Coberturas Anteriores

18.05.11
1º Festival de Cine Independiente de Cosquín

Largometrajes de Ficción

 

Plan B (Argentina, 2009) de Marco Berger.

 

Secreto en la Terraza

 

Uno de los más interesantes aspectos de la película dirigida por Ang Lee en el año 2005, Secreto en la Montaña era mostrar una verosímil historia de amor entre dos hombres, dos símbolos masculinos, dos vaqueros clásicos, sensibles, pero que nunca dejaban de lado su perfil masculino. O sea, a diferencia de la gran mayoría de filmes que retratan a los homosexuales como estereotipos feminizados, Secreto… no quería “mariconizar” (como se suele decir en estas pampas), ni crear un tabú al respecto, aunque a fin de cuentas, lo termina haciendo, más que nada por el círculo mediático que se construyó a su alrededor.

Con Plan B, Marco Berger, se anima a hacer algo similar, pero en tono de costumbrismo porteño, personajes masculinos, vagos típicos estereotipos del barrio con el agregado de una apuesta o plan, mejor dicho, que podría ser parte de un guión del grupo Judd Apatow, John Hamburg o Nicholas Stoller.

No me sorprendería ver a Seth Rogen o Jason Segel en un par de años en el personaje de Bruno, o a Paul Rudd como Pablo (total, ya trabajó en El Objeto de mi Afecto).

 

Pero la película de Berger, si bien se puede comparar con estos modelos, tiene una impronta y personalidad propia. No hay otras connotaciones cinematográficas en sí.

 

Los primeros 5 minutos marcan la ambigüedad del film. La presentación nos demuestra que estamos ante un film contemplativo. Nada de simple identificación. Sino una contemplación de un presente, de un tiempo muerto incluso, donde Bruno ingenia en su interior, un plan para recobrar a

Laura, su ex novia, quien ahora sale con Pablo, un fotógrafo. La mejor amiga de ella, le informa a Bruno que Pablo, como es un pibe de mente abierta, probó tener relaciones con otro chico y le gustó. Esto inspira al protagonista, quien le cuenta a un amigo, en 2 minutos su plan b, para recobrar a Laura: hacerse amigo de Pablo, enamorarlo y de esa manera, cuando ella se da cuenta, vuelve con Bruno.

 

Lo que sigue, es una hora y cuarto de tiempos muertos, de una lenta seducción que empieza con trucos de Bruno para hacerse amigo de Pablo (los dos siguen una serie que nadie ve), fumar porros juntos, regalarse juegos de la infancia. Evolutivamente, Bruno logra envolver a Pablo en su engaño y confundirlo en cuanto a sus gustos sexuales.

 

No se trata de una comedia, pero tampoco de un drama, sino un retrato de una generación. Comparable con los protagonistas de Ocio, la película dirigida por Juan Villegas y Alejandro Lingerti que se presentó en la última edición del Bafici (Plan B se exhibió en la versión 2009), la película nos muestra a dos jóvenes que lo único que hacen es mirar el cielo, sentarse a fumar en las terrazas de las casas con otros amigos, mirar el cielo, deambular por un cementerio de barcos, y entre el chiste e ironía… empieza ¿el amor?

 

La película no tiene un tono fijo, es austera, melancólica, nostálgica, lacónica. Una marca de tono del Nuevo Cine Argentino que podríamos ubicar en el cine de Ezequiel Acuña, Martín Rejtman o las películas producidas por la Universidad del Cine o sus egresados como Medina, Rotter o Piñeiro con Los Paranoicos, Solo por Hoy, Todos Mienten respectivamente. Pero este estilo, que últimamente me empieza a abrumar, por lo previsible que se torna en dichos filmes. Pero este tono, grabado con planos fijos simétricos, y diálogos de la calle, no juegan en contra de Plan B, sino que enriquecen el film para que no se torne convencional.

