25.11.17
32º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata _ Festivales

32º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Críticas 14

La Telenovela Errante, de Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento (Chile, 2017 – Competencia Latinoamericana), por Ana Manson

Hay cineastas que dejan una marca tan indeleble en el público y en sus colegas, que trascienden el tiempo e incluso la muerte a través de sus películas. Es el caso de Raúl Ruiz, director vanguardista chileno fallecido en 2011: con un legado de más de un centenar de largometrajes, tocó las vidas de los que tuvieron la fortuna de trabajar con él.

La Telenovela Errante (2017) es su película póstuma, un collage de escenas que Ruiz había dejado filmadas y guiones que fueron encontrados tras su muerte y recopilados por la directora Valeria Sarmiento y sus colaboradores de toda la vida, entre ellos la actriz Chamila Rodríguez.

Como una gran telenovela del absurdo, la película se estructura en capítulos que rechazan la lógica de la narrativa tradicional para encontrarle, en palabras de Martin Esslin, “el sentido al sinsentido de la vida”. En este caso más puntualmente, la vida chilena y su realidad política, que es a su vez la latinoamericana.

 

 

 

Un Viaje a la Luna, de Joaquín Cambre (Argentina, 2017 – Competencia Oficial), por María Paula Putrueli

Entre todas las virtudes con las que cuenta la ópera prima de Joaquín Cambre, destaca la preponderancia de un género conocido como coming of age, aquel donde el protagonista atraviesa distintos cambios (físicos y emocionales) en el transcurso de su niñez hacia la adolescencia. Pero lo destacable es que gracias al clima que genera su director y a la soberbia interpretación que lleva a cabo Angelo Mutti Spinetta dando vida a Tomás, la película mantiene al espectador a la expectativa por descubrir si mantendrá el tono establecido al inicio o se decidirá por un camino que abarca una línea argumental entre la comedia y la tragedia, que siempre se encuentra al límite de estallar.

Tomás es un chico de 14 años que recibe la presión de su familia por aprobar un examen para poder irse todos a vacacionar a Brasil. Sin embargo, el viaje que él tiene en mente es unos cuántos kilómetros más lejos: sueña con ir a la Luna, y nada ni nadie podrá detenerlo hasta conseguirlo.
No es casual el hecho de que la preparación del viaje y el viaje en sí sea lo más significativo dentro del relato. Tomás está creciendo, su mundo está cambiando, comienza a aparecer el amor, las ganas de despegar de una familia donde la normalidad asusta más que la locura y donde el mundo es una invitación a observar los pequeños detalles dentro de él.

Con un elenco de actores talentosos que aportan experiencia y calidad a la trama (Germán Palacios, Leticia Brédice y la siempre destacable Ángela Torres), se vuelve imposible no resaltar las cualidades del pequeño Mutti Spinetta, una promesa actoral que ya es una realidad y que lleva en su corta carrera dos protagónicos excelentes. Su trabajo en Primavera (2016), de Santiago Giralt, es igual de admirable.

Joaquín Cambre demuestra en su primer largometraje todo el bagaje de conocimientos que su trabajo en videoclips y publicidades le ha dado, con una magnífica dirección de arte y una banda sonora que aporta emotividad. La historia sencilla de un chico con un sueño se convierte en una experiencia sensible y emocionante.

 

 

 

Baronesa, de Juliana Antunez (Brasil, 2017 – Competencia Latinoamericana), por A.M.

Nombres de mujer que se pierden en la periferia de Belo Horizonte y despiertan la curiosidad de una joven cineasta: así es como nació este documental, a partir de una estación de autobús llamada Julieta hasta otra llamada Baronesa. El deseo que surge de lo más profundo de la intuición por saber, por seguir ese llamado del destino que lleva a la realización de los sueños propios y ajenos, dio origen a este largometraje.

Con esta génesis no podía sino surgir un documental distinto, que no aborda la típica mirada miserabilista y extranjera de la favela, sino un testimonio íntimo de alguien que vive ahí, que es una más, que está de observadora pero también de participante. Junto a Andreia y Leid, dos mujeres convertidas en hermanas por la vida que les tocó compartir, la cámara se sumerge en las experiencias y necesidades que atraviesan en el contexto de un lugar del que nunca se sale. A menos que la voluntad sea más fuerte que la guerra.

