Coberturas Anteriores

23.11.16
31° Fest. Int. de Cine de Mar del Plata _ Festivales

31º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Día 6 – Críticas 2

A continuación, la segunda tanda de críticas del miércoles 23 de noviembre.

 

Fuga de la Patagonia, de Francisco D´Eufemia y Javier Zevallos (Argentina, 2016 – Competencia Argentina), por Matías Orta

El género western siempre tuvo ecos en el cine argentino. Aún con tópicos de aquellos films con vaqueros que transcurren en los Estados Unidos, presentan una impronta que no deja de ser criolla. La Guerra Gaucha (1942), de Lucas Demare, es un ejemplo emblemático. Más acá en el tiempo, Fernando Spiner estrenó Aballay, El Hombre sin Miedo (2009). Fuga de la Patagonia (2016) es el nuevo exponente.

En 1879, y luego de ser capturado y acusado de espionaje por el pueblo mapuche, el explorador Francisco Moreno (Pablo Ragoni) y dos compañeros escapan y se dan a la fuga a través de ríos y montañas del sur argentino. Son perseguidos por el hijo del cacique y deberán lidiar con uno grupo de forajidos. Moreno experimentará una auténtica odisea en medio de la naturaleza, y tendrá que ser fuerte para sobrevivir.

Loa directores Francisco D´Eufemia y Javier Zevallos le imprimen ritmo a la historia desde el principio, ya que comienza con los personajes huyendo en una balsa a través de unos rápidos, en la que constituye una de las secuencias más vertiginosas del cine nacional contemporáneo. Aunque ese momento no es superado después, la acción nunca decae, y contiene pausas indispensables como para conocer más a Moreno, su pasado reciente y sus conflictos internos entre la civilización y el salvajismo.

Fuga de la Patagonia es una estupenda prueba de que los western argentinos, aun sin alcanzar la genialidad, son garantía de buenos productos.

calificacion_3

 

 

 

Esteros, de  Papu Curotto (Argentina, 2016 – Panorama), por Emiliano Román

“Un amor como el nuestro, no debe morir jamás”, dice el estribillo de la emblemática cumbia de Los Charros que suena en un par de escenas de Esteros. Y mucho menos si ese amor data de la preadolescencia en plena etapa del despertar sexual. Esa intensa experiencia vivieron Matías (Ignacio Rogers) y Jerónimo (Esteban Masturini), la cual fue abortada por designios patriarcales y capitalista. Matías se muda a Brasil con su familia, allá crece, estudia, desarrolla una carrera y se pone en pareja con una mujer. Matías se queda en su pueblo Paso de los Libres, con una identidad sexual asumida y tratando de sobrevivir de lo que le gusta.

La adultez los vuelve a cruzar para un carnaval, uno mantiene la frescura de la infancia, el otro parece que la perdió completamente. La historia se va desarrollando en dos tiempos: la niñez y la actualidad, pero como todo lo que ocurre en los primeros años de vida no desaparece por completo, se quedó dando vueltas por algún lado, la tensión sexual vuelve a aflorar entre ambos.

La cámara juega con esta química y en relato se va volviendo hipnótico, sobre todo cuando nos lleva a ese mágico lugar en el mundo llamado Esteros del Iberá. Los planos juegan con el paisaje y la libertad en la que viven “los bichos” en ese sitio y el deseo contenido de sus personajes, que solo se animan a revivir situaciones lúdicas de la infancia y hacerse algún que otro reclamo de épocas remotas.

Una sólida construcción del relato que carece de roles estereotipados con relación a la orientación sexual de los personajes. El conflicto de Matías no es en relación a su sexualidad, sino en relación a Jerónimo, como aquella primera experiencia sexual y amorosa de la cual no tuvo la posibilidad de elegir por mandato de su padre, pero como dicen Los Charros por más que la heteronormatividad imponga lo suyo, hay amores que no deben morir jamás.

calificacion_4

 

 

Nuestra cobertura completa del festival.

Cobertura vía Instagram.

COMENTAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMPARTIR

© A SALA LLENA.