Faretta

31.08.16
Ensayos _ Faretta

Mirón o del cine (Fragmento)

para Romi

 

Ángel: sigamos con Rear Window

Mirón: que es “la ventana trasera” en su original, ¿verdad?

A: Es curioso ahora que lo preguntás, pero a mí que antes me gustaba tanto el título local, ahora me parece errado; le da un énfasis equívoco o predeterminado que el film no precisa ni menos aún solicita.

M: es cierto, en Hitchcock sus títulos mentan algo como moldes, parecen descripciones inertes, posibilidades taxonómicas. Sabotaje, Saboteador. La soga. Vértigo. Los Pájaros; nominales: Rebecca, Marnie; genéricos: El Hombre que Sabía Demasiado y El Hombre Equivocado y La Dama Desaparece. Citas: Rich and strange, trímetro shakespeareano (*) que siempre fascinó también a Eliot, y, en ese orden, el hamletiano North By Northwest. Raramente metafóricos-enunciativos: La Sombra de una Duda

A: por ello mismo prefiero llamarla, de ahora en más Rear Window, ¿de acuerdo?

M: por cierto cuando hablemos de ella será All about Eve y no, claro está, La Malvada.

A: o Johnny Guitar, y no…

M: “¡Mujer pasional!”.

A: Dios santo, ni siquiera significa literalmente nada.

M: pasemos.

A: sí, pasemos. Pero a veces no se recuerda o no se recuerda lo suficiente las horcas caudinas por las que el cine tuvo que atravesar.

M: o los Escila y Caribdis nominales. Pero sigamos con Rear Window.

A: una vez trazado el círculo, cerquémoslo.

M: qué mejor entonces que empezar con la significación general de las esferas y círculos en Hitchcock. Porque habíamos establecido su paralelismo mediante el principio de simetría: las copas de brandy, la colilla del cigarrillo, la caja de sombreros, el anillo de boda, los lentes y flashes, el hueco en la escultura abstracta…Pero qué significan, en lo general, una vez que los hemos reconocido como pautas melódicas a la manera de leitmotive, circulando a lo largo de todo el film.

A: maravilloso Mirón.

M:…

A: que en tu supuesta interrogación está ya la afirmación.

M: …

A: que diste perfectamente con el sentido.

M: …

A: ¿cuál fue tu última frase o cláusula?

M: circulando. Quise decir lo que circula a lo largo de todo el film. ¿O no es así?

A: pero, ¿no sería una contradicción señalar que algo circula a lo largo?

M: lo siento. Es una expresión errada y sobre todo dicha de apuro…

A: Es que es así. Será gramaticalmente incorrecta en cuanto a su concordancia, usual, o lógica, pero no simbólica.

M: vayamos al punto.

A: cuando hablábamos sobre el elemento circular, esférico, que habíamos no sólo descrito en su funcionar, en su actuar, sino también en su significado. El momento en el cual Lisa ingresa definitivamente en la esfera privada de Jeff, y que para ello…

M: el policía es expulsado de ese círculo -ahora interior- donde está de más mediante el acto de volcarse la copa de brandy.

A: perfecto. ¿Qué decíamos que pasaba a continuación, geométricamente, en el momento en que el policía, Doyle, es eliminado del círculo ahora íntimo o interno?

M: que una vez diluido, destruido el circular, se construye una recta en las relaciones de posición entre Lisa-Jeff.

A: o sea que…

M: del círculo o de la esfera pasamos a la recta.

A: muy bien. Hitchcock, en uno de sus momentos más perfectamente herméticos declaró -seguramente para eterna perplejidad de quien lo entrevistaba entonces-, que todos los seres somos: “O” ó “I”.

M: recuerdo algo así. Pero lo confieso -a diferencia del entrevistador- no lo entiendo.

A: Si a una “O” la atravesamos longitudinalmente por un “I”, ¿qué tenemos?

M: una letra griega: Phi.

A: letra que es…

M: inicial de filosofía y, si mal no recuerdo, signo matemático de la cifra áurea pitagórica.

A: perfecto. Tengamos ahora en claro en un modo mimético bajo, lo dicho por el Maestro. Todos somos en la vida una “O” ó una “I”. ¿Qué sería un ser, una persona “O”?

M: Alguien redondo. Sí, una persona circular, esférica, alguien que recorrería un mundo completo, un círculo cerrado, alguien que tendría, como suele decirse también: su esfera propia.

A: perfecto. Un “O” es el creador absoluto de formas o sistemas. Platón sería una “O”.

M: Griffith.

A: ni hablar. Dante.

M: pero no Petrarca, ya que estamos. Ni menos Giulio Romano.

A: entonces ¿qué sería un ser o persona “I”?

¿No sería precisamente aquél que a diferencia del “O”, tiene -para ser- que atravesar un círculo cerrado, una esfera completa, para realizar o efectuar sus operaciones fundamentales?

M: entiendo. Maestro y discípulo.

A: sí, pero no necesariamente.

M: si pensamos en Platón y Aristóteles es fácil ver el “O” y el “I”.

A: allí sí, no cabe duda. Pero puede tratarse también de una relación no tan directa, inmediata, correlativa y sucesiva, tan perfectamente efectuada en tiempo y lugar.

M: la frase atribuida a tantos escritores rusos posteriores, de que todos venían de “El capote” de Gogol…

M: o la de Hemingway acerca de que todos -los escritores norteamericanos- descendían del Huckleberry Finn de Mark Twain.

A: sí, pero digamos que más allá de esas declaraciones de principios, siempre tan generales que tienden a diluirse en románticas ensoñaciones. Sostenemos que el ser o la persona “I”, es aquel que para ser o llegar ser, debe atravesar un mundo, universo o forma cerrada, id est, completa de pensamiento.

M: pero ¿para seguirlo epigonalmente?

A: no necesariamente o, en todo caso, no es necesario que sea así; salvo al comienzo, en las vísperas. Si termina siendo un mero epígono o un seguidor virtual, aun con cierto talento propio, es sólo algo que permanecerá sumado en el círculo del “O” que así, por otro lado, se agranda y se expande en su circunferencia y diámetro.

M: ¿lo engulle?

A: cada imitación, burda copia y aún ciertos intentos de asimilarse o de atravesar su mundo -nos referimos nuevamente a Hitchcock, a un “O”-, lo exalta y expande más, adquiere nuevas dimensiones. ¡Qué decir de todos los isabelinos –minora o no- cabe Shakespeare!

M: ¿y no puede darse el proceso simétrico o de dirección opuesta ab initio. No sé… Pensaba en Shakespeare, pero en relación con Marlowe; éste ¿no habrá sido en el comienzo un “O” para aquél?

A: es muy posible. Pero ahora a Marlowe lo vemos como un “O”, pero sólo en tanto y en cuanto se halla hipostasiado en la esfera mayor del otro.

M: ¿y eso nos lo hace, nos lo vuelve también y ahora un “I”?

A: podría decirse así.

M: y el “I” conciente -o más bien autoconciente- alcanza su status de “O” a fortiori.

A: sí, en la medida en que atravesar su “O” elegida sea un transcurrir conciente; paciente y no pasivo, filialmente leal y no bastardo, ya que en un punto, que es de fuga y central, la “O” y la “I” suscriben a esa cifra áurea en donde todo parece confluir.

M: y en donde confluye, también huye.

A: perfecto. Al confluir, al lograr la mediatización y alcanzar así un carácter coextensivo a un cuerpo mayor, a una integridad esférica, en un punto lo que confluye, también huye.

M: cuando el discípulo está preparado, recién entonces aparece el maestro, como dice un koan del zen.

A: algo así. Creo que es más bien el “si no me hubieras buscado no me habrías encontrado” de Cristo.

Ahora bien, esa circularidad puede y debe necesitar también la recta que lo atraviesa para conocerlo. Habrás notado cómo toda esta sutil, finísima, configuratio, que esta emblemata y simulacra, puede asimilársela, por lo bajo, a lo obsceno.

M: ¿cómo así?

A: muy simplemente: la recta y el círculo forman también o deforman también, se de-gradan -cabe mejor decir- hacia el signo mímico de la cópula.