Entre cuentas y esmaltes, reflexiones sobre la propia realidad y el uso del ingenio para salir adelante, experimentamos en primera persona los días de Andreia. El recorte que hace la directora Juliana Antunes es imperceptible de tan honesto. Con montaje de Affonso Uchoa, codirector de Arabia (2017), y con el apoyo de diversas instituciones gubernamentales, se termina de lograr este largometraje que es una radiografía sobre la actualidad brasileña en la periferia, pero más que nada un retrato de lo humano.

 

 

 

El Día Después, de Hong Sang-soo (Corea del Sur, 2017 – Autores), por José Luis De Lorenzo

El Día Después (The Day After, 2017) es un largo en blanco y negro en el que Hong Sang-soo despliega nuevamente su don para contar historias e indagar sobre las relaciones humanas, sobre todo las amorosas.

Sus relatos siempre se vinculan con parejas de amantes que, tras juntarse a tomar alcohol, al otro día -como en el título del film- comienzan a tener enredos amorosos de todo tipo, como en el de este caso: un escritor casado sale con una joven que trabaja para él en su editorial, pero ella deja de trabajar, emplea a otra y su pareja cree que el engaño era con esta última.

Luego de In Another Country, en la que mostró algo diferente, como viajar a distintas regiones y trabajar con una actriz francesa del tamaño de Huppert, en The Day After, por más que es un film por demás placentero, no demuestra ningún desafío más que continuar con la misma línea que venían trazando todos sus otras películas.

calificacion_3

 

 

 

Matar a Dios, de Caye Casas y Albert Pintó (España, 2017 – Hora Cero), por Matías Orta

El cine español sabe dar cátedra en lo referente a comedias negras. Luis García Berlanga y Alex de la Iglesia son dos autoridades dentro de ese rubro, pero también hay más films y directores que incursionan en films corrosivos, que revelan las peores caras del ser humano. Los catalanes Caye Casas y Albert Pintó debutan en la dirección con un nuevo exponente: Matar a Dios (2017)

Durante la noche de Año Nuevo, el matrimonio conformado por Carlos (Eduardo Antuña) y Ana (Itziar Castro) reciben la visita de familiares del marido: el padre (Boris Ruiz) y Santi (David Pareja), el hermano menor. Pese a tensiones y malestares de diversa índole, se disponen a cenar y a pasar un buen rato. Entonces irrumpe un extraño y pequeño individuo (Emilio Gavira) que afirma ser el mismísimo Dios. Su aspecto es más de vagabundo que de divinidad, pero pronto los convence de su poder, y hace un terrible anuncio: la humanidad perecerá al amanecer, y ellos cuatro deberán anotar en un papel quiénes serán los únicos seres humanos que sobrevivirán. Lo que sigue, deliberaciones, peleas, y la posibilidad de cambiar los planes del intruso dándole muerte.

Una demoledora introducción sirve como puntapié perfecto para una historia que indaga en los aspectos más crueles y egoístas de las personas, aunque en el fondo cada uno de los protagonistas despierta un poco de compasión. De esta manera, el espectador puede conectar con ellos, pero sin olvidar sus miserias. Un logro conseguido gracias a la dirección de Casas y Pintó, y a la estupenda labor de un elenco sobresaliente, exacto para cada rol. Gavira se roba sus escenas como un Dios desprolijo, malhablado, pesimista,

El estilo visual es otro de los puntos fuertes. El look tenebroso, propio de un comic de terror, y las características de algunos planos y movimientos de cámara remiten a Delicatessen (1991) y La Ciudad de los Niños Perdidos (La cité des enfants perdus, 1995), de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro. También hay ecos del Alex de la Iglesia de sus inicias, como El Día de la Bestia (1995), y al cine de Danny DeVito. Sin embargo, los directores no se aferran a ningún otro cineasta o film y obtienen un producto con identidad propia.

Matar a Dios combina veneno e imaginación, dando como resultado una nueva obra maestra del humor más oscuro. Además, catapulta a Caye Casas y Albert Pintó como dos nombres a tener en cuenta.

 

 

Cobertura completa del festival.

Cobertura vía Instagram.

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