12.12.19
20º BARS _ Festivales

Crítica: Luz, por Matías Orta

(Colombia, 2019)

Guión y dirección: Juan Diego Escobar Alzate. Elenco: Yuri Vargas, Conrado Osorio, Andrea Esquivel, Sharon Guzmán, Johan Alexander Camacho. Producción: Juan Diego Escobar Alzate. Duración: 104 minutos.

El cine de terror latinoamericano sigue creciendo gracias a producciones de gran nivel que, si bien pueden tomar elementos de films de otras partes del mundo, saben darle una personalidad propia, arraigadas a estas tierras. Luz es un muy buen ejemplo.

Las jóvenes Laila (Andrea Esquivel), Uma (Yuri Vargas) y Zion (Sharon Guzman) viven en una casa en medio de montañas y selva, junto a El Señor (Conrado Osorio), un predicador que tiene influencia sobre ellas y en resto de la comunidad que habita la zona. Sus discursos sobre el Bien y el Mal aumentan con la aparición de Jesús (Johan Alexander Camacho), un chico que, al parecer, y como su nombre lo indica, es el Mesías. En ese contacto, Laila, Uma y Zion empiezan a hacer descubrimientos sobre cuestiones religiosas y, sobre todo, acerca de sí mismas y sus verdaderos sentimientos.

La película forma parte del subgénero conocido como folk horror, que se remonta a los ’60 y ’70 y que en estos últimos años resucitó con fuerza. Un subgénero en el que predominan las sectas y otras comunidades rurales que caen bajo el hechizo de creencias oscuras y rituales perversos. De hecho, recuerda a una de las obras maestras más recientes: La bruja, dirigida por Robert Eggers, ya que la historia está contada mayormente desde el punto de vista femenino, con sus complejidades, tormentos y temores. En este sentido, también coquetea con Midsommar, de Ari Aster. Además, es posible encontrar puntos en común con La aldea, de M. Night Shyamalan, debido a la relación entre algunos de los personajes y la tecnología actual. Y vale reconocer su impronta de western. Sin embargo, el director Juan Diego Escobar Alzate elude las citas obvias y sabe crear un núcleo propio, que se sostiene por sí mismo.

Otro mérito del director –y del director de fotografía Nicolás Caballero Arenas- es el de componer planos de una belleza contundente, tanto en interiores como en exteriores, pero siempre en función de la trama, sumergiendo al espectador en un ambiente de misticismo y extrañeza que no para de aumentar.

Luz es un gran exponente de folk horror latinoamericano y una notable película más allá de todo encasillamiento. Un film que posiciona a Escobar Alzate como un talento a seguir de cerca.

 

 

© Matías Orta, 2019 | @matiasorta

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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