 de ser. Necesita servirse de signos

 sensibles para elevarnos espiritualmente

 a las realidades del mundo inteligible.”

 Pseudo Dionisio Areopagita, “La jerarquía Celeste.

 

El fin último, esto es la escatología de Vértigo, refiere a lo siguiente. Todos los pasos y las peripecias de la trampa y trama urdidas por Gavin Elster para usar a Scottie en su juego perverso, son invenciones, ficciones; digamos cosas en las que aquel no cree, salvo como eslabones que forman la cadena para aherrojar a su víctima, que es también testigo y chivo expiatorio.

 Ahora bien, ya hemos ensayado en otro lugar que como el mal no puede crear -y eso es el mal-, Gavin Elster debe recurrir al pasado de la ciudad de San Francisco, ese pasado es católico, latino, mediterráneo, aunque vuelto en gran parte ya leyenda, y leyenda urbana, además. Emplea el soporte de Carlotta (*) Valdés y su aura legendaria para urdir la simulacra que llevará a Scottie y a la propia Judith Barton a excederse en un plus impensado por Elster.

Pero tenemos algo más: todos los pasos y pistas, ciertamente falsas que sigue Scottie y que interpreta “Madeline”, refieren todas ellas a auténticos pasos y pruebas de ritos iniciáticos. Así como todos portan nombres o sobrenombres referentes tanto a los mitologemas artúricos (Ferguson, Gavin, Midge), como vetero y neo testamentarios aunque en orden inverso (Madeline-Judith).

Así tenemos los ritos de pasaje: el puente de Golden Gate. Muerte y resurrección por agua. Rescate, nueva vida (Scottie le da su aliento a Madeline tras rescatarla) Desvestir y luego vestir al desnudo. Acercamiento al fuego (“gracias por el fuego”), pruebas del laberinto (seguimiento por las calles empinadas y recorrida por el bosque de sequoias). Visita a la casa de los muertos, o como se nombra en la leyenda artúrica, el paso por “la capilla del dolor”.

Todos ellos son trucados, incluso parodiados, como pasos de una trama ficticia y material, es decir especulativa, “jugada” por Gavin Elster como malvado demiurgo. Pero uno que no se sabe como tal, tan solo como codicioso de un poder material, que extraña inclusive en lo histórico -cuando señala en dirección a la reproducción de un Clipper que tiene en su despacho-, a esos tiempos y hombres que tenían “el poder” de hacer lo que quisieran. Es decir aquí Elster no solo parodia “el Poder y la Gloria” de la oración católica, sino que suma a la acumulación originaria, su propia acumulación imaginaria (*).

El tema es que todos esos pasos falsos urdidos por Elster son también estrictamente ciertos en un plano simbólico e iniciático, es decir operativo.

A ver, no se insinúa aquí -como tampoco en el film, desde luego-, que Gavin Elster haya digamos recurrido a la ayuda libresca de los tratados de Mircea Eliade para emplearlos al revés, de manera perversa y diabólica, sino que simplemente como el mal no puede crear, con-poner, mima simiescamente siempre los datos tradicionales o las formas de manifestación de la Divina Providencia.

Así, la divinidad o sus signos tradicionales trabajan de consuno, pero y en oposición constante con el malvado demiurgo que aquí toma por nombre Gavin Elster. Todo lo que recorre Scottie es falso como simulacra especulativa, pero cierto y verídico como representación de datos tradicionales en forma operativa.

 Tengamos presente esto y fundamental. Escatología. De “eskaton” (*) -fines y cosas últimas- y logía -desde luego de logos, es decir lectura e interpretación de aquello-, se infiere como todo autentico símbolo a dos cosas. Esta ciencia de los fines últimos es hacia lo alto, lo metafísico, como hacia lo bajo, es la visión de las manifestaciones más bajas del cuerpo humano, es decir los excrementos y las deyecciones.

De ahí que si contemporáneamente –y esto ya es algo harto difícil- alguien emplea el calificativo de “escatológico”, se referirá sin más al empleo de obscenidades referidas a las secreciones y desechos de la actividad corporal.

 Esto es lo que pone precisamente en escena Vértigo. No la dualidad -téngase esto muy presente-, sino la polaridad de toda actividad simbólica y metafísica. Es decir en un plano ético o de interpretación ético-histórica, la pugna entre lo operativo y lo especulativo. O lo verso y lo perverso. Generalmente reducido a bien y mal, que lamentablemente ha adquirido desde hace siglos una creciente reducción sentimental de sus significados.

Aquí los fines últimos serían precisamente la puesta en escena de lo escatológico. De allí que el simplote empleo de la “torre Coit” y su homologación con coito, sea infantilmente lo único que muchos puestos a exégetas puedan descifrar. Precisamente porque es un elemento escatológico elemental, un juego de palabras cuasi infantil; porque lo escatológico –como el propio erotismo- es también lo referido a lo infantil, De allí en cierta medida el acertado diagnóstico freudiano del niño y de la fase infantil como “sadismo anal”. Lamentablemente siempre enmarcado en una antropología elemental y en una pésima compresión de lo simbólico. De lo cual puede exculpárselo en parte por las fuentes más que dudosas, literalmente secas, que tenía a mano dada su formación ya positivista y material.

