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05.04.14
14 BAFICI _ BAFICI 2014 _ Festivales

BAFICI 2014 – Día 1

Jueves 3 de abril.

Y arrancó, nomás. Luego de semanas, meses de espera, los cinéfilos porteños ya pueden gozar con la nueva edición del Bafici. Una vez más, será la oportunidad de descubrir nuevas gemas y cineastas, y revivir clásicos inmortales.

Van pocas horas y las salas no tardan en llenarse. Ejercicios contemplativos, relatos de iniciación, epopeyas gore, todo tiene su público.

Pero todo empezó con la proyección de la película de apertura: The Congress.

The Congress, de Ari Folman (Israel/Luxemburgo/Alemania/Polonia/Francia 2013 – Apertura), por José Tripodero

Divida en dos partes, lo nuevo de Ari Folman (Waltz With Bashir) es más que un experimento del fantástico; es un homenaje al cuerpo y alma de Robin Wright, una actriz eclipsada por otras colegas de su generación. Aquí se interpreta a sí misma, en una faceta casi acabada de su carrera, algo que resulta bien ficticio en relación a su verdadera actualidad, es protagonista de una las series del momento: House of Cards. El comienzo es duro, vemos un primer plano de su rostro, que opera como punching ball, con la voz over de su representante (Harvey Keitel) que le vomita toda la realidad de su actualidad como actriz. La única posibilidad, luego de años de ostracismo, llega de parte del dueño de un poderoso estudio (Danny Huston), quien como un diablo le ofrece un pacto que no podrá rechazar: el último papel de su vida. Esa interpretación no es una más, es vender todo su cuerpo e impronta a un escaneo total, el cual será usado a piacere por el estudio. Luego de aceptar de mala manera, lo que deviene en el relato es un mundo animado y onírico que toca los bordes de la animación más lisérgica. Folman suelta en esta segunda mitad a una bestia narrativa que no oye a su amo y transita por donde se le antoja sin el menor reparo por sostener un diálogo con la primera parte de la historia (o sí, depende la libre asociación que se pueda hacer con la abstracción de algunas imágenes). Hacia el final, el regreso de los actores de carne y hueso busca limpiar el desorden provocado por la bestia animada, un remedio para algo que no fue una enfermedad.

calificacion_2

 

 

 

20.000 Days On Earth, de Iain Forsyth y Jane Pollard (Estados Unidos, 2014, Competencia Internacional), por Elena Marina D’Aquila

La película de los debutantes británicos, no se propone realizar un superficial retrato Nick Cave, -el rock star australiano-, sino que presenta una caleidoscópica visión  de las diferentes facetas del músico, compositor, guionista y actor, mediante un híbrido entre una hiper cuidada ficción y un registro documental. Pero la faceta más interesante de Cave, es la de comediante, cuya mejor performance se da cuando narra la anécdota de uno de los recitales que dio en su adolescencia con “The Birthday Party”. Cave, como el gran narrador nato que es, no escatima detalles del relato que describe minuciosamente mientras señala con su mano, la fotografía del evento en cuestión, dirigiendo nuestra mirada hacia donde lo desea.

La perfecta definición para la película, la da él mismo cuando le afirma a su analista estar fascinado “por los fragmentos de vida que te cambian el mecanismo del corazón”. Y eso es precisamente lo que nos entregan los artistas visuales británicos: fragmentos de su vida pública y privada. Desde comidas con su compañero de banda Warren Ellis, sesiones de grabación –una de ellas en la que el tema se escucha completo mientras él despliega todo su talento y magnetismo ante nuestra mirada-  de terapia, relatos de su infancia, sus mayores miedos, confesiones, lo que siente cada vez que sube al escenario y sus recuerdos, hasta una noche de pizza y cine –Caracortada con sus hijos.

El trabajo sonoro y de montaje es clave para la creación de los diferentes climas que atraviesan la película: el enrarecimiento de la escena, los cortes abruptos en los que la narración brinca de una atmósfera a otra y los cortes en movimiento de la última performance, una secuencia que adquiere un carácter de rito más que de recital. Todos estos elementos  cobran vida en esa escena final y confluyen en una explosión conjunta en la que no solo explota Cave, sino también los colores, la música, los diferentes formatos, los fans y nuestros cerebros con su presencia escénica.  Lo único que podemos hacer luego de haber sido testigos de semejante ritual de trance, es repetir junto a él: “Me transformo, vibro, crezco, vuelo, mírenme”.

calificacion_4

 

 

 

Atlántida, de Inés María Barrionuevo (Argentina, 2014 – Competencia Argentina), por J.T.

