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14.11.10
25 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

Ceremonia Inaugural / Crítica de Somewhere, en un rincón del corazón, según Rodolfo Weisskirch y Carlos Federico Rey

 

Torrentes de Amor

Ahora sí empezó el Festival de Mar del Plata. Alfombra roja, lunch abundante, presencia del jet set argentino (pero con figuras menos relevantes a comparación del año pasado) y por supuesto los discursos inaugurales, a cargo del Intendente Pulqui, el Gobernador Daniel Scioli, la Presidenta del Incaa, Liliana Mazure y por supuesto, el Presidente Artístico del Festival, el Gran Maestro José Martinez Suárez. En una ceremonia austera y protocolar, el Presidente hizo gala de su buen humor. No necesitamos conductores,  José sigue siendo el más divertido.

Después de hacer un comentario con doble sentido sexual, aclaró: “Se sospecha que quieren que esté para las Bodas de Oro (este año se celebran las Bodas de Plata del Festival) y haré lo posible para que así sea”.

Tras ver un corto en el que se homenajeó la historia del cine nacional desde su primera película muda acerca de la Revolución de Mayo hasta mostrar fragmentos de Nueve Reinas, Un Oso Rojo, Dos Hermanos, y por supuesto, El Secreto de sus Ojos, se dio pie a la función de Apertura.

La elección de este año fue nuevamente un film “independiente” estadounidense. Recordemos que el 2008 inauguró con Vivir al Límite de Kathryn Bigelow y en el 2009, Un Hombre Serio de los hermanos Coen (ambas compitieron irónicamente este año por el Oscar, triunfando la primera).  Ambas, en lo personal, me resultaron excelentes películas, que superaron al 80% de las participantes en el Festival.

Este año, posiblemente se haya bajado un peldaño, aunque nuevamente se trate de una elección muy acertada.

La película en cuestión fue Somewhere, en un rincón del corazