09.04.19
[21] BAFICI _ Festivales

[21] BAFICI | Crítica: Noemí Gold, por Guido Pellegrini

(Argentina, Estados Unidos y México, 2019)

Guion, dirección: Dan Rubenstein. Producción: Dan Rubenstein, Catalina Berarducci. Elenco: Catalina Berarducci, Martina Juncadella, Amelia Repetto, José Fogwill, Dan Rubenstein. Fotografía: Tebbe Schöningh. Edición: Miguel Goya.

Una película sobre esnobs siempre corre el riesgo de ser tan insufrible como sus personajes. No es que el cine esté obligado a mostrar gente agradable. De hecho, muchos clásicos nos acercan a basuras humana. El problema del esnob, como personaje, es que es banal y superficial, y no esconde nada para descubrir. Necesita algo que lo eleve más allá de su esnobismo.

Noemí Gold está repleta de esnobs, de principio a fin, y casi ninguno supera su estereotipo. La cámara adopta una mirada crítica, aunque sin convicción. Todo es liviano y frívolo. La única fuente de empatía para el espectador es la protagonista del título. En las escenas iniciales, se la ve dolorida e incómoda. Intentó abortar con medicamentos y su cuerpo no reaccionó de la mejor manera. Cuando acude a una clínica, descubre que todavía está embarazada. Y para seguir con el aborto, deberá viajar a Uruguay y costearse un procedimiento de mil dólares.

Lo más logrado de la película es todo lo relacionado a Noemí, su depresión y lenta reconstrucción emocional. A partir de encuentros con amigas, salidas a fiestas e interacciones con su primo estadounidense (de visita en la Argentina), ella emerge de su pozo. Pero cada personaje secundario, cada mojón en el viaje de Noemí, es aburrido y chato, un compendio de lugares comunes: el influencer que no abandona la pantalla de su celular, el artista plástico pretensioso, la amiga excéntrica, el músico sensible.

Tampoco hay, desde lo estético, algo que le dé otro vuelo al material. La puesta en escena, la fotografía, la edición, todo es muy correcto. No hay más ambición cinematográfica que mostrar la acción y seguir el hilo de los diálogos. De vez en cuando, nos encontramos con tomas que pretenden ser expresivas, paneos de Buenos Aires o el Delta del Tigre, pero que sólo remiten a una publicidad de Coca Cola, con sus jóvenes hermosos y alegres.

Es que, justamente, hay mucho de publicidad o spot turístico en Noemí Gold. Dan Rubenstein, director y guionista, nació y se formó en Estados Unidos, y su mirada nunca deja de ser la de un extranjero. Él lo sabe y por eso elige interpretar al inescrutable primo influencer y estadounidense de la protagonista. Ahora bien, para que una mirada extranjera valga la pena, debe ser curiosa. Y la de Rubenstein no lo es. Apenas abarca lo que podría incluirse en una historia de Instagram.

Sí es destacable el buen oído y ojo de Rubenstein para retratar la condescendencia agresiva-pasiva tan propia de los estadounidenses en tierras ajenas. Pero incluso con esto, es tímido. Le falta potencia. No desarrolla la idea, sólo inserta frases descolgadas. Lo cual tampoco desentona con el resto de la película, una sucesión de momentos que nunca brillan.

 

 

© Guido Pellegrini, 2019 | @beaucine

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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