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BAFICI 2016: Clausura – Miles Ahead

Miles Ahead, de Don Cheadle (Estados Unidos, 2016 – Clausura), por Emiliano Fernández

Si recordamos que venimos de un año caracterizado por tres propuestas musicales maravillosas como Straight Outta Compton (2015), sobre N.W.A., Love & Mercy (2014), acerca de Brian Wilson de The Beach Boys, y Amy (2015), sobre la malograda Amy Winehouse, una obra tan caótica e insuficiente como Miles Ahead hasta puede resultar decepcionante, sin embargo hay que tener en cuenta la figura retratada en esta oportunidad, nada más y nada menos que Miles Davis, uno de los artistas más difíciles de calificar dentro del generoso catálogo del siglo pasado. El debut de Cheadle detrás de cámaras, un talentoso actor reconvertido en director, adopta una clásica estrategia narrativa de las biopics, la de centrarse en un período de enajenación y/ o reclusión dentro de la trayectoria del retratado, para así invocar mediante flashbacks algunos momentos determinantes de su vida/ carrera: el realizador, guionista y productor decide concentrarse en el segundo lustro de la década de los 70, cuando un Davis -en la piel de Cheadle y dedicado al ostracismo- estaba encerrado en su departamento en medio de un vendaval de drogas, paranoia y violencia; contexto que encuentra su contrapunto en la relación del susodicho con Frances Taylor (Emayatzy Corinealdi), su primera esposa, matrimonio que dura unos diez años a lo largo de los 50 y 60.

La película funciona como una gran balanza en la que los puntos a favor y en contra están continuamente en una misma dimensión, por suerte volcando la experiencia hacia el saldo positivo, especialmente gracias al sacrificio y enorme inteligencia de Cheadle al momento de componer al trompetista, un trabajo que rankea entre lo mejor de su carrera actoral por lejos. El problema principal del film lo encontramos en el apartado formal/ estructural, ya que si bien la música está presente, lamentablemente la película privilegia una trama prescindible alrededor del robo de unas grabaciones del período (alegoría de su perfeccionismo de índole experimental) y el atajo narrativo del recuerdo fantasmal de su relación con Taylor (aparentemente el origen de las frustraciones del tramo final de su carrera). En vez de construir un lienzo realmente abarcativo del fascinante viaje de Miles a lo largo de los años, Cheadle creó un opus algo esquemático que pretende reproducir aquel espíritu agresivo sobre todo a nivel de su vida privada, para colmo cargándole al retratado los dilemas relacionados con un pasado glorioso que ya no volvería más: en este sentido deben leerse las constantes referencias a álbumes como Birth of the Cool (1957), Kind of Blue (1959) o Sketches of Spain (1960), estrategia retórica que enfatiza su redundancia -vía el entramado de flashbacks- a través de la también aparición continua del Someday My Prince Will Come (1961), en cuya portada hallamos una foto de Frances (Davies la mira una y otra vez, y siempre se pierde en ella). Aún con sus inconsistencias e imprecisiones, el film cuenta con momentos de gran dinamismo y en conjunto constituye un buen primer paso hacia una biografía futura de Davies que abarque toda su carrera y profundice en su devenir profesional, dejando de lado los clichés ya anacrónicos que patentó la apabullante Toro Salvaje (Raging Bull, 1980).

calificacion_3

 

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