22.11.17
32º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata _ Festivales

32º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Críticas 9

A Fábrica de Nada, de Pedro Pinho (Portugal, 2017 – Competencia Internacional), por Alejandro Turdó

La manufactura de la autogestión

El portugués Pedro Pinho se mete bajo la piel de la clase obrera con A Fábrica de Nada (2017), y nos cuenta la historia de un grupo de trabajadores que ante el cierre inminente de la empresa y la consecuente delicada situación de sus puestos de trabajo, deciden emprender el arduo camino de la autogestión.

Pintando un retrato de los ecos aún visibles de la crisis económica en Europa -siendo justamente Portugal uno de los países más fuertemente golpeados-, Pinho registra una narración cruda y desangelada del drama de la clase baja trabajadora y un análisis crítico del sistema capitalista que se desentiende de los problemas de las fuerzas laborales en los momentos en que las papas queman y es hora de abandonar el barco.

Sus casi tres horas de duración no parecen tanto gracias a un relato que alterna constantemente entre los múltiples personajes, quienes exponen, debaten y discuten sus diferentes posturas respecto del rumbo a seguir, las mejores y peores opciones y la problemática personal de cada uno de los afectados.

Con una temática que remite inevitablemente a la crisis económica del 2001 en nuestro país, la cruda realidad mundial de un gran sector de la fuerza laboral se expone en este ensayo sobre pros y contras de los emprendimientos autogestionados, al mismo tiempo que intenta contar su propia fábula sobre cómo escapar a la trampa del capitalismo salvaje.

 

 

 

Los Vagos, de Gustavo Biazzi (Argentina, 2017 – Competencia Argentina), por Ana Manson

Como una especie de coming of age tardía, Los Vagos (2017) gira en torno a un grupo de amigos que se empeñan en estirar su adolescencia, a pesar de ya estar promediando los veinte. Juntos en su pueblo natal de vacaciones, retoman las salidas y las costumbres de épocas pasadas, que se niegan a soltar.

El protagonista es Ernesto, un estudiante de buen pasar y familia tradicional, que vuelve a Posadas con su novia de siempre, recién recibida. Ambos viven la típica historia de dos chicos del interior trasladados a Buenos Aires para estudiar, enamorados y con planes a futuro. Pero mientras Paula sigue avanzando, Ernesto se queda atascado en la nostalgia de sus días adolescentes.

Pero todo cambia en un verano, cuando Ernesto tiene que decidir entre seguir adelante y comprometerse con la vida que eligió, o volver a ser el chico de pueblo que todavía no tiene que preocuparse por el futuro y las responsabilidades de ser adulto. Retratado con soltura por Gustavo Biazzi en su ópera prima, es como si la cámara ni siquiera estuviera ahí, y el espectador fuera testigo directo y desprejuiciado de lo que pasa en la pantalla.

La naturalidad con la que está filmada y actuada, da como resultado una película fresca, con una historia que de tan común se siente cercana. Cada plano, cada diálogo es prácticamente universal, y la narrativa avanza con suficiente ritmo como para no quedarse en lo anecdótico y pintar un retrato general de los vínculos de la juventud y el paso hacia la adultez.

 

 

Cobertura completa del festival.

Cobertura vía Instagram.

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