11.04.19
[21] BAFICI _ Festivales

[21] BAFICI | Crítica: Ojos negros, por Carla Leonardi

(España, 2018)

Guion, dirección: Marta Lallana, Iván Alarcón, Ivet Castelo, Sandra García. Elenco: Alba Alcaine, Julia Lallana, Anna Sabaté.

Poder decir adiós es crecer:

Una joven escucha la discusión fuera de campo entre sus padres. Su madre pide cambiar las fechas de vacaciones para que la muchacha pueda pasar el verano en su pueblo de origen, al cuidado de su tía, y así pasar tiempo con su abuela ya anciana y enferma. El padre se niega a los gritos, alegando que ya tienen planes. El rostro de la joven en primer plano se llena de lágrimas. Ya en camino en la ruta hacia el pueblo junto a su tía, en la parada donde hace pis en el campo, se señala en plano detalle que a la joven le ha venido la menstruación.

Este comienzo de Ojos negros (2018), opera prima de las realizadoras españolas Marta Lallana e Ivet Castelo, ya nos sitúa de entrada en la lógica del género de coming of age, donde a partir de las experiencias del verano la joven emergerá transformada. El título de la película refiere tanto al nombre literal del pueblo en cuestión como al color de ojos de la protagonista; por lo cual no es casualidad que la película abra y cierre con su rostro en primer plano, aunque con diferente expresión.

Que el punto de vista de la película sea el de Paula (Julia Lallana) está cifrado en las subjetivas de aquello que entrevé en lo que le permiten ver las puertas a medio abrir (el sufrimiento físico de su abuela en su lecho, su respiración forzada al dormir o el paso fugaz de una joven blonda que se destaca en medio de un grupo de amigos); y también en aquello que escucha desde fuera de campo como la discusión donde la tía le recrimina a la madre de Paula lo poco presente que ha estado durante los últimos años, cuando la salud de la anciana se fue deteriorando notablemente.

El conflicto de esta muchacha de 14 años se sitúa justamente en el momento de transición entre la pérdida de la infancia con su ingenuidad e inocencia, y la entrada en la adolescencia, con el dolor que implica tomar contacto con lo efímero de la vida y de los vínculos. Así, en distintas ocasiones se hace mención al paso del tiempo y a la experiencia de hacerse grande, que no es sin sufrimiento. Su abuela, que no la ve desde muy pequeñita, menciona lo grande que está. Paula duerme en la habitación de su madre cuando era niña. En la caminata entre abuela y nieta por el jardín de la casa, la anciana (con su bastón y apoyada en el brazo de la joven)  menciona lo pequeños que eran antes esos arboles que ahora admiran juntas. La joven intenta establecer un lazo con esa abuela que es más bien una desconocida y cuya enfermedad hace patente la posibilidad inminente de la muerte y de la pérdida.

Paula traba amistad con Alicia (Alba Alcaine). Alicia le dice que le dio una bofetada a su hermanito (tras la travesura de echarse a manejar el auto por el camino) porque es chico y necesita aprender, pero que ellas dos son grandes. Las dos jóvenes comparten diversos momentos del verano (nadando, realizando caminatas y travesuras) y a partir de ellos van forjando una amistad profunda. Tras una  caminata dolorosa por un rústico camino con los zapatos de taco de su tía, Paula concluye que no va a usar tacones cuando sea grande y que prefiere seguir siendo una niña. Crecer y envejecer es algo que la angustia. Su deseo de que todo permanezca igual se expresa cuando le manifiesta a Alicia, como un hecho ya dado y consumado, que al verano siguiente, cuando vuelvan a verse, podrían ir unos días de campamento juntas. Alicia, que ya se interesa en los varones, tiene claro que ambas viven en ciudades distintas, que no se verán en todo el año y que es poco probable que vuelvan a verse el siguiente verano. Su despedida cuando terminan las vacaciones es incómoda y sin mediar palabras. Al fin de cuentas es un hecho que hay que aceptar como parte de la vida, más que dramatizar con emociones oscuras e inútiles.

La bandada de pájaros en fuga al amanecer del fin del verano y la mirada a cámara de Paula, segura y dispuesta a afrontar su futuro, dan cuenta de manera poética y sensible del saldo de crecimiento de  la joven protagonista en su pasaje por ese verano diferente.

Ojos negros es una película de iniciación, construida de manera clásica y sin demasiadas ambiciones; pero narrada en ese minimalismo de los pequeños detalles, con honestidad, madurez y sensibilidad.

 

 

© Carla Leonardi, 2019 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

COMENTAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMPARTIR

© A SALA LLENA.