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21.10.12
12° Doc Buenos Aires

12° Doc Buenos Aires – Críticas – Raíces / Into the Abyss

Raíces (Racines, Francia, 2003), de Richard Copans

Con motivo de la visita de Richard Copans al Festival, se exhibe esta road movie autobiográfica, donde el realizador sale tras la búsqueda de su genealogía familiar. Partiendo de una ingeniosa comparación – un tanto banal, pero original en cierta forma – entre las prótesis dentales que pueden ser modificadas – mientras lo que no se modifica son las raíces – Copans se adentra en la historia de sus abuelos y bisabuelos, en un viaje que lo lleva a atravesar Francia, Lituania y posteriormente Estados Unidos. Sin apelar a golpes sentimentales ni efectistas y abriéndose de su propia biografía para darle paso a personas que lo ayudan a construir su árbol familiar, a que narren como fue su propia búsqueda genealógica, el realizador crea un interesante mapa histórico a largo de la mitad del siglo XX. La historia del abuelo, y posteriormente el padre de Copans, cruzando el nuevo y el viejo continente, la ironía de los cambios en la ideología político – cultural, el cambio de costumbres, la religión, las modificaciones en los nombres y paradojas del destino, son abordadas desde el humor, aun siendo respetuoso con sus antepasados.

Este documental inédito permite reflexionar acerca de la genealogía de todos, y le brinda la oportunidad al director de encontrarse con su propia cultura judía, de conocer primos y da la posibilidad a voces anónimas de exponer sus respectivas búsquedas, rescatando la figura del experto genealógico. Si bien la estructura, estética y tono no son demasiado originales, resulta una obra interesante, curiosa que vale la pena ver, para conocer a un realizador que se ha hecho un nombre influyente dentro del género documental.

weisskirch@asalallenaonline.com.ar

En el Abismo, una Historia sobre la Muerte, una Historia sobre la Vida (Into the Abyss, EEUU / Alemania, 2011), de Werner Herzog.

Herzog es incisivo y peligroso. Sus documentales se alejan de tener una mirada objetiva. Herzog es único. Deja que sus personajes o sitios geográficos hablen solos, pero una pregunta, una reflexión, una opinión en el momento justo, cambian la mirada que uno puede tener del o los protagonistas.

Siguiendo con la mirada de la seria Death Row, el director de Aguirre, la Ira de Dios, sigue indagando alrededor de la pena de muerte en Estados Unidos, a través de la historia de Michael Perry, un joven acusado de asesinato. Herzog indaga sobre la ola de violencia en los Estados Unidos, y como las consecuencias de una mala educación, falta de atención y contexto social no son tenidos en cuenta a la hora de dictar una sentencia. Herzog analiza el crimen desde el punto de vista de los criminales y su arrepentimiento. Humaniza al asesino, pero no lo defiende, lo lleva a confesarse sin caer en la demagogia, reconstruye el crimen a partir de testimonios verídicos, pero demostrando el prejuicio y la peligrosa mirada conservadora de los integrantes del pueblo donde se sucedieron los crímenes.

Los testimonios se van contradiciendo y Herzog empieza a inclinar la balanza, demostrando la responsabilidad de toda la sociedad sobre los actos criminales de cualquier persona.

La muerte es banalizada y la vida subestimada. Herzog muestra que una persona acusada de monstruosidades también sufre, se puede enamorar y tiene sentimientos, sin dejar de mostrar la mirada crítica de la sociedad. Interviniendo en el momento justo, con preguntas inteligentes o conclusiones cínicas, Herzog sigue demostrando que en cualquier terreno que pise, su ojo no pasa inadvertido.

weisskirch@asalallenaonline.com.ar

La oscuridad

En 2001, Michael Perry y Jason Burkett, asesinaron a Sandra Stotler para robarle su auto. Una vez poseído el vehículo, mataron a dos personas más: al hijo de Sandra y al amigo de éste. Los cadáveres se escondieron en los alrededores del pueblo de Conroe, Texas. Pocas horas después, la policía halló a los jóvenes y estos fueron apresados. Un tiempo después, se dictó la sentencia: Jason Burkett recibió cadena perpetua mientras que Michael Perry fue condenado a la pena capital.

