20.11.17
32º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata _ Festivales

32º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Críticas 4

El Silencio del Viento, de Álvaro Aponte Centeno (Puerto Rico, 2017 – Competencia Internacional), por Alejandro Turdó

Las espaldas mojadas del Caribe

La opera prima del cineasta boricua Álvaro Aponte Centeno se pone al hombro una problemática que repercute en diversas partes del globo: la inmigración ilegal. El Silencio del Viento (2017) cuenta la historia de Rafito, un hombre que vive del negocio ilegal de traer indocumentados de República Dominicana hacia Puerto Rico.

Cuando la hermana de Rafito es asesinada por su propio esposo, Rafito debe equilibrar su poco sencillo trabajo con el luto familiar, el cuidado de su madre anciana y la crianza de su hija adolescente. La historia -dirigida y también escrita por el propio Centeno- toma un registro prácticamente documentalista del drama inmigratorio, pero combina dentro del mismo relato un drama familiar que expone entre otros subtemas la violencia de género y la falta de recursos de los países caribeños.

Aún con las heridas sin sanar tras el paso del huracán María a través de la isla, las imágenes también funcionan como un recordatorio de aquellas zonas que luchan por recuperarse tras la catástrofe natural. La combinación de cámara en mano y cámara fija refuerzan el poder de lo presentado en pantalla y consigue capturar momentos de belleza en medio del drama.

Con la colaboración de fondos y subvenciones importantes como el Programa Ibermedia y World Cinema Fund, Centeno demuestra que su tierra tiene historias que merecen ser contadas y al mismo tiempo entrega una ficción que pone el acento sobre una problemática muy real y angustiante.

 

 

 

Los Olvidados, de Luciano y Nicolás Onetti (Argentina, 2017 – Las venas abiertas), por Matías Orta

Dentro de los exponentes del cine de terror argentino, los hermanos Luciano y Nicolás Onetti de destacaron por su estética formal y su conocimiento en profundidad del género. Sonno Profondo (2013) y Francesca (2015) funcionan como estupendos homenajes al giallo. Los Olvidados (2017) es su apuesta más ambiciosa, tanto por sus recursos como por la incursión en otros derroteros.

Un grupo de cineastas viaja a Villa Epecuén, un pueblo que quedó abandonado y en ruinas debido a una inundación ocurrida en 1985. La idea es filmar un documental sobre una muchacha (Victoria Maurette) que de niña sobrevivió a la tragedia que casi borró del mapa a su gente. Pronto descubrirán que allí ah algo más que árboles pelados, escombros y devastación en general: son acechados por unos individuos con máscaras de cráneos de animales e intenciones de puro sadismo.

La película jamás oculta su sabor a El Loco de la Motosierra (The Texas Chainsaw Massacre, 1974) y La Colina de los Ojos Malditos (The Hills Have Eyes, 1977). Hay un grupo de víctimas a merced de un clan de asesinos desquiciados, en un paraje alejado de la civilización. Los códigos de aquellas obras maestras son respetados a rajatabla. No es la primera vez que se realizan film así en Argentina: el español Adrián García Bogliano supo dirigir largometrajes como Habitaciones para Turistas (2004), y Nicolás Amelio-Ortíz debutó con El Bosque de los Sometidos (2012). Los Olvidados cuenta con un poco más de presupuesto, actores conocidos (Victorio D´Alessandro, Damián Dreizik, Gustavo Garzón, Mirtha Busnelli), y una locación a la que los Onetti saben sacarle el jugo: Epecuén existe y sus restos son tan reales que perturban.

Los Olvidados no representa ninguna innovación dentro del género, pero sus valores formales, su clima inconfortable (gran trabajo de fotografía y arte) y los momentos de horror extremo la vuelven una experiencia indispensable y aterradora, para entendidos y para quienes estén dispuestos a tiritar frente a la pantalla. Además, demuestra que en Argentina se puede hacer terror al nivel de los Estados Unidos, Asia y Europa, y que estas producciones contribuyen a que se consoliden a nivel industrial.