M: es allí donde tendría que intervenir cierta psicología que se precia de profunda o arriesgada.

A: pero hasta que no se piense y se discrimine claramente lo psíquico de lo espiritual, y sobre todo de lo corporal o extenso; y como éste, a partir de los cul-de-sacs cartesianos, se tornó “lo” mensurable y pensable, allí se desarticuló, desbarajustándose, todo el edificio y la fábrica humana. Y a la función corporal le correspondió ya no sólo su exiguo feudo, sino que se le fueron anexionando los condados mayores y hasta los reinos de lo anímico y lo espiritual. Pero sin su más mínima intervención; y así se lo trató usándoselo como a esos reyezuelos títeres o a esos tiranos pantalla a quienes otros y extraños ponen en sus tronos fugaces y falsos, como a blandos testaferros de conquistas y ocupaciones militares hechas bajo cuerda y por tropas ajenas.

M: muy cierto. Regresemos a lo nuestro, entonces.

A: polaridad y complementariedad, esa tendencia a ser una “O” ó una “I”, se enlaza obviamente también a gráficos emblemas como logogrifos sintéticos de lo Eterno, inmutable, perfecto, lo Único, y lo humano, el devenir, lo efímero, lo mortal. La vida como camino y el Mundo y la Creación como esfera, son imágenes por todos conocidas, o en todo caso lo eran y deberían volver a serlo.

M: allí, nuevamente el cine y su porqué: dar un lugar, poner en escena esas figuras y figuraciones, configurándolas. Imaginemos por el contrario un film que pretendiera dialogar, siquiera en parte, como lo hacemos nosotros ahora, ¿qué sería ello?

A: un verdadero mamarracho. Y donde, además, pocos, o casi nadie entenderían un comino.

M: pero simularían a continuación haberlo hecho, de la misma forma como si nosotros dos tomáramos de rehén a uno de nuestros vecinos y atado y amordazado en la silla ésta, frente a nosotros, y lo obligáramos a oír nuestro diálogo. Seguro que si le prometiéramos, tras una o dos horas, desatarlo, dejarlo libre y volver a su cucha y a su vidita, como diría Bioy, ¿no prometería, lagrimeando y jurando que recordaría y tomaría en cuenta religiosamente todo aquello que escuchó? Pero en cuanto saliera por esa puerta, llegara hasta la calle, diera vuelta a la esquina…

A: lo olvidaría todo sintiéndose libre y aliviado.

M: y eso si es que no correría a denunciarnos a la comisaría de esta seccional.

A: así esos films, que lo reducen todo a la didascalia y al manipular con figurantes y no con figuras, con meros maniquíes o golems tontos que se pasean como figuras huecas recitando tiradas que ya en la propia vida nos avergüenzan.

M: cuánto más en el arte

A: y te agrego que si muchos escucharan esto que debatimos ahora nos llamarían fríos y cerebrales, cuando precisamente tratamos de llevar luz, o un reflejo suyo, a obras que en cuanto a su presentación formal, a su puesta en acto mediante actores, son calificadas -¡y por el contrario!- de melodramáticas o de sentimentales, de ser thrillers, esto es “estremecimientos” y toda la miserable y ya herrumbrada panoplia de ripios.

M: o sea que a ellos nada les viene bien.

A: y cómo podrían, si desconocen los fundamentos, si incluso lo alto y lo bajo -siquiera como direcciones espaciales, por ejemplo-, ha desaparecido de casi toda la pintura y escultura contemporáneas -o lo que pasa por tal.

M: luego, al enfrentarse contemporáneamente con el cine, esas cosas, supuestamente abolidas -y en una tarea de abolición en la que la persona singular no ha participado en absoluto, como en su símil político- se le aparecen como phantasmata, como lo extraño, y allí no se sabe si correr a su encuentro o huir de ellas; mientras la mayor parte de las veces se limitan a quedarse paralizados.

A: pero no hemos cubierto todavía la forma completa, el typo, étymon o la matriz mediante la cual se hacen presentes la esfera y la recta en la obra de Hitchcock, terminando de hacer manifiestas in situ algunas de sus funciones.

M: adelante.

