12.04.19
[21] BAFICI _ Festivales

[21] BAFICI | Crítica: Gloria Bell, por Eduardo Elechiguerra

(Chile/Estados Unidos, 2018)

Dirección: Sebastián Lelio. Guion: Alice Johnson Boher, basado en el guión original de Sebastián Lelio y Gonzalo Maza. Elenco: Julianne Moore, John Turturro, Michael Cera, Rita Wilson, Holland Taylor, Sean Astin, Brad Garrett. Fotografía: Natasha Braier. Edición: Soledad Salfate. Compositor: Matthew Herbert. Producción: Sebastián Lelio, Pablo Larraín. Duración: 101 minutos.

Cuando repasamos someramente la carrera de Julianne Moore, es fácil notar que ha sido una actriz sin problemas por continuar la tradición que ya inició otra colega en proyectos hermanados. En 1997, fue la figura femenina de la secuela de Jurassic Park, al poner en pausa películas más independientes y seguir los pasos de Laura Dern dentro de la saga jurásica. En 2001, ocupó los zapatos de Clarice Starling que antes ya había calzado la inolvidable Jodie Foster a principios de los noventa. Ahora, Moore reinterpreta a Gloria, personaje con el cual ya Paulina García ganó el Oso de Plata hace unos años. Esto prueba, independientemente de los resultados, que es una actriz que se enfrenta a retos en distintas momentos de su carrera.

Gloria Bell no puede empezar de otra manera: en medio del tumulto de una discoteca, allá de espaldas, está nuestra protagonista entre siluetas a oscuras. Gloria está bañada por una luz de tonos azules y fucsia que la acompañarán durante varios momentos de la película. Uno se ve tentado a pensar que estamos viendo, sea en el rostro de Julianne o en su entorno, un atardecer que nunca termina. No importa que estos tonos estén asociados a la edad avanzada del personaje o a cierto humor frente a la pérdida. Lo fascinante es la manera de retratar una suerte de belleza efímera a medio camino entre lo inasible y la rapidez de los días.

En este sentido, pareciera que la edición apresura fragmentos de la rutina en la vida de Gloria. Las escenas más breves dan la impresión de atropellarse para llegar a las situaciones más complejas como el cumpleaños de su hijo. Pero lo que la editora nos está mostrando son instantes irrecuperables de una mujer que prefiere desahogarse por sí misma a través del canto o el baile. Gloria no se victimiza ni hace grandes discursos para explicarse, a pesar de que notamos su malestar frente al aislamiento de su hijo o la incertidumbre existencial de su hija. Basta, por ejemplo, esa breve escena en el baño de la protagonista donde su madre le abotona el pijama y un llamado cara a cara entre ambas (“madre”, “hija”) para sugerirnos que la encrucijada etaria no se resuelve con un diálogo sensatamente articulado.

La presencia de Moore enriquece la historia con gestos que nos permiten sentir el grado de soledad de su mundo, sin dejar a un lado lo maleable del personaje y una alegría no sólo manifiesta en risas, canto y baile. Cuando ella está por salir del edificio donde vive y con su vestido verde para el matrimonio, hay un gesto particular en la mirada de Julianne que recorre todo su cuerpo como si fuera una inquietud profunda de no saber cómo enfrentar el mundo. No es una incomodidad, ni un temor. Más bien se trata de darle la bienvenida a la incertidumbre sin pretensiones.

La música juega un papel fundamental en toda la película. Canciones como “Alone Again (Naturally)”, cantada y escrita por Gilbert O’Sullivan; “All Out Of Love”, cantada por Air Supply; o “No More Lonely Nights” de Paul McCartney; potencian con cierta melancolía y mucho ritmo la vida de un personaje abocado a la curiosidad y los guiños escondidos en la rutina. Incluso la ya mítica “Total Eclipse of the Heart” permite una catarsis repleta de liberación para el personaje y, finalmente, de humor y lágrimas para nosotros.

Menciones aparte merecen la música compuesta por Matthew Herbert y el uso tan particular de los ringtones y avisos de mensaje de los celulares. Lo primero nos sugiere que estamos ante algo que no termina de llegar, pero Gloria no se amilana con la incertidumbre. Lo segundo parecería una nimiedad en otra época, pero ahora con los celulares entrometiéndose en todas nuestras dinámicas diarias; los teléfonos móviles de los personajes hilan una sub-trama de expectativas y silencios que son un alivio cuando finalmente desaparecen. Una cena clave en este sentido retrata con intuición y pocos elementos las certezas demasiado engañosas de estos artefactos frente a una realidad más palpable: la compañía de una persona.

Al final, siempre está la tentación de comparar el remake con la original. Sopesamos cierta fidelidad entre la primera y la segunda. No nos damos cuenta de que una nueva obra responde a otros códigos así como la actuación de Julianne Moore se separa de la que nos ofreció Paulina García. Hay mucha vitalidad en ambas, pero son dos maneras diferentes de perderse en los recovecos de una época que desea retrasar la vejez y eludir la muerte lo más posible.

calificacion_4

 

 

 

© Eduardo Alfonso Elechiguerra, 2019 | @EElechiguerra

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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