La ópera prima de Inés María Barrionuevo sigue por la senda celinamurgeana de esta era post Nuevo Cine Argentino, también se inscribe en la columna del Nuevo Cine Cordobés, que busca acurrucarse en el, algo revuelto, panorama nacional. La seguridad en la que Barrionuevo emplaza el contexto de un pueblito del sur cordobés, a fines de la década del ochenta, nutrido de una serie de factores que anuncian un apocalipsis (hiperinflación, sequía, cortes de luz veraniegos) se articulan con la tempestad gestada en la relación entre dos hermanas: Elena de quince y Lucía de diecisiete (Melissa Romero, una cara que empieza a ser reconocida en el Nuevo Cine Cordobés). La primera –enyesada e histérica- saca de quicio a su hermana, quien busca una salida mediante una posible carrera en Buenos Aires. Ambas se encuentran solas ocasionalmente porque sus padres fueron a un funeral a otro pueblo. El punto culmine de esta relación / polvorín acaba con Lucía yéndose en la chata de los viejos, en el camino levanta a una amiga de Elena (rarita por no interesarse en chicos ni en salidas con la barrita del pueblo) y emprenden juntas una pequeña excursión a las afueras del pueblo. Mientras tanto, Elena –a pesar de su impedimento- también se las ingenia para salir del hermetismo de una casa que rebalsa en aburrimiento, el médico (participación efectiva de Guillermo Pfening) que la visita en la casa la lleva a sus rondas por el pueblo.

Barrionuevo propone una atmósfera sensible, sensual y por sobre todo madura sobre cuestiones urgentes en el cine argentino independiente, preocupado por retratar el andar y la cotidianeidad de aquellos que deambulan en la hibridez etaria del pasaje a la adultez. El pulso firme de la directora también permite transitar una veta histórica reciente para envolver una metáfora preciosa sobre cómo las búsquedas, las decisiones erradas (propias de la edad) y el gusto por la abulia pueden ser parte de un caldo de cultivo que busca la chispa para explotar.

calificacion_4

 

 

 

Coherence, de James Ward Byrkit (Estados Unidos, 2013 – Sección Vanguardia y Género), por E.M. D’A.

Un gato en una caja con veneno, que está vivo y muerto al mismo tiempo hasta que se abra la caja. Esto formula la paradoja del gato de Schrödinger, dicho por uno de los personajes y es la mejor forma de explicar la trama de esta rareza sci-fi. Los ocho protagonistas representan al gato. El cometa que atraviesa la Tierra esa noche, es la caja y todos ellos tienen las mismas posibilidades de vivir que de morir, mientras transitan infinitas y pesadillezcas versiones de la realidad, simultáneamente.

Si bien la narración, -llegado cierto punto- se torna imposible de seguir, pareciera ser la intención del director. Todo es parte de una gran artimaña de guión y puesta en escena en la que no saber qué personajes pertenecen a qué realidad, es una pieza más del juego. El guionista y director, crea una atmósfera de tensión que va aumentando lentamente desde lo que aparenta ser una cena más en la vida de estos personajes que llevan un tiempo sin verse, hasta que lo normal y cotidiano se vuelve una anomalía y todo empieza a enrarecerse hasta el punto en el cual retornar a cualquier estado de realidad o cordura, se encuentra fuera de las posibilidades.

El uso de cámara en mano y la sensación de improvisación en las actuaciones, logran un fuerte efecto de realismo a pesar de lo absurda que pueda llegar a ser la situación. La puesta en escena claustrofóbica –casi toda la acción sucede en el living de la casa- y el montaje, refuerzan la paranoia y el terror –mediante la construcción del fuera de campo- así como también la confusión, tanto de los personajes como del espectador, lo que deriva en una suerte de mumblecore con tintes surrealistas.

calificacion_3

 

 

Fantasmas de la Ruta, de Jose Celestino Campusano (Argentina, 2013 – Panorama), por E.M.D’A

El universo suburbano, marginal e hiper realista de Campusano está de vuelta y con él, también Vikingo aka “Motociclista fatal”, así como también otros personajes recurrentes del cineasta, -el Brujo y el Indio de Fango- y un despliegue impresionante de personajes. Esta vez, Campusano combina un registro descarnado cuasi documental, con travellings épicos de los motoqueros a puro heavy metal, haciendo una entrada en plano triunfal, tanto cuando los toma en plano conjunto como los planos fetiche del estilo que cada uno de sus dueños vuelva en sus motos.