 

El diseño de vestuario y arte es fundamental para entender como funcionan estos personajes (solamente camisetas de fútbol), la ausencia total de tecnología (no hay una sola computadora, ni un solo celular, solamente una cámara de fotos digital, pero cuyas imágenes se tienen que imprimir). Hay decisiones estéticas y narrativas interesantes. La fotografía es bastante natural y convincente. La pintura urbana es bella, más allá de que solo se ven terrazas de edificios de clase media o medianeras (Taretto reclama derechos de autor)

 

A los protagonistas no se los ve trabajando, no estudian… gracias que van al gimnasio… Es un mundo burgués, pero bohemio, costumbrista, y en esta mezcla donde lo sutil, y la progresión de una amistad funciona de manera fluida, verosímil, y a la vez dinámica, es donde la película encuentra su fuerte y mayores aciertos. Además, tanto Manuel Vignau como Lucas Ferraro, crean caracterizaciones bellas, creíbles. Es por todos estos logros, que se lamenta que en la última media hora, vuelva Berger a recurrir a lo discursivo y explícito para “cerrar” su narración.

 

Al igual que en el comienzo, en un minuto, uno de los personajes, dice lo que no tendría que haber dicho. De acuerdo, sirve como contraposición de la primera escena, pero también la esquematiza de una forma clásica, previsible, convencional que rompe, quiebra el clima distante que se venía generando para caer en todos los lugares comunes y clisés del melodrama. El conflicto no cambia. Y en este sentido es donde se encuentran, lamentablemente, los puntos en común con las películas de Apatow: el hecho de que los personajes se percaten que la adolescencia terminó y deben tomar decisiones “adultas”. Lo peor de la nueva comedia estadounidense popular, es justamente cuando se tornan dramáticas inútilmente. Si bien, esta vez el contraste de tono no es tan abrupto en Plan B, e incluso hay coherencia y verosimilitud en que termine pasando… lo que termina pasando, pero es como decir: “vamos Marcos, si venías bien, no podías haber un tomado un camino menos convencional.

 

Aún así, este extenso final de media hora, no tira por la borda los interesantes resultados de la primera parte.

Al menos, al final no hay abrazos y llantos sobre camisas colgadas en perchas o melodías simples pero “conmovedoras” compuestas por Gustavo Santaolalla.

 

Por Rodolfo Weisskirch

weisskirch@asalallenaonline.com.ar Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 

 

¿Qué ocurre cuando los planes se derrumban?

 

Plan A: reconquistar a la convertida en reciente exnovia.

 

Problemática: la ex ya sale con otro chico y se la ve muy bien con el. Según una amiga en común, el chico ha tenido alguna experiencia sexual con alguien de su mismo sexo. Se desmorona el Plan A.

 

Sigamos con el Plan B.

 

Plan B: seducir al chico que actualmente sale con tu ex para alejarlo de la misma.

 

Con éste planteo de tan sólo 5 minutos iniciales, la premisa del film denotaría estar introduciéndonos a una vehemente comedia de intercambio de roles y orientaciones sexuales, amigos en común como en las mas frecuentes comedias románticas sirven de elementos de guión para aceitar los engranajes de una trama cada vez que ésta va improntando otros rumbos.

 

Es así como Bruno conoce a Pablo (Manuel Vignau, Lucas Ferraro). Uno muy rudo y de barrio, futbolero vistiendo la 10 de Kempes con el logo del mundial ’78, el otro más sumiso, más fachero, más sensible.

 

Las comparaciones al film de Ang Lee no son redundantes, y es Plan B quien se encarga de mostrar diferencias notorias, no tiene una intención secundaria u oculta, no juega con el facilismo abarcado sobre la temática sexual y sobre todas las cosas, tiene un ingrediente meramente faltante en Secretos de la Montaña, aquí surge una pasión, una atracción que en aquella, a mi entender, por más efecto de impacto musical, un esperado beso o relación sexual fugaz, no ameritaba semejante relación que duraría años por venir. La atracción inicial es visual, los intencionados avances de Bruno de a poco van despertando algo latente en Pablo, como dos amigos de niñez discuten sobre frivolidades vinculadas a la infancia, planteos Neverland (¿El País del Nunca Jamás o La Tierra sobre la cual nunca aterrizar?).

