22.08.17
6º Festival de Cine Nacional Leonardo Favio _ Festivales

6º Festival de Cine Nacional Leonardo Favio: Día 5

Críticas de films proyectados el martes 22 de agosto.

 

Carne Propia, de Alberto Romero (2016 – Largometraje), por Matías Orta

Suelen referirse a la Argentina como el país con la mejor carne del mundo. Lo cierto es que esta industria mueve toda una maquinaria que comienza con las vacas. Allí es donde aparece el toro protagonista, con la voz en off de Arnaldo André, para narrar este documental.

Carne Propia (2016) comienza con el toro recordando sus épocas como ganador de premios en la exposición Rural, pero enseguida se mete de lleno en su menos glorioso presente, donde ya ve acercarse su hora final para convertirse en alimento para los humanos. Pero en el trayecto a su destino final, se detiene en tres historias reales: la del pueblo de Liebig, de Entre Ríos, que supo ser pieza clave de la mercadería cárnica gracias a inmigrantes ingleses; la de Berisso, y cómo los trabajadores de la carne fueron el puntapié para el surgimiento y el auge del Peronismo; y por último, la historia de un frigorífico que salió a flote cuando los mismos empleados formaron una cooperativa.

El director Alberto Romero toma un tema serio y, mediante la figura del toro, le agrega necesarias dosis de humor y de comentarios ácidos (gran acierto el otrora galán de telenovelas poniendo las cuerdas vocales, ya que este espécimen de toro da a entender que fue un galán en sus mejores épocas), pero sin perder el eje y evitando caer en el delirio absoluto. Las filmaciones de los animales y su recorrido hasta el matadero se combinan con entrevistas e imágenes de archivo.

Una película que revela los mecanismos que vienen detrás del plato de asado, y lo hace de manera original y descontracturada.

calificacion_4

 

 

 

Vuelo Nocturno, de Nicolás Herzog (2016 – Documental), por Guido Pellegrini

La historia cuenta que, en 1929, Antoine de Saint-Exupéry, entonces piloto comercial y director de la empresa Aeroposta Argentina, realizó un aterrizaje de emergencia cerca de Concordia, Entre Ríos. Ahí se encontró, en medio del paisaje rural, con las jóvenes hermanas Suzanne y Edda Fuchs, quienes no solo hablaban francés sino que además vivían con su familia en una mansión, el Castillo San Carlos. Saint-Exupéry se hospedó en la casona y compartió unas semanas con las chicas, a quienes apodó las “princesitas argentinas”. Unos años después, narró sus experiencias en un relato llamado, sugestivamente, “Oasis”. Ya iniciada la Segunda Guerra Mundial, quiso llevar su periplo al cine, de la mano de Jean Renoir, entonces exiliado en Estados Unidos. Hasta le envió al director varios audios con sugerencias para el guión, entre ellas, la invención de un romance entre su alter ego y la más grande de las hermanas, Suzanne, que tenía 16 años durante la estadía en Concordia del futuro autor de El Principito.

Nicolás Herzog, oriundo de la localidad entrerriana, aprovecha diversos materiales visuales y sonoros para componerVuelo Nocturno (2016), un documental o docu-ficción sobre el pequeño paraíso que Saint-Exupéry encontró en Entre Ríos y su relación -no del todo clara, pero aparentemente solo amistosa- con las “princesitas”. Están los audios del autor francés, los que grabó para Renoir, incorporados como voz en off. Hay, también, fotos sacadas por Saint-Exupéry, que no era ningún improvisado con una cámara en mano. Y, además, hallazgos interesantísimos, como fragmentos de otro documental, francés y de los años 60, en el que Edda, ya grande, recuerda sus días con el famoso piloto y escritor. Después, algunas dramatizaciones: imágenes de un desconocido mediometraje argentino, una adaptación de “Oasis” de 1994; y filmaciones más recientes, del mismo Herzog, rodadas en super-8, que aparentan ser home movies de las hermanas Fuchs. Es un cambalache audiovisual, en el que no faltan, sin embargo, las típicas entrevistas y cabezas parlantes que podemos encontrar en documentales más tradicionales.

Los mitos se construyen así, a través de relatos, habladurías, suposiciones, documentos primarios y secundarios, ficciones y notas periodísticas. Herzog, en vez de adoptar el rol de juez y determinar qué es válido y qué no, decide incorporar todo lo que encuentra, porque hasta un mediometraje concordense sirve para reconstruir lo que ocurrió -o lo que se cree que ocurrió- en el Castillo San Carlos. Y es que Vuelo Nocturno no se enfoca sólo en Saint-Exupéry sino también en la comunidad de Concordia y en cómo el mito del autor francés y sus princesitas argentinas se volvió parte de la identidad local; un cuento que se repite en libros, películas y puestas teatrales en las ruinas de la casona. Al documental de Herzog le falta, quizás, media hora más para profundizar la investigación. Sus 60 minutos son muy breves teniendo en cuenta la amplitud del tema. Pero, en todo caso, se podría decir que Herzog quiere impulsarnos a emprender nuestras propias búsquedas. No está mal que un film nos deje con ganas de más. Peor es lo contrario, la falta de interés.

calificacion_3

 

 

 

Los Globos, de Mariano Gónzalez (2016 – Largometraje), por M.O.

La paternidad es un tema habitual en el cine, a través de todos los géneros. La comedia sabe dar muy buenos exponentes; incluso cuando predomina el humor, hay tiempo para la profundidad, y así lo demuestra Papá por Siempre (Mrs. Doubtfire, 1993). Por el lado de la animación, Buscando a Nemo (Finding Nemo, 2003) es una oda al amor de un padre por su hijo. Como corresponde, el drama sabe sacarle el jugo a este tópico. Basta con recordar casos que van desde Ladrón de Bicicletas (Ladri di biciclette, 1948) hasta En Busca de la Felicidad (Pursuit of Happines, 2006), pasando por Kramer vs. Kramer (1979) y La Vida es Bella (La vita è bella, 1998), entre muchas otras.

El cine argentino también sabe tener padres antológicos. Guillermo Francella, por ejemplo, encarnó a algunos muy amorosos en comedias pasatistas y a otro, decididamente nefasto, en El Clan (2015).

Sin embargo, pocas veces el rol del padre fue retratado de manera tan incómoda y honesta como en Los Globos(2016).

César (Mariano González) trabaja fabricando globos y piñatas en un galpón del Gran Buenos Aires. En sus ratos libres practica crossfit y tiene sexo ocasional. Pero un hecho repentino altera su vida: al morir su ex mujer, deberá hacerse cargo Adolfo (Adolfo González), su pequeño hijo, a quien no veía desde hace tiempo. En medio de toneladas de dudas e inseguridades, César irá recuperando la relación con el chico, pero deberá definir qué hará con él.

Además de escribir y dirigir, Mariano González protagoniza este drama familiar intenso, alejado de toda fórmula de películas con esta misma premisa. Los climas son densos, y la cámara en mano y la crudeza de algunas imágenes no hacen más que acentuar los temores que experimenta César. La relación con el hijo (también lo es en la vida real) generan momentos de ternura que funcionan como oasis en medio de la desesperación.

Si los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne hubieran dirigido un film en el conurbano bonaerense, el resultado sería similar al de Los Globos.

calificacion_3

 

 

Nuestra cobertura del festival.

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