12.04.19
[21] BAFICI _ Festivales

[21] BAFICI | Crítica: The Scoundrels, por José Tripodero

(Hong Kong, 2018)

Dirección: Tzu Hsuan-Hung Guión: Chien-Ming Huang. Producción: Gou-lun Hsu. Duración: 105 minutos.

El cine de acción de Hong Kong tuvo su apogeo en la década del 80 y principios del 90, con John Woo como uno de los máximos exponentes (probablemente el podio se complete con Tsui Hark y el recientemente fallecido Ringo Lam); su paso por Hollywood permitió que durante la explosión del VHS se pudieran ver muchos de los mejores films del género, que sin embargo se escapan de la media impuesta por los modos de hacer. El aire fresco de Oriente para el cine de acción no culminó en estos nombres sino que fue la base de un género particular: el cine de acción hongkonés. De esta manera llega The Scoundrels, una ópera prima que asoma un respeto profundo por este género oriental, pero en el espíritu de este tipo de acción hay un margen muy amplio para la particularidad, si bien desde las estructuras narrativas no existen más que ligeras variaciones y algún que otro hilo de novedad porque las marcas autorales están en los despliegues visuales. Así es esta primera película de Tzu Hsuan-Hung, marcada por la virtud de no tenerle miedo al ridículo y salir casi ilesa de una elección pedregosa. En las peleas cuerpo a cuerpo hay una búsqueda del caos coreografiado, lejos de la estilización del cine de artes marciales propenso a mostrar el virtuosismo de la técnica. De tal forma es que no hay casi reglas en esas disputas, ni tampoco las hay en el verosímil de que dos hombres, en teoría, ordinarios puedan enfrentarse a una banda de delincuentes en una batalla de piña-patada-piña y salir victoriosos. Tal vez se trate de respetar el verosímil de este género de acción y no de las situaciones; si pensamos en el mencionado Woo, tampoco se valía de ninguna regla o pacto con el espectador (muchos menos con el espectador occidental). En el armado visual hay una suerte de aguijón occidental que se cuela y es en el diseño de producción; es casi imposible identificar los espacios como propios de una ciudad asiática. En cierta forma es una composición genérica del imaginario que un espectador de estas latitudes puede tener de Hong Kong, Japón o China porque donde suceden los hechos podría ser cualquier ciudad de esos países.

No hay dudas en la capacidad visual de Hsuan Hung (recordemos, es una ópera prima), pero en el orden narrativo se puede advertir más de un problema. La cantidad de giros denotan una falta de creencia en la historia porque el golpe de efecto no solo busca cubrir los huecos de un relato recto sino que, además, se pretenden suplir por exceso, es decir son tantas las vueltas que llegado a un punto es difícil empatizar con el protagonista o dejarse seducir por el villano, que es gris y por ello más atractivo que cualquier otro personaje. El cine de acción hongkonés también tiene una recurrencia en sus modos que se relaciona en el dramatismo de los vínculos sentimentales. Parte de la retórica del género es la música incidental melódica mientras un personaje, por ejemplo, hace catarsis de su pesar. Las formas en las construcciones de estas escenas aquí en The Scoundrels son como lo marca la norma: gruesas, cursis y, también, sin temor al ridículo, un despojo tierno para nada acartonado y conservador, como lo suele ser el cine de acción de corte hollywoodense. La acción explosiva es tal que por momentos omnubila las fallas del relato y de su discurso. Opera bajo un mecanismo casi de inducción, también por la escasez de estos films en la cartelera comercial, pero que en oriente -y en eventos como el BAFICI- ya pertenecen a una rutina, la cual se espera con verdaderas ansias.

 

 

© José Tripodero, 2019 | @jtripodero

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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