 

La trama llega a un exponente tal, que los planes se derrumban y el film se convierte en un tour de force minimalista sobre la relación de ambos, todo el alrededor a ellos, sus amigos e inclusive la ex, quedan en otro plano insignificante, ellos abarcan todo.

 

En éste momento es donde la dirección debe jugarse hacia un desenlace y he aquí el aspecto criticable del film en mi opinión, se optó por la linealidad, por subrayar la acahecido y cerrar argumentalmente todo.

 

Plan B sobrepasa eufemismos y quebranta prejuicios sobre la homosexualidad, es más, en ningun momento el film siquiera me hizo recordar que estábamos hablando de dos personas del mismo sexo, en cierta manera otro de los logros del film, romper con los canones de la diversidad. Dos personas, dos amigos, un amor.

 

Vignau y Ferraro establecen actuaciones convincentes.

 

Marco Berger, el director, un talento a considerar, ya había exhibido su corto El Reloj en Cannes y ya en éste se vislumbraba su fascinación por los planos de campo, algo que en su visión reutiliza en Plan B, en exceso tal vez, denotando una brecha cercana entre personajes y alejandose del resto, inclusive del medio.

 

Por José Luis de Lorenzo

delorenzo@asalallenaonline.com.ar

 

Antes del Estreno (Argentina, 2010) de Santiago Giralt

 

Decir que Giralt se inspiró en Opening Night de John Cassavetes para crear Antes del Estreno es prácticamente redundante. Justamente todo lo que une al film con el original de 1978 con Gena Rowlads es lo mejor de la obra.

 

Nuevamente acá tenemos a una actriz en crisis. Está por estrenar una obra de teatro, pero sueña con ser dirigida por el marido, un introvertido director de cine, halagado por los críticos, pero cuyo egoísmo lo llevó a convertirse en una persona ermitaña. Ambos tienen una hija que también tiene dotes actorales. El problema es que también (y como sucedía en la película original) los dos son alcóholicos.

 

Los mayores logros de la obra suceden cada vez que Erica Rivas (enorme, aún cuando se excede en su retrato, más cercano a Elizabeth Taylor en ¿Quién le teme a Virginia Woolf? que a Rowlands. Igualmente por esta interpretación la habrán elegido para Un Tranvía Llamado Deseo) aparece frente a cámara. Lo cuestionable es la elección de Nahuel Mutti. No porque esté mal, sino porque no soporta un enfrentamiento interpretativo. O sea, hay cierta diferencia de edad, cierto efecto visual que parece no congeniar. No es creíble la química (o la ausencia diegética) entre ellos. No se ve un “amor” entre ellos.

 

A nivel visual, Girarlt explota la cámara en mano, la iluminación natural y diegética hasta punto saturantes, que terminan por cansar un poco. La carga dramática es demasiada densa en ciertos momentos y abrumadora.

 

Aun con intenciones interesantes de descubrir el interior de una actriz, sus dudas, sus enfrentamientos internos (y externos) en su vida cotidiana, Antes del Estreno no me terminó de convencer.

 

Por Rodolfo Weisskirch

weisskirch@asalallenaonline.com.ar

 

De Caravana (Argentina, 2010), de Rosendo Ruiz

 

Con el gancho de la frase “el film donde quieren secuestrar a la Mona Jiménez”, De Caravana viene teniendo un trayecto desde su estreno en el 25º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, y un boca a boca de los cuales se perfila a lograr un éxito cinematográfico cuando se prevéa su estreno comercial. El film presenta demasiadas satisfacciones al espectador, tanto en rubros técnicos, elección de tomas, puesta, casting, y solidez de guión atípica, un pastiche de colores en una ciudad cordobesa dividida entre dos clases sociales extremadamente marcadas. Siempre presente, el cuartetazo, de la mano de la Mona, donde Juan Cruz (Francisco Colja), un fotógrafo con el encargo de cubrir uno de los recitales del cuartetero, encuentra fascinación y atracción hacia una cordobesa de distinta y marcada clase social, dos mundos completamente diferentes.

