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30° Fest. Int. de Cine de Mar del Plata _ Festivales

30º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Bonus track

El 30º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata llegó a su fin, pero aún nos queda más críticas de los films que engalanaron la programación.

 

El Abrazo de la Serpiente, de Ciro Guerra (Colombia, 2015 – Competencia Internacional) por Emiliano Román

El Abrazo de la Serpiente fue la ganadora del Astor de Plata a la mejor película en la edición de este festival. Y no fue sorpresa, la película viene de una trayectoria de bastantes galardones en varios festivales importantes del mundo y es la representante por Colombia para aspirar a una nominación al Oscar el año próximo. Para aquellos que la vimos, pudimos confirmar todos esos laureles, ya que estuvimos en presencia de una producción cinematográfica que sobresale por su belleza estética, una narración sólida, pausada pero necesaria para desplegar un relato movilizador, con variables antropológicas y psicológicas que le dan a la historia una fortaleza que excede los 125 minutos del metraje.

Relatada en dos tiempos, nos encontramos Karamakate, un anciano que vive en pleno aislamiento en la selva amazónica colombiana, que en su momento fue un chamán poderoso pero ahora padece de pérdidas de memorias y emociones y es reticente para cualquier vínculo humano, en especial con el de un hombre blanco.  El conflicto se plantea cuando aparece un etnobotánico norteamericano en busca de la planta Yacruna, que posibilitaría dar capacidad de soñar a aquellos que no la tienen. El Chamán debe apelar a su memoria lábil, pero el realizador nos va contando con intensos flashbacks toda una historia vivida años atrás que llevaron al repliegue social del anciano indígena.

El film se convierte en una especie de road movie por los ríos y paisajes amazónicos, y nos enfrenta a vestigios y secuelas de la colonización tanto económica como religiosa, la preservación de identidad de algunas tribus y la deforestación tanto natural como cultural de las tribus selváticas.  A medida que el vínculo entre estos dos hombres se va construyendo a partir de la necesidad y desconfianza mutua, salen a la luz conflictos no resueltos y el egoísmo puro de la especie para preservarse.

Filmada en 35 mm blanco y negro, que le brinda una inusual belleza a la imagen, sobre todo en una pantalla de cine, cada plano logra transmitir una delicadeza estética hipnótica, es así como la naturaleza amazónica adquiere un mayor relieve visual y las subjetividades de sus personajes se sumergen en un profundo grado de intensidad emocional. Claro que también se da el gusto de abandonar este formato en una lisérgica escena onírica.

El film además de ser un relato de tramitación del dolor, tiene un valor existencialista muy agudo e inteligente, ya que se cuestiona ciertos preceptos de la sociedad occidental: el aferrarse a los objetos, el valor del conocimiento, el respeto hacia culturas que nos causan ajenidad, el valor de las creencias espirituales de cada quien, el concepto de salvajismo y el abuso de colonización religiosa con fines económicos.

Una historia cuestionadora, disparadora, emocional hasta en lo más recóndito y nos transita a un viaje ancestral que interroga nuestras certezas como sociedad “civilizada”.

calificacion_4

 

 

 

Yakuza Apocalypse, de Takashi Miike (Japón, 2015 – Autores), por Enrique D. Fernández

Digamos que las películas de Takashi Miike ya son una cita obligada en las medianoches del festival. Los delirios cinematográficos de este artista hiperactivo (junto con Sion Sono, es uno de esos directores que constantemente está entregando material de todo tipo) ya consiguieron hacerse de un público predilecto que espera con ansias producciones que van de la acción más desatada, al terror físico más extremado. En Yakuza Apocalypse conviven ambos géneros por igual, pero ante todo es un western hecho y derecho. Por un lado tenemos a los infalibles Yakuzas haciendo de las suyas contra bandos enemigos, y por otro lado, seres mutantes y bizarros que quieren arrasar con todo un pueblo. La galería de excentricidades incluye, desde un líder Yakuza que resulta ser un vampiro, hasta un hombre rana que, como suele pasar en varias producciones de Miike, es capaz de desatar el fin del mundo. El producto está a la altura de las circunstancias, con logradas escenas de acción y un humor efectivo. El final es limadísimo.

