23.11.17
32º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata _ Festivales

32º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Críticas 10

Primas, de Laura Bari (Argentina, 2017 – Competencia Argentina), por Alejandro Turdó

Las marcas del dolor

Laura Bari es una directora argentina que echó raíces en Montreal. En Primas (2017), su más reciente documental, registra los testimonios de dos de sus sobrinas de Argentina, quienes además de compartir el parentesco familiar han vivido experiencias traumáticas de abuso y violación.

En una contemporaneidad donde  la violencia de género y el femicidio son problemáticas que acaparan la total atención de los medios y la opinión pública, Bari conforma una obra desgarradora a través de los relatos de Rocío y Aldana, quienes redescubren y vuelven a transitar etapas traumáticas que cambiaron vidas de manera drástica.

La crudeza de los testimonios se funde con secuencias artísticas de expresión corporal por parte de las protagonistas, como forma alternativa de comunicación que matiza desde la imagen lo trágico, transformándolo en  pequeños momentos de belleza con carga poética.

Usando Buenos Aires, Mendoza, Dorrego y Quebec como diversos telones de fondo, Primas es una obra que reflexiona sobre el dolor, el poder de los vínculos familiares y la superación de la tragedia.

 

 

 

Las Olas, de Adrián Biniez (Uruguay, 2017 – Competencia Latinoamericana), por Matías Orta

Desde su debut con la multipremiada Gigante (2009), Adrián Biniez pasó a ser uno de los cineastas argentinos con más proyección internacional. El 5 de Talleres (2014), que lo trajo a su Remedios de Escalada natal (ahora reside en Uruguay), confirmó su talento para retratar las relaciones humanas y los personajes lidiando con la madurez.

Las Olas (2017) es una continuación de sus preocupaciones, pero ahora lejos del realismo.

Tras cumplir con su jornada de trabajo, Alfonso (Alfonso Tort) se zambulle en las aguas de Montevideo, como quien decide refrescarse un poco. Pero al volver a la superficie, al regresar después de cada zambullida, llega a diferentes balnearios de distintas épocas de su vida, lo que le permitirá hacer contacto con padres, amigos, novias, ex mujer, hija.

Si bien las referencias literarias se hacen presentes desde los nombres de cada episodio (La isla del tesoro, La vuelta al mundo en 80 días, etc.), la película misma funciona a la manera de los cuentos de autores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Adolfo Bioy Casares: el elemento fantástico se apodera desde el principio de la historia, y el personaje siempre está entregado a esa lógica sin hacer cuestionamientos.

Alfonso Tort es el protagonista del film, y lo lleva adelante con autoridad, sin exageraciones y siendo convincente en todas las etapas de la vida que el personaje vuelve a vivir.

 Realismo mágico, humor, drama, amor, la vida misma se da cita en Las Olas, que además demuestra que Biniez no teme tomar caminos arriesgados.

 

 

 

Western, de Valeska Grisebach (Alemania, 2017 – Competencia Internacional), por A.T.

El buen forastero

Esa Europa que no miramos y la problemática de la barrera cultural son los dos ejes que sostienen a Western (2017), el nuevo opus de la alemana Valeska Grisebach. Para su tercer largometraje, Grisebach decidió contar la historia de Meinhard Neumann, un alemán de la Legión Extranjera devenido en obrero de la construcción, quien junto con un grupo de compatriotas tienen la tarea de llevar adelante trabajos de urbanización en diminuto poblado de Bulgaria.

Es difícil tratar de analizar el por qué del título. Si bien no responde a los elementos más fácilmente identificables del género en cuestión, por momentos trabaja sobre temas como la del forastero a un nuevo espacio, la imposición de un nuevo orden y el choque ideológico entre las partes.

Neumann utiliza su nombre real en el film y fue descubierto por la directora en el mercado de caballos de Berlín, siendo Western su debut absoluto y hasta ahora única incursión en el mundo del cine.

Con un ritmo por momentos cansino, con pocos diálogos y una atmósfera pesada donde a cada momento el conflicto parece estar pronto a estallar, Griebach entrega una pieza con desniveles, que por momentos intenta apuntalar la historia desde la particularidad de su protagonista pero en repetidas ocasiones se pierde a través de secuencias con un desarrollo intrascendente.

 

 

 

La Villana, de Jung Byung-Gil (Corea del Sur, 2017 – Hora Cero), por M.O.

El cine coreano es garantía de agradables sorpresas. La audacia y la falta de prejuicios a la hora de combinar géneros y climas dan como resultado películas entretenidas, pero no por eso vacías de contenido. ¿Qué mejor ejemplo reciente que La Villana (Ak-Nyeoaka, 2017)?

Durante su intento por masacrar a una banda de criminales, Sook-Hee (Kim Ok-Bin) es capturada por una organización secreta perteneciente al gobierno de Corea del Sur. La idea de sus captores es entrenarla para que sea una eficiente asesina profesional, capaz de asumir otras identidades y cumplir misiones arriesgadas. Superado el duro entrenamiento, y con una hija a la que dio a luz durante esos años, Mujer es liberada para mudarse a un departamento. Ahora usa otro nombre y trabaja como actriz de teatro, pero sabe que debe estar pendiente para asumir los requerimientos que la organización le asigne de un momento a otro. Como si su vida ya no fuera lo suficientemente complicada, un asunto del pasado vuelve con fuerza y pondrá en peligro lo que más ama.

El comienzo de la película es una declaración de principios: durante un plano secuencia falseado- pero no por eso menos efectivo-, en primera persona cual videojuego, la protagonista se carga a un centenar de criminales usando armas de fuego, espada, lo que sea. Sin duda, uno de los comienzos más frenéticos del cine de los últimos años. Después, más persecuciones, patadas, disparos y explosiones, que Jung Byung-Gil -responsable de Confession of Murder (Nae-ga sal-in-beom-i-da, 2012)- sabe coreografiar como pocos. Pero lejos de quedarse en la pirotecnia visual que enloquecerá a los fanáticos, el director logra balancear la acción con los momentos de drama, romance y algunos pasos de comedia, elementos que ocupan buena parte del segundo acto.  Otro hallazgo del cineasta es la capacidad para ir y venir en el tiempo: mediante flashbacks podremos conocer la tormentosa vida de Sook-Hee, la pérdida de su inocencia, su ingreso al mundo criminal y su locura vengativa, lo que permite entender al personaje.

Kim Ok-Bin sostiene el film gracias a una actuación que le permite mostrar diferentes facetas: resulta convincente a la hora de apretar el gatillo de una escopeta y en las escenas más intimistas. De esta manera, se inscribe en la tradición de mujeres fuertes de la pantalla grande.

Como una relectura asiática de Nikita: La Cara del Peligro (La Femme Nikita, 1990), de Luc Besson, La Villana es un opus demoledor, un nuevo clásico del cine coreano actual, y la prueba de que la espectacularidad y el contenido hermanados siempre dan algo único.

 

 

Cobertura completa del festival.

Cobertura vía Instagram.

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