 

Lo apabullante de la propuesta de Rosendo Ruiz es el poner en manifiesto desde un guión de recorrida por distintos ámbitos como es el narcotráfico, la violencia de seres marginales, la ostentación del ricachón y discriminación latente, el tema principal, que radica en el enamorarse de una persona completamente distinta a uno, una suma que no tiene un resultado certero, compartir gustos musicales, profesiones, etc se hacen de lado cuando las únicas vinculaciones de peso radican en la atracción y los valores. Es así como se conforma una pareja de antología para el cine nacional, en esta propuesta cordobense, atípica, quizás por el tampoco tener tanto material de esta provincia como para poder realizar comparaciones.

 

Los personajes secundarios suman y mucho a la propuesta, desde el ex novio de la protagonista, un delincuente vehemente, cruel, violento hasta un travesti consolador, tal vez el más humano de todos, barajando así los estereotipos como también el del narcotraficante simplón y gracioso, pero de una notable humildad.

 

De Caravana constituye una de las mejores producciones de sello nacional que podemos ver en estos últimos tiempos. Una ópera prima a cuyo director deseamos en muy poco tiempo poder ver algo más de su ingeniosa maquinaria visual y auditiva.

 

Por José Luis de Lorenzo

delorenzo@asalallenaonline.com.ar

 

Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

De Caravana por la Ciudad

 

Esta película nos sumerge de lleno en el mundo de la bailanta cordobesa. Arrancamos a todo volumen, en “el baile”, en un recital de la Mona Jiménez, mientras la cámara en mano sigue a Juan Cruz, el protagonista, un fotógrafo cheto de los barrios más posh de Córdoba. Acostumbrado a las fiestas cool, a muestras de fotografía, a la música electrónica, a vivir en el lujo, a tener amigos que viven en countries (donde “hay que hacer cola para entrar en la casa de uno”), Juan se ve atraído por una chica muy distinta a él, que frecuenta la bailanta y vive del narcotráfico. Sin quererlo, se ve arrastrado a una caravana de situaciones que lo llevan a replantearse sus valores y sus amistades.

 

El guionista y director cordobés Rosendo Ruiz nos muestra esta mezcla entre historia romántica, policial y comedia, acerca de la interacción de las clases sociales, los prejuicios y el amor.

 

Acompañados por la música de la Mona y su hija Lorena, nos vamos metiendo en el mundo cordobés junto a un muy buen elenco. Lo que me sorprendió gratamente fue el delineado de los cuatro personajes principales, los cuales podían fácilmente caer en algún cliché o lugar común, dadas sus características (un pibe “bian”, una cuartetera, un narco, un travesti). Sin embargo, las actuaciones están muy medidas y no resultan pegajosas; todo lo contario, son absolutamente naturales y creíbles. Muy buen registro actoral. El travesti, el personaje más factible de caer en el cliché absurdo, está muy contenido y es un personaje por demás querible, con la cuota justo de humor e histrionismo, sin ningún desborde.

 

Otro punto para resaltar de la película es la parte técnica; muchos de los trayectos del personaje principal están filmados con cámara en mano, lo que le otorga a las escenas una sensación de movimiento y velocidad que está a tono con el espíritu de la película, esta caravana de situaciones atípicas e hilarantes. Hay varios planos en profundidad en los que vemos a dos personajes que hablan en primer plano y dos personajes atrás, en plano general, y escuchamos las dos conversaciones en simultáneo. Sin duda, las escenas más cómicas de la película.

 

El guión es muy destacable también, los diálogos son graciosos, sinceros y retratan las vidas de estos personajes y los abismos que los separan. Gran momento cuando hacen el paralelismo entre la pulga en un frasco y los seres humanos.

Una película muy linda sobre la que escuché innumerables comentarios positivos a lo largo del festival. Y, como dijo mi compañero José, ojala sigamos viendo cosas de este promisorio director que seguro valdrán la pena.