calificacion_4

 

 

 

Homeland (Iraq Año Cero), de Abbas Fahdel (Iraq, 2015 – Panorama), por Guido Pellegrini

Una película de seis horas es todo un desafío. Desde el vamos, tenemos que controlar nuestra ansiedad, abandonar nuestras pretensiones de productividad, permanecer sentados durante un largo período de tiempo que normalmente ocuparíamos con otras actividades, quizás remuneradas. Pero los 334 minutos de Homeland no son ni una provocación ni el resultado de un capricho. Nos permiten zambullirnos en la intimidad de una familia iraquí, la del mismo director, que atraviesa como puede la ocupación estadounidense.

Las primera mitad del documental fue grabada justo antes de la invasión. Asistimos a la cotidianeidad doméstica de los protagonistas; a sus almuerzos y cenas; a los preparativos que llevan a cabo para sobrevivir la ineludible guerra. De lo que no hablan es de política. La figura de Saddam Hussein es ubicua, se cuela por todos lados. Pero nadie lo menciona, ni para criticarlo ni para alabarlo, salvo durante los festejos por su cumpleaños. Estos tramos del film son tan tranquilos como perturbadores: no solo porque sabemos que se avecina el caos sino también porque notamos que algo falta, que algo no se está diciendo, que algo turbio se esconde detrás de los constantes y grotescos clips musicales dedicados al líder que se emiten por televisión.

La segunda mitad, en cambio, se filmó cuando el ejército estadounidense ya estaba instalado en territorio iraquí, y es desesperanzadora. Vemos un país desordenado, acéfalo. Los soldados norteamericanos disparan y matan por cualquier motivo, generan resentimiento, y no logran controlar a las bandas armadas de iraquíes, que también son una pesadilla para sus coterráneos. Visitamos estaciones de radio bombardeadas, estudios de cine saqueados, ciudades en ruinas. Ni siquiera el pasado sirve de horizonte edénico para encarrilar el país. Al ser destronado Saddam Hussein, se vuelven a mencionar los asesinatos durante el régimen, las fosas comunes repletas de disidentes. Hay que empezar casi de cero, desde un presente de ocupación extranjera y nula autonomía económica e institucional, ante la falta de partidos políticos fuertes, con una población divida y un legado cultural enterrado.

calificacion_5

 

 

 

The Assassin, de Hou Hsiao-Hsien (Taiwán, 2015 – Autores), por E.D.F.

Finalmente la película más festejada de la última edición del festival de Cannes desembarcó en la costa marplatense. The Assassin es una cinta intimista para apreciar en detalle, deteniéndose en sus aspectos más sugerentes. Nie Yinniang fue entrenada desde pequeña para convertirse en una asesina imbatible, pero su mentora decide poner a prueba sus responsabilidades, por lo que le ordena la ejecución de su primo, quien gobierna el pueblo de Weibo. Esta aclamada obra de Hou Hsiao-Hsien (responsable de bellezas como City of Sadness y The Puppetmaster) se sitúa durante la dinastía China del siglo IX, para meterse de lleno en la temática del wuxia. Pero si bien el realizador recorre los códigos de dicho género para contar una historia de redención, también sabe interpretar un profundo dramatismo alrededor de sus personajes, nivelando las escenas de acción con una seriedad precisa. El entramado argumentativo está acompañado por un tecnicismo que consigue panorámicas maravillosas y presenta un vestuario magistral. Un poema visualmente poderoso.

calificacion_4

 

 

 

Cartel Land, de Matthew Heineman (Estados Unidos / México, 2015 – Ventana Documental), por E.D.F.