 Ese juego, si tomamos el ludus como una actividad también dividida en el hombre moderno, donde el propio erotismo se infantiliza, de allí los diminutivos de las parejas llamadas nada menos que “mimos”, refiere en Vértigo tanto al juego practicado por Gavin Elster, como al juego que practican Scottie y Madeline en modo erótico. Así el repetido juego entre wandering-wonder. Todo es pueril y serio, alto y bajo en Vértigo.

 El film ahora casi ya de modo universal, pero estadísticamente, juzgado como el mejor jamás realizado, debe ser comprendido en su totalidad significante como en su totalidad de sentido. Una sin la otra cae irremediablemente en aquello que es el centro de la preocupación ética del film. La separación, “el gran divorcio” -al decir de C. S. Lewis-, o la “disociación de la personalidad” acuñada por Eliot.

 Digámoslo así también. Mientras el mal banaliza -y repito una vez más, no porque sea “banal”, al decir de una señora con afanes filosofantes- todo aquello que toca, cita, menta, emplea y con lo cual especula, el bien o lo diestro sigue emitiendo sin cesar la operatividad de cada uno de los signos y símbolos que se pretenden invertir.

Desde ya que a esta altura de las cosas -y no nos referimos solamente a la de nuestros escritos y enseñanzas teóricas- el concepto del cine es el lugar donde se completa esta reunión polémica de ambas fases.

Así la puerilidad, lo especulativo, el infantilismo y la reducción sentimental son reconducidas a la tierra prometida de lo simbólico y metafísico mediante el recurso de lo mitopoético.

 El film en este caso sería a su vez el de los fines últimos, por extremo y radical, de todo aquello que se propone el concepto del cine. Habilitar un rito de pasaje e iniciación para todos, de consuno con el fracaso de la comprensión del mismo ritual por sus agonistas. Así podría trazarse una más que sencilla parábola, entendido lo anterior, desde Cat People a Vértigo, llegando a la autoconciencia a las puertas y más allá del entendimiento.

Digamos que en El Exorcista al ser este rito iniciático traducido en el ritual católico, se hace efectivo ya como diégesis el marco de su contenido iniciático. Así como luego en Titanic se completa el giro hermenéutico al hacerse ya nuevamente universal lo iniciático, pero sin en su completud dejar de lado la concreción católica del film de Friedkin.

 Hemos dicho al comienzo del plus impensado por Gavin Elster al que llegan Scottie y sobre todo Judith. La maquinaria meramente instrumental de Elster alcanza –nolens volens– a hacer efectiva la transformación. Un nuevo ser, un nuevo status ontológico -al decir de Mircea Eliade del fin de todo rito iniciático- es alcanzado o bordeado por Judith Barton. Algo se ha colado en esa simulación. Otra modalidad de la existencia se ha alzado tras ser arrastrado su status anterior, su soporte carnal por esa escalera de caracol que es también patíbulo y Calvario.

 

*: la doble “t” de Carlotta, no refiere a su uso habitual en castellano, sino que es una marca tanto del mitologema del doble y de lo doble de todo el film, como, en un mimético bajo, la poca continuidad histórica-cultural de lo hispánico y latino en este San Francisco calvinista, ya en camino hacia “el capitalismo de oficinas”, al decir de Max Weber.

*: ACUMULACIÓN IMAGINARIA: fase paralela a la de la acumulación originaria de la sociedad liberal-capitalista. Es aquella en donde se acumulan como reservorio mental los subtextos justificatorios a la irrupción de tal mentalidad y que actúan en detrimento de lo tradicional, usurpando su lugar. Forman parte de la acumulación imaginaria -por ejemplo- la leyenda negra antiespañola y antilatina en particular. y anticatólica en general, es decir anti hasbúrgica. Ahora se le ha sumado la leyenda negra anti-Hollywood.

*: aquí una aclaración fundamental. Con el paso del tiempo y las transliteraciones, “eskaton” y “esjaton” se fueron separando pensándose que eran términos diferentes y que el primero atendía a lo metafísico y el segundo a los excrementos del ser humano. Incluso alguien tan estimable, también como helenista -nos referimos a padre Leonardo Castellani-, en su “Apocalipsis” cae en este error, cuando se toma a la filología como ciencia exacta directamente relacionada con la tradicional. Solo la ciencia simbólica o dato tradicional puede solucionarlo. Al entender la fundamental propiedad del símbolo que es una polaridad. Así que los fines últimos tienen su significado alto, como metafísica, y bajo, fines últimos como los excrementos humanos. Son lo último en sentido polar y vertical.

 De paso otro error que comete Castellani en el mismo lugar, es homologar la escatología baja como pornografía, siendo que solo atiende, en todo caso, a lo obsceno, que no es lo mismo.

 Por cierto el término “escatología” fue acuñado en el siglo XVII por el teólogo luterano Abraham Calov. Lo cual puede haber dado lugar a las confusiones anteriores, no por el griego que manejaba, precisamente, sino por el valor simbólico de la acuñación de términos tomados del griego. Cuyos términos, como en todas las lenguas tradicionales, son simbólicos antes que fónicos ¡y menos arbitrarios!

Daré un ejemplo personal, acabo de acuñar para un estudio en marcha, el término “ginecofobia”; sí, lo acabo de acuñar para poner en palabras lo que ya existe simbólicamente. Lamento no poder extenderme aquí más sobre este tema.

© Ángel Faretta, 2016

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

Detalles de Para abordar el Titanic, seminario sobre James Cameron que Ángel Faretta dará desde abril, cliqueando aquí.

 

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