 

Por Cecilia Martinez

 

Es verdad que hacer comedia en Argentina es más difícil de lo que aparenta ser. A pesar de tener una larga tradición de comediantes (desde Niní Marshall hasta los Cinco Grandes del Buen Humor, desde Tato Bores hasta Alberto Olmedo, desde Juan Carlos Altavista o Pepe Biondi hasta Francella o Emilio Disi), la televisión y el cine nacional ha explotado al máximo a sus artistas, pero lograr comedias partiendo de guiones originales, donde el humor recae sobre el diseño previo a la elección de los actores no es tan frecuente… y tampoco lo es en el resto del mundo.

 

Quizás por eso, la llegada de un film como De Caravana, es tan poco frecuente. Una comedia con artistas mayormente jóvenes y desconocidos, cordobeses de pura cepa. Muchos han dicho que este film que sorprendentemente para una ser una ópera prima quedó seleccionado en la Competencia Oficial Internacional del 25º Festival de Cine de Mar del Plata,

 

En cierta forma, la construcción del guión de la película de Ruiz tiene la típica estructura de un film hitchcoiano: el hombre que se ve envuelto en una serie de enredos por estar parado en el lugar y momento equivocado… y enamorarse de la mujer equivocada. Dicha premisa podría haber pertenecido a los grandes maestros del screwball comedy también: Howard Hawks, Ernest Lubitch, Billy Wilder. Pero esto llevado a una estética pop, costumbrista cordobesa, puede desbarrancarse un poco. La sutileza del lenguaje es reemplazada por un exceso folclórico que termina saturando un poco.

 

La construcción del guión es sólida, pero no dejan de aparecer estereotipos que pretenden no serlo, y bajo la capa de la comicidad se ocultan todos los lugares comunes y clisés del género.

 

Con esto no dijo que sea una película fallida, pero sí sobrevalorada. El humor funciona bastante bien, especialmente en la primera mitad, cuando no sabemos si se trata de un thriller, un drama o una comedia. Cuando se terminan las sorpresas, el relato se torna repetitivo y monótono. Las interpretaciones son irregulares. Hay un esfuerzo notorio por no inclinar la balanza hacia el total absurdo, pero tampoco por perder el tono humorístico. Quizás si Ruiz hubiese decidido hacer un total absurdo, sin la típica moralina y culpa de clases altas, De Caravana sería un poco más afable y menos “una comedia más”. Podemos comparar el tono con el de Buena Vida (Delivery), unos años atrás (también injusta ganadora del  Festival de Mar del Plata). Ciertas situaciones son previsibles. Otras no tanto.

 

La idea preeliminar de “la película donde se intenta secuestrar a la Mona Gimenez” queda completamente borrosa por demasiadas subtramas secundarias que se van agregando innecesariamente. Claro, que el que no es argentino no va a entender lo que simboliza la mona, y porque la anécdota resulta divertida.

 

Entre Fernet, cuarteto y persecuciones De Caravana se deja ver, entretiene y divierte, pero no deja mucho más detrás.

 

Por Rodolfo Weisskirch

weisskirch@asalallenaonline.com.ar

 

La Vieja de Atrás (Argentina, Brasil, 2010) de Pablo José Meza.

 

Para el desarrollo de la trama Meza ha elegido tres elementos para contar esta historia sencilla y mínima: Un guión costumbrista y sencillo, repleto de vueltas inteligentes (Mejor Guión en la 38vo Festival Iberoamericano de Gramado 2010), digno heredero de las novelas de Manuel Puig, las actuaciones de los dos protagonistas que logran retratar la enorme distancia que hay entre ellos, pese a la cercanía física de los espacios cerrados; y  varias secuencias de imágenes, escenas carentes absolutamente de guión y con pocos elementos. Podría decirse que son postales sociales  y  urbanas o haikus visuales que muestran la cotidianeidad en la cual se mueven los protagonistas.

 

Al comenzar la película somos testigos de varias escenas que nos situarán en la situación propia de cada personaje.