En la aridez, austeridad y hostilidad de este espacio, convive todo el cine de Campusano: pandillas, dealers, proxenetas, colectivos, motos y autos, con perros y caballos; y aparece la autorreferencia: el propio Campusano unos segundos en pantalla, y un póster de Vikingo. La historia comienza con la presentación del universo en el cual se mueven estos personajes. Las cosas comienzan a complicarse cuando la novia de Mauro –amigo de Vikingo- es entregada a un prostíbulo, lo que dará comienzo a la búsqueda de estos roaders por toda la Provincia de Buenos Aires. Pero la historia no es ni sobre la desaparición y el rescate de Antonella, ni sobre la relación entre ella y Mauro. Acá, la verdadera relación sentimental es la de Mauro y Vikingo. Y esa es la relación que le interesa contar a Campusano.

Fantasmas de la Ruta es un film arriesgado tanto en el tema que aborda, como en la duración del metraje: más de 3 horas. Campusano no evade ningún eslabón de la trata de personas ni de la prostitución, brindando una mirada descarnada sobre la violencia, las relaciones humanas, y esa camaradería que crea, así como su propio lenguaje. Campusano se banca las casi 4 horas, como un Vikingo.

calificacion_4

 

 

 

Liberen a García, de María Boughen (Argentina, 2013 – Panorama), por Matías Orta

Roma (Luna Sarsale) e Inéz (Manuela Piqué) son felices a su manera. Se la pasan dando vueltas por las calles y las terrazas de Buenos Aires, jugando, riendo, bailando, haciendo chistes entre ellas y a quienes se les crucen por el camino. Aunque tienen veintipico de años, son como niñas que, de esa manera, se evaden de una realidad no demasiado agradable. Y llega una gran aventura: liberar a García, el gallo embalsamado perteneciente al kiosquero.

En su ópera prima, María Boughen nos adentra en un mundo aparte, donde muchos adultos lucen de manera extraña (llevan cajas en la cabeza, con dibujos de sí mismos); un universo vital, engalanado por estas muchachas de espíritu libre, muy bien interpretadas por Sarsale y Piqué, dos verdaderas revelaciones. Otro acierto es la voz y los delirantes monólogos de García, a cargo del animador Ayar Blasco, responsable de Chimiboga y del opus postapocalíptico El Sol.

Aunque las bromas y las charlas van camino a volverse repetitivas en determinado momento, el film da un giro en el momento indicado y el interés nunca decae.

Liberen a García es la opción perfecta para alejarse un poco de la vida real y disfrutar junto a dos muchachas que te van a enamorar.

calificacion_3

 

 

 

Kill List, de Ben Wheatley (Reino Unido, 2011, Sección WARP), por Emiliano Román

Llamativo, extraño e inquietante largometraje del inglés Ben Wheatley. Por lo singular de la historia, pero en especial por la diversidad de géneros que atraviesa el relato. Lo que comienza como un drama psicológico sobre un ex soldado que debe atravesar las secuelas traumáticas de la guerra y el efecto que esto causa en su vida afectiva, termina siendo un film de terror macabro que transita hasta casi la perplejidad. Desde una estética con notable realismo al comienzo, a un final con una puesta en escena  épica, sobrecogedora y mística.

Jay (Neil Maskell), un impulsivo, paranoide e irritable, hombre desempleado, tiene la oportunidad de trabajar de sicario, junto a su gran amigo. La tarea parece sencilla: una lista de hombres a asesinar, cuya moralidad es repudiable. El viraje del drama al thriller de acción es muy notorio, con elementos gore y secuencias de venganza cual Chan-wook Park. Escenas de impactante violencia e incomodidad visual, se apoderan de la cámara que es capturada por la locura de Jay que al hacer “justicia” por mano propia, puede descargar el alto monto de rabia contenida. A medida que los minutos transcurren presenciamos como las cosas se van complicando, y nos conduce al inesperado, desconcertante y casi psicodélico desenlace.

Una relato que si bien padece de algunas lagunas narrativas, dejando muchos cabos sueltos en su historia, exige un continuo ejercicio adaptativo del espectador que se las tiene que arreglar con las rotundas vueltas de tuercas, lo que lo hace por demás entretenido, dinámico y shockeante.

calificacion_3

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