Hedi-peli
BAFICI 2016 _ Festivales

BAFICI 2016: Día 8 – Críticas 2

Más críticas del miércoles 20 de abril.

 

Hedi, de Mohamed Ben Attia (Túnez / Bélgica / Francia / Qatar / Emiratos Árabes Unidos, 2016 – Competencia Internacional), por Martín Chiavarino

Réquiem para la tradición

El primer largometraje del realizador Mohamed Ben Attia, coproducido por los hermanos Jean-Pierre and Luc Dardenne, es un drama sobre la libertad, influido por los nuevos problemas sociales y el espíritu y las políticas democráticas que florecieron tras la revuelta popular que derrocó al gobierno del presidente Zine El Abidine Ben Ali en 2011, en el país del norte de África.

Hedi es un apagado y desmotivado vendedor de autos de  Peugeot que está a punto de casarse con una bella joven en un casamiento arreglado por su madre con la ayuda de su hermano que vive en Francia. Pero el muchacho es un extraordinario dibujante cuyo sueño es la publicación de la historieta en la que está trabajando.

Debido a la crisis económica que golpea la industria automotriz, Hedi es enviado en viaje de negocios a una ciudad costera cercana, en la que no tiene mucho éxito. Pero allí comienza una relación amorosa con una coordinadora de actividades en el hotel en que se hospeda. De pronto, la realidad que lo asfixiaba pasa a segundo plano y el protagonista desafía las convenciones de la tradición tunecina y a su familia con sus acciones.

El film del director tunecino Mohamed Ben Attia construye relaciones conflictivas en base a la necesidad de Hedi de crear su propio camino y encontrar la libertad individual en medio de los cambios políticos para abandonar la tradición que lo sofoca. Esta ópera prima es una refrescante brisa emancipadora que utiliza un eje narrativo tradicional familiar para aportar una visión política relevante sobre la situación de su país a través de un guión extraordinario y una dirección deudora de lo mejor del cine social europeo. Bienvenido este réquiem a la tradición y su oda a la libertad.

calificacion_5

 

 

 

La Valija de Benavidez, de Laura Casabé (Argentina, 2016 – Noches Especiales), por Matías Orta

Pablo Benavidez (Guillermo Pfening) no pasa por un gran momento. Su carrera como escultor parece acabada luego de críticas terribles y debe vivir a la sombra de su padre, un respetado artista, y de su esposa (Paula Brasca), una pintora en ascenso. Una noche, huye de casa y, con valija y todo, aparece en la residencia de su psiquiatra (Jorge Marrale), que también está vinculado al mundo del arte. El doctor le ofrece formar parte de una residencia secreta, ubicada en un sector oculto de la vivienda, donde artistas atormentados gozan de privacidad para concretar sus creaciones más personales y arriesgadas, siempre como parte de un tratamiento especial. Benavidez acepta una breve visita al lugar, pero pronto descubrirá que no puede salir de allí: se encuentra en un laberinto repleto de detalles que potencian todo lo que atormenta su mente. El doctor no deja de monitorear sus movimientos, ya que tiene planes muy específicos con él.

Basada en el cuento de Samanta Schweblin, La Valija de Benavidez es un extraño thriller psicológico con buenas pinceladas de humor negro. Justamente extrañeza y comedia negra eran lo que primaba en El Hada Buena: Una Fábula Peronista, la ópera prima de la directora Laura Casabé. Aquí vuelve a demostrar su capacidad para crear microcosmos extravagantes (en este caso, satirizando el mundo de las artes plásticas), aunque con connotaciones más tenebrosas.

Las actuaciones de Pfening y de Marrale, y la de Norma Leandro como una curadora, contribuyen a darle cuerpo a estos seres con ambiciones que los llevan a lugares pesadillezcos. Marrale en particular da cátedra a la hora de componer a un personaje oscuro pero entrañable, evitando caer en el grotesco.

Ver La Valija de Benavidez implica sumergirse dentro de una historia inusual, satírica, lúgubre, provista de giros bien orquestados, y funciona como la prueba de la madurez de una cineasta con ideas más que interesantes.

calificacion_4

 

 

 

Una Novia de Shangai, de Mauro Andrizzi (Argentina / China, 2016 – Vanguardia y Género), por M.O.

Dos vagabundos dan vueltas por Shangai, durmiendo bajo puentes, robando en las calles, hasta que logran pasar la noche en un hotel. De pronto surge del más allá una voz masculina con un curioso encargo: que desentierren el ataúd de la pareja del ahora espíritu y lo trasladen al puerto de la capital china. El dúo decide hacerle caso (en especial, luego de escuchar que recibirán una gran recompensa) y, cargando el féretro, emprende una aventura peculiar.

Luego de Iraqui Short Films, En el Futuro y Accidentes Gloriosos, Mauro Andrizzi vuelve con una road movie cómica y delirante, donde los vivos se comunican con los muertos en una metrópolis hiperavanzada. Sin embargo, el director logra transmitir que, pese a la postmodernidad de aquel entorno, aún hay tiempo para las tradiciones y los sentimientos verdaderos, como el amor. De hecho, los protagonistas (siempre chinos, como la mayoría de los actores) de por sí representan un fuerte contraste con los ciclópeos edificios y la tecnología novedosa.

Una película de irresistible simpatía que, sin ponerse pretenciosa, deja pensando en lo nuevo, lo viejo, la vida, la muerte, el amor, la felicidad.

calificacion_3

 

 

 

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