Rosa (Aizemberg) es una anciana mañosa que vive en una extrema soledad y es quien le propondrá un interesante trato a  Marcelo (Piroyansky), su vecino, un estudiante de medicina proveniente del interior del pais, al cual la vida en la ciudad de Buenos Aires no se le está haciendo nada fácil.

 

Las situaciones que rodean al personaje de Marcelo son sumamente gráficas con respecto a los obstáculos y  conflictos típicos de aquellos jóvenes que provienen del interior de nuestro país  para poder realizar sus estudios en la gran ciudad.

 

Buenos Aires, para ellos, representa la fiera que todos quieren acariciar  y que todos necesitan domar.  Entrar en la Capital Federal para un alguien proveniente del interior es como aceptar que sobre él cuelga una soga invisible con un gran nudo que le rodea el cuello y,.que, a medida que las cosas se compliquen, esa soga apretará cada vez más. La fuerza de voluntad puede existir, pero su existencia corre constante peligro cuando la ciudad presenta su silenciosa hostilidad. En esta situación (según el desarrollo del guión y de las éscenas tan claramente gráficas y representativas) se encuentra el protagonista masculino, en un estado de búsqueda de su propia identidad, cultivando su templanza, armando su coraza en un ardiente y doloroso contacto con su soledad. Piroyansky, en mi humilde opinión, no logra desenvolverse satisfactoriamente de acuerdo a la situación de vida que presenta su personaje, no otorga credibilidad, ni logra representar el complicado dilema que el guión contiene para poder ofrecérselo al espectador. En cambio, es un excelente partenaire para las escenas con Adriana Aizemberg, la gran joya de esta película. Su actuación (Mejor Actriz- Festival Iberoamericano de Cine de Huelva 2010-36ta edición) es de una perfección asombrosa. Ha sabido construir un personaje  muy sólido, atípico para el concepto que se tiene de ella. Las partes del guión, que la tienen como protagonista, se deslizan sobre su lengua con una capacidad de oratoria maravillosa, un gran manejo del humor, y una impronta en las facciones de su cara para decir muchas cosas cuando habla, pero sobre todo, otras cosas cuando calla y congela su mirada. En ella la película encuentra su punto de apoyo, su pilar, su gran calidad.

 

Esta vieja que solo quiere matar a la soledad, que quiere echarla de su vida, prohibirle que se siente a su mesa logra tener momentos de humor memorables y  nada tiene que envidiarle al personaje de Chus Lampreave en La Flor de mi Secreto de Almodóvar.

 

El film se empieza a percibir denso, con un ritmo demasiado lento, cuando las conversaciones se reducen y solo queda una escena atrás de otra sobre una crisis, poco creíble, del protagonista masculino, hasta  un final completamente previsible.

 

En resumidas cuentas, y destacando lo positivo, La Vieja de Atrás es una interesante muestra del costumbrismo de la mano de Pablo José Meza.  Y aunque, por momentos, la película, es una linda opción para ver la sobresaliente actuación de Adriana Aizberg quien nos demuestra que con un repasador en la mano, un yeso en el brazo, su cabello peinado arcaicamente, su paso lento de anciana, su desconfianza hacia los supermercados chinos, su visión de la vida, el collar rojo que pierde a cada rato, su obsesión con las persianas y su lengua filosa, puede construir un personaje inolvidable.

 

Por José María Capristo 

 

Creatividad se busca

 

Han pasado diez años, de la llamada nueva ola de cine argentino. Esta ola de realizadores jóvenes en su mayoría provenientes de la Universidad del Cine, se propuso “renovar” la manera de visualizar la sociedad nacional. Se trataba de una mirada más cruda y realista, acorde a los tiempos que corrían. La crisis del año 2001, fue una fuente de inspiración, una motivación para la nueva generación de cineastas saliera a la calle a filmar con lo que tenía a mano, con actores no profesionales, con escenarios reales y una mínima puesta en escena.