 

 

 

Cocote, de Nelson Carlo de los Santos Arias (Argentina / Alemania / República Dominicana 2017 – Competencia Latinoamericana), por María Paula Putrueli

Con un entramado que abarca distintos estilos desde el formato visual -ofreciendo escenas en blanco y negro, realizadas en fílmico y digital, hasta la decisión de utilizar planos estáticos por momentos que se contraponen con imponentes planos generales en precisos planos secuencias-, Cocote (2017) resulta una comedia, que bordea el humor negro, más por su contexto que por su intención;  un documental por el registro marcado de una división de clases en República Dominicana. De hecho, comienza y termina situada en una casa con pileta de clase alta, y el resto del argumento transcurre en un pueblo costero ubicado al Sur, donde la pobreza y los pocos recursos priman en la diaria.

La película nos muestra a Alberto, jardinero de casa de familia bien acomodada, que debe viajar hacia su pueblo, ya que han asesinado a su padre, al parecer por razones de un ajuste de cuentas. Allí, en contacto con su madre y hermanas, Alberto primero confrontará desde sus creencias religiosas: él es un evangelista, mientras que su familia sigue creyendo en algunos rituales esotéricos y de sacrificio. Por otro lado, todos le piden que haga justicia por mano propia. Aquí es donde el film toma por momentos un tono de policial que parece desentonar un poco de aquello que venía desarrollando.

El director apuesta por la crudeza del relato, por documentar dentro del orden ficcional, la fuerza de los vínculos familiares, la necesidad de encontrar un propio camino de la fe, el estilo de vida de una República Dominicana fuera del ojo del turista. Quizás se excede en algunos momentos con la duración de las ceremonias religiosas, pero no queda duda la intención clara de Santos Arias de exponer un mundo con costumbres y creencias fuera de lo habitual.

 

 

 

Mirada de Cristal, de Leandro Montejano y Ezequiel Endelman (Argentina, 2017 – Las venas abiertas), por M.O.

Gracias a la serie web No Podrás Dormir esta Noche, Leandro Montejano y Ezequiel Endelman (responsables de la productora independiente ToyBoys) vienen realizando historias cortas de terror, pero con una impronta popera de la década del ´80. El resultado es una mezcla de antologías como Cuentos de la Cripta y el Pedro Almodóvar de sus comienzos. Mirada de Cristal (2017) iba a ser una nueva entrega de la serie, pero el proyecto evolucionó en su ópera prima.

  1. Durante un desfile de moda, la top model Alexis Carpenter muere víctima de un horrible accidente delante de colegas y fanáticos. En el primer aniversario de su muerte, la revista especializada Attila organiza un homenaje, y para eso contrata a dos modelos que la conocieron (y que padecieron su mal carácter, como todos). A partir de ese momento, los responsables del tributo irán cayendo a manos de una misteriosa figura que, al parecer, guarda un fuerte vínculo con Alexis.

En cada escena del film se nota el amor de Montejano y Endelman por Mario Bava y Dario Argento, tanto por su temática como desde lo estético, incluyendo la modalidad de los asesinatos y el rojo de la sangre. Por su parte, el look del asesino -con vestimenta, máscara y movimientos que imitan a un maniquí viviente y mortífero- remiten a Trampa para Turistas (Tourist Trap, 1981), y la banda sonora es propia de Pino Donaggio, con toques de italo dance. Asimismo, es una sátira sobre el mundo del modelaje, donde los personajes son consumidos por la belleza y la ambición.

El trabajo de arte y la utilización de las locaciones disimulan por mucho el bajo presupuesto de la producción. Y en cuanto al elenco, los directores combinan nombres consagrados (Silvia Montanari, Adriana Salgueiro, Claudia Lapacó) y actrices en ascenso. Mención especial para las simpáticas apariciones especiales de Fanny Mandelbaum y Silvia Fernández Barrio.

Como Sonno Profondo (2013) y Francesca (2015), de los hermanos Nicolás y Luciano Onetti, Mirada de Cristal es una estupenda y divertida carta de amor al giallo, y un sólido debut en el largometraje de los ToyBoys.

 

 

Cobertura completa del festival.

Cobertura vía Instagram.

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