A: para ello tendremos que desglosar, analizándolos, algunos otros topoi, situaciones, momentos, instancias en las cuales esas figuras toman o alcanzan su configuratio respectiva.

M: me parece bien.

A: veamos esa suerte de continuidad combinatoria en relación con Rear Window que es Vértigo.

M: no percibo así como así tal estado de relación.

A: tenemos la misma relación de punto de partida. Allí un héroe, un profesional más bien -en éste caso un policía llamado Scottie- es o queda al igual que Jeff “suspendido” de su trabajo habitual.

M: y también por una herida o trauma profesional o que depende de su profesión. En éste caso el “Vértigo” del título. Acrofobia, como se dice técnicamente. Es decir, miedo a los lugares altos, a las alturas.

A: producido por…

M: la caída del policía que junto a Scottie vemos persiguiendo a un delincuente en el prólogo del film. Aquél cae al vacío al tratar de ayudar a éste cuando queda colgado, “suspendido” de una saliente del rascacielos en cuya terraza perseguían al ladrón. Allí, a los ojos de Scottie se abre un vacío muy gráficamente objetivado por Hitchcock, y que lo pondrá en estado de disposición para su tentación respectiva.

A: tentación que éste caso el héroe no busca por sí mismo sino que alguien de su pasado, a quien recuerda vagamente -llamado Gavin Elster-, se la otorga ofrecida en bandeja. O sea, Scottie a diferencia de Jeff no encuentra por sí mismo esa nueva caída, sino que alguien lo busca a él para ofrecérsela.

M: y con la diferencia también que Elster termina yendo más allá en su extensión vicaria. Ya que su único motivo -al menos aparente- es la necesidad de un testigo que vea caer a su mujer al vacío desde un alto campanario, y que no pueda -debido a su acrofobia- acercarse hasta allí y tratar de impedírselo.

A: suicidio fraguado. Doblemente podría decirse. Ya que el tentador le ha mostrado a Scottie -y la ha hecho previamente seguir por él- a una doble de su propia esposa, a una copia de su verdadera mujer, a la que arroja por el campanario. Pero antes de seguir delimitemos la continuidad y variación de Vértigo en relación con Rear Window.

M: teníamos que ambos protagonistas son profesionales. Uno del mirar, de la mirada, y otro del seguimiento, de la persecución. Ambos quedan suspendidos por una herida profesional y ambos desvían su útil para un uso perverso.

A: con la diferencia, entonces, que Jeff lo desvía per se y Scottie inducido por Gavin Elster, quien le pide a éste que siga a su esposa ya que -así le dice- piensa o sospecha que se está volviendo loca. Scottie accede y allí comienza el desvío de su status habitual-profesional.

M: ahora vayamos a las otras variantes de un mismo punto de partida.

A: en Vértigo la polarización hombre-mujer una vez producida la “suspensión” la encontramos en una suerte de in media res, pero estancada. Mezclada, indiferenciada. Midge es una suerte de amiga-confidente-madre, para Scottie. Han tenido algún fugaz noviazgo o amorío en el pasado, pero ambos se han detenido ahora, empantanados en una especie de indiferenciación de los roles polares o, si queremos, se ha producido lo que podría calificarse como una convergencia negativa e indeterminada.

M: algo no terminado ya que nunca, podría decirse, ha comenzado o se ha vuelto efectivo. Esa falta o carencia de polarización entre Midge y Scottie se refleja especularmente en la absoluta polarización de la que parten Jeff y Lisa.

A: tenemos dos suspensiones, dos profesionales que desvían o pervierten su uso. Aunque llevados por diferentes móviles o tentados por diferentes cebos.

M: pero ambos condimentados por el mordiente del tedio y el paradójico acicate de la abulia. La misma acidia podría decirse. El no ser nada, ninguno de ambos, más allá de sus respectivas profesiones. Se han alienado en ella. Se han vuelto en su otro inerte-instrumental que practican desde siempre. Nuevamente el oficio se ha vuelto oficioso.

*: La Tempestad.

© Ángel Faretta, 2016

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

Más ensayos de Ángel Faretta publicados en A Sala Llena.

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