Werner Herzog tenía planeado hacer un documental sobre la vida en prisión durante los años 50, pero nunca pudo llevar a cabo dicho proyecto. Recién ahora pudo concretar esa idea, pero en Estados Unidos. El acercamiento del director con el caso de Michael Perry es más límite aun que la propuesta que tenía hace décadas. En el momento de la entrevista, a Perry le quedan solamente ocho días de vida. Lo único que se ve de la prisión es la sala donde Herzog se comunica con el prisionero. Es interesante que la película quiera ir todavía más allá que saber lo que opina el supuesto asesino (éste sigue declarándose inocente)sobre la pena capital. El film retrocede hacia el comienzo de todo, incluso antes de que ocurran los homicidios.

La primera escena de En el Abismo muestra a un sacerdote, encargado de acompañar a los condenados en sus últimos minutos de vida. Detrás suyo, un cementerio lleno de cruces, solo con números. Allí se encuentran las almas de aquellos que nunca fueron retirados por nadie, gente sin nombre, ahora enterrados por el Estado. Herzog, inteligente, lleva a su entrevistado -sin ninguna clase de sadismo- donde él quiere. Lo que comienza como una tenue indiferencia hacia la pena capital, empieza a derivar lentamente en una desgarradora impotencia por no poder ejercer ningún poder por los inevitables condenados. Impotencia que alcanza al sacerdote en su más profundo ser, quebrándose al no encontrar soluciones ante la existencia de la necesidad de quitarle la vida a otra persona. Herzog le pregunta por qué Dios avala la pena de muerte, a lo que el entrevistado responde -sin esforzarse en alguna defensa- “no lo sé”.

Herzog tiene una posición clara al respecto. Sin embargo, este documental no promueve ninguna política. No está a favor ni en contra. De esta manera, capta la naturalidad de los testimonios de aquellos que, directa o indirectamente, están involucrados con el caso. Cada uno de ellos tiene una posturas contradictorias al respecto, pero el director las escucha por igual. Por ejemplo, la hija de Sandra Stotler dice que, al momento de la muerte de Perry, se sintió más aliviada. Minutos luego alega estar en contra de la pena de muerte, pero los trágicos hechos piden esa extrema solución. Pero acá es donde Herzog, incluso en contra de matar a otra persona, comprende y deja su cámara posando sobre su entrevistada. Lo que se muestra no es otra cosa que la búsqueda de la justicia, mezclada con impotencia, bronca y culpa.

Herzog nunca prejuzga, investiga. Entrevista a policías, testigos, víctimas, asesinos, a los familiares de estos. Nunca demuestra estar interesado en lo que dictó un juicio. Abre su propia bitácora, no porque quiera demostrar una verdad paralela. Su objetivo es introducir al espectador a el papel de jurado. Se exponen los detalles de los asesinatos, pero también los motivos que llevaron a Perry y a Burkett cometer estas acciones. En un momento, Perry dice que toda acción tiene una reacción. El director parece usar esta frase para aplicarla a la totalidad de su film. Para esto, es clave la entrevista al padre de Burkett. Éste, quien está también preso, cuenta que se siente un fracaso como padre por no poder haberles brindado a sus hijos un modelo paterno y humano.

El abismo en En el Abismo es algo que adquiere un carácter geográfico, al igual que sus aventuras fílmicas. El corazón humano demuestra que es un lugar lleno de contradicciones, que pide vida y que pide muerte, que puede ser letal y luego comprensivo. Un lugar que alberga la oscuridad, pero también la luz de la esperanza. La entrevista del realizador a la persona encargada de aplicar las inyecciones letales es terrible. Un hombre con 125 muertes, que en un momento ha comprendido que ningún hombre tiene derecho de quitarle la vida a otra. Estas ocultas cavidades geográficas que Herzog encuentra en estos testimonios permiten ver que su cine, como el mundo entero, oscila continuamente entre la vida y la muerte.

Por Luciano Mariconda

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