 

Durante un lapso de tiempo este “neorrealismo” argentino influenciado por el cine nacional de finales de los ’50 y principios de los ’60… fue interesante. Los trabajos de Daniel Burman, Adrián Caetano, Pablo Trapero y especialmente Lucrecia Martel llamaron la atención no solo en territorio autóctono sino también en el extranjero.

 

Tras varios de años de somnolencia, el cine argentino volvía a decir presente. Y no solo triunfaba afuera en festivales, sino que también adentro podíamos disfrutar de cine genérico pero con fuerte impronta nacional, y sobretodo, creíble, verosímil, palpable.

 

De ahí, el éxito de Nueve Reinas y el legado Bielinsky. Ahora bien, los artistas del neorrealismo como De Sica o Rosselini supieron como renovar su estilo con el correr de los años, adaptarse y dejar atrás el estilo cuando se hizo cansador.

La Vieja de Atrás, es un film que sigue los pasos de este movimiento, lo cual no significa que estamos ante una obra con el nivel de sorpresa y creatividad de aquellos films.

 

Estamos ante una obra fría, que se fortalece en una observación seudo realista de la vida cotidiana en pleno centro porteño, tomando como ojos de esta “realidad” a dos personajes típicos de vida social contemporánea: una pensionada quejosa (un trabajo monumental de Adriana Aizemberg), solitaria, cuyas buenas intenciones van de la mano del interés de encontrar alguien que la escuche, y apoye en las decisiones cotidianas mínimas que debe tomar, y la de un estudiante de medicina un poco vago, cobarde proveniente del interior del país que se banca sus estudios y departamento siendo volandero y trabajando en un locutorio (Martín Pirayonski). Pronto Rosa y Marcelo, vecinos, terminarán conviviendo en un mismo departamento cuando a Marcelo lo echen del locutorio, y sin plata para seguir pagando el alquiler es tentado por Rosa para que vivan juntos. Él no tiene que pagar un centavo. Solo prestar su oreja y atención.

 

Pablo Meza (Bs As 100 Km) retrata con bastante verosimilitud el mundo cruel porteño, desagradable, repulsivo y expulsivo, deprimente, en donde se mueven Rosa y Marcelo. También es un acierto que ninguno de los dos personajes sea del todo agradable. Entre el perfil discriminativo y petulante de Rosa, y la estupidez de Marcelo no se hace una.  Tanto las interpretaciones de Aizemberg como de Pirayonski, ayudan a aumentar la verosimilitud de los personajes. El problema de la película está básicamente en el desarrollo de la historia y la puesta en escena.

 

Sabemos muy bien que de buenas intenciones no se puede hacer una buena película, y aunque un buen elenco la puede hacer más digerible, como este caso, eso no garantiza un material final satisfactorio.

 

En primer lugar, la monotonía de la acción contagia al espectador, principalmente por la previsibilidad de la puesta de cámara. Los planos simétricos, rígidos y la fotografía no ayudan a lograr el clima perfecto en este sentido. La creación plástica de los encuadres es vaga. A través de la puesta en escena, uno va decodificando cuál va a ser el final de la obra. Con cierta melancolía irónica que nunca toma protagonismo, uno se va preguntando ¿adonde va la película?

 

Otra vez, el tema de las sorpresas va acompañado de la falta de originalidad en los guiones. Los méritos narrativos de la película desaparecen ante la evolución del patetismo de los personajes y una puesta en escena muy básica. 110 minutos, es demasiado tiempo para sostener las acciones que se suceden, algunas escenas sobre explican comportamientos que ya habían quedados claros en escenas anteriores. La cámara nunca se mueve del lugar, no toma un punto de vista y la narración cae en la monotonía.

 

Si bien no se trata, a mi criterio de un film fallido, es cierto que deja una sensación de desazón y depresión. Aquel que vive en el centro porteño, sabe lo que es ser expulsado por la ciudad, y de eso trata la obra. Ser expulsado. No pertenecer más.

 

El problema es cuando esa misma depresión diegética provoca que el espectador termine siendo expulsado del film y no tenga interés de seguir perteneciendo a su relato.