Desgarrador documental acerca del conflicto entre los carteles de droga que operan en diferentes pueblos de México y quienes los enfrentan, tanto aquellas personas que defienden su territorio, como los civiles norteamericanos que vigilan la frontera contra narcotraficantes e inmigrantes ilegales que intentan cruzarla. La cinta abre con relatos impactantes de los mismos fabricantes de metanfetaminas y victimas que describen masacres con bebes descuartizados, mujeres violadas, cuerpos colgando en la ruta y decapitaciones como mensajes mafiosos. La cámara a cargo de Matthew Heineman consigue ingresar a sectores hostiles (desde tiroteos en plena calle hasta interrogatorios violentos) poniendo en riesgo su propia vida, pero el fuerte de Cartel Land se encuentra en las internas de la agrupación Autodefensa, donde aquellos que deciden combatir a los carteles por decisión propia transitan armados por México para enfrentar y capturar narcotraficantes, sin estar avalados por alguna institución. La película busca acercarse al círculo íntimo de estas personas para transmitir sus intereses y preocupaciones, consiguiendo registros increíbles. La producción está a cargo de Kathryn Bigelow, quien desde hace rato nos viene prometiendo su versión sobre la Triple Frontera.

calificacion_4

 

 

 

Balikbayan #1, de Kidlat Tahimik (Filipinas, 2015 – Retrospectiva Kidlat Tahimik), por G.P.

Kidlat Tahimik no es un nombre muy conocido entre nosotros. Por eso fue valiosa la retrospectiva de su obra que ofreció el festival, en la que se proyectó, entre otras, su película más famosa, Pesadilla perfumada, y su más reciente, Balikbayan #1. Ambas se destacan por su amateurismo desenfadado, su tono lúdico, su infantilismo autoconsciente y su agudo anticolonialismo, pero esta última es más ambiciosa y fragmentaria. No podía ser de otra manera, ya que su gestación demoró más de tres décadas. Y según el mismo Tahimik, que estuvo presente en la sala, todavía se trata de un film incompleto: quizás, en próximas versiones, agregue tomas de su reciente peregrinaje a Tierra del Fuego, entre otros materiales.

No debería sorprendernos, por lo tanto, que lo que se vio en el marco del festival exhibió la falta de cohesión y la desprolijidad propias de un borrador. En principio, es un film sobre el esclavo e intérprete de Fernando de Magallanes, Enrique, quien, según algunas versiones, era oriundo de las Filipinas. Tras una década de acompañar al portugués, volvió a su tierra natal y se convirtió así en la primera persona en circunnavegar el mundo. La reconstrucción histórica de este periplo que presenta el film es obviamente precaria, desde los rudimentarios disfraces hasta los oscuros sets transformados en improbables palacios medievales. Al mismo tiempo, Tahimik desarrolla una trama paralela, situada en nuestra época, en la que un joven descendiente de europeos, posible reencarnación de Fernando, busca el paradero de un enigmático artesano, posible reencarnación de Enrique. ¿O era al revés? Como sea, esta segunda línea narrativa sirve para reflexionar sobre las tradiciones artísticas de las islas, sus distintos idiomas y culturas, el avance del capitalismo, y la herencia de los colonialismos español y estadounidense.

Para abordar una identidad nacional fragmentada, Tahimik despliega una ensalada de formatos cinematográficos: super-8, iPhones, cámaras de video analógicas. A lo largo de los años, el director filmó como pudo con lo que tuvo, e integró esta confusión visual al sentido del film, porque su revisión del pasado es obviamente insuficiente, artificial, mediada por el objetivo de la cámara, o las cámaras. Si toda película es un documental de su filmación, ésta lo es más que otras. El tema profundo de Balikbayan #1 es que todo acercamiento a la historia es también historia, refleja su tiempo y lleva tiempo, se nutre de e influye en su presente. No es cuestión de rendirse ante la multiplicidad de versiones y relatos, sino de añadir nuevos matices y voces, y cuestionar las verdades recibidas de nuestros antepasados.

calificacion_4

 

 

 

Aaaaaaaah!, de Steve Oram (Reino Unido, 2015 – Hora Cero), por E.D.F.