 

 

 

Un crítico enojado, pero un poco arrepentido

 

Quizás alguno note que esta misma crítica ha sido modificada y (espero) ha bajado el nivel de agresividad que tenía hacia su director, el Instituto de Cine y la película en sí. Esto se debe a que reconozco que muchas de las cosas que había escrito, las hice desde el enojo y no tomando la distancia, que quizás debería haber tomado a la hora de criticar. Lo cual me hace reflexionar, hasta que punto un crítico puede “atacar” una obra. Gracias a algunos llamados de atención me di cuenta que el grado de “enojo” que se manifestaba en las palabras que incluían el texto, habían tocado un límite, y sí muchas de ellas, no eran justificadas. Creo que si uno “ataca” o “defenestra” una película de forma agresiva, esto no le ayuda ni a la película, ni al director, ni al crítico, ni a la crítica en sí. Con esto no digo que cambio mi punto de vista. La película no me gustó e incluyo en esta misma reseña argumentos que espero sean suficiente para justificar mi descargo, pero trate de bajarle el nivel de agresividad. Sigo pensando, sin embargo que el tema de la distribución del cine nacional sigue dando mucha tela para cortar y que los críticos deberíamos ponernos del lado de los realizadores, aun cuando sus obras no nos gusten personalmente. Esa es la razón por la que corté varios fragmentos de la nota original. Espero que nadie le haga caso a esta crítica y cada uno juzgue La Vieja de Atrás con sus propios ojos, y que si le gusta la puedan recomendar. Es difícil hacer cine en argentina y no podemos seguir poniendo palos en el camino, los que estamos adentro del circuito.

 

Por Rodolfo Weisskirch

weisskirch@asalallenaonline.com.ar Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla  

 

Cabeza de pescado (Argentina, 2009) de July Massaccesi.

 

Sin dudas, Cabeza de pescado es un raro exponente del cine argentino, incluso dentro de las películas más anticonvencionales.

 

Calvino (Martín Pavlovsky) lleva una vida gris. Trabaja como taxidermista, vive con Stella (Ingrid Pelicori), su perturbada mujer. Su hijo padece una extraña enfermedad que convierte a los chicos en peligrosos monstruos buscados por las autoridades. En ese contexto, Calvino conoce a Rosie (Laura Nevole), que le da una inyección de esperanza a su paupérrima existencia. Comenzará una relación entre ambos, al tiempo que la vida familiar del protagonista se pondrá peor.

 

Con una estética que remite a Cabeza borradora, ópera prima de David Lynch, la directora July Massaccesi cuenta su película en clave de melodrama intimista sobre la ruptura de una familia y la esperanza del amor en un mundo cada vez más polusionado y violento. Calvino dice en determinado momento:

 

“No sé cómo se sostiene el mundo. Es todo tan frágil…”. Un cuidado y exacto trabajo de arte y fotografía, sumado a las muy buenas actuaciones, ayudan a crear una atmósfera lúgubre y desoladora. Es muy acertado el hecho de estar filmada en blanco y negro. Según la directora, “el blanco y negro en la estética es lo que me remite a la desolación; eso que no sabés bien de dónde viene pero en un momento la empezás a sentir. Esa desolación que sienten los personajes en un mundo irreal pero a la vez tan real…”. Sólo se ven el color (verde) la droga justamente llamada Green.

 

Si bien hay elementos de género fantástico, como los niños mutantes, nunca se los muestra en detalle —sólo garras y porciones de piel—, ya que el foco está puesto en la historia y los personajes. 

 

Luego de ser proyectada en festivales nacionales e internacionales y de ganar premios, Cabeza de pescado por fin puede verse en las pantallas argentinas.

 

Siempre viene bien un film inusual en medio de tanto convencionalismo.

 

Para leer la entrevista realizada a July Massaccesi  en A Sala Llena, cliqueen aquí.

 

Por Matías Orta

orta@asalallenaonline.com.ar Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla  

 

 

COMENTAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMPARTIR

© A SALA LLENA.