Sin lugar a duda, la propuesta más extrema del festival. Tal y como lo aclaró al finalizar la proyección, el director Steve Oram, estuvo fuertemente influenciado por el cine de John Waters para cranear este festín de degradación y escatología titulado Aaaaaaaah!, un discurso primate sobre la sociedad de consumo contemporánea. Un grupo de personas que se comunican como simios, conforman una familia de clase media que realiza todo tipo de actos incorrectos (defecar en la cocina y tirar cadáveres a la basura son algunos de los tantos hábitos). Como habitual colaborar de la dupla cómica que conforman Simon Pegg y Nick Frost, Oram toma el estilo humorístico de las producciones inglesas, para combinarle la acidez política que experimentó trabajando junto al realizador Ben Wheatley (otro travieso de la escena británica que generó polémica en esta edición del festival con High-Rise). Las metáforas están delineadas y el chiste se dimensiona de manera directa, pero Oram extiende demasiado una idea que hubiera cobrado mejor solidez en un sketch más acortado.

calificacion_2

 

 

 

Anomalisa, de Charlie Kaufman y Duke Johnson (Estados Unidos, 2015 – Proyecciones Especiales), por E.D.F.

Esperadísima producción que lleva el nombre de nada menos que Charlie Kaufman como ideólogo principal junto Duke Johnson acompañando en la dirección. Un trabajo completamente hecho con animación en stop-motion que apenas cuenta con las voces de David Thewlis y Jennifer Jason Leigh en los roles principales, además de Tom Noonan haciéndose cargo del resto de los personajes. Un reconocido escritor de libros de autoayuda para grandes empresas conoce a una tímida mujer en un viaje de negocios, generando un encuentro liberador entre ambos. Por fuera de los grandes estudios que elaboran cintas animadas de corte mainstream, Anomalisa fue concebida gracias a Kickstarter, una fundación que colabora con este tipo de películas sin interferir en las decisiones artísticas de sus creadores. La seriedad con la que el guión de Kaufman analiza a estos personajes es de una profundidad pocas veces vista. Una obra adulta, reflexiva, irónica y sumamente emocionante. La perlita del festival.

calificacion_5

 

 

 

Mención especial: Funciones nocturnas y ciclos retrospectivos

Uno de los platos fuertes del festival suele ser la sección de retrospectivas, que pone a disposición del público la obra de un realizador en particular. Este año además de la revisión remasterizada del cine de Leonardo Favio, pudimos disfrutar de la particular filmografía del director norteamericano Trent Harris, conocido por sus obras de bajo presupuesto que siempre estuvieron al margen del cine convencional. Junto con la charla abierta que nos brindó, pudimos cruzarnos a Harris en diferentes proyecciones del festival, donde se destacó su intervención durante la función de The Beaver Trilogy, una de sus obras más reconocidas, para comentarnos varios aspectos de esta trilogía. También se destacaron las inclusiones de varios clásicos de culto que acapararon la atención de muchos durante la medianoche. Cabe destacar a Pesadilla en lo Profundo de la Noche, que además de cumplir treinta años de vigencia como una obra adelantada dentro del género, representaba un pequeño pero sentido homenaje por parte de los programadores hacia Wes Craven, su realizador recientemente fallecido. Otra función para atesorar dentro del marco Generación VHS, fue la que tuvo como protagonista a Ninja III: La Dominación. Presentada por Fernando Martin Peña como una rareza absoluta debido a su cinta deteriorada que marcaba saltos de escena, este clásico de la Cannon Group supo ser la delicia de varios presentes.

Enrique D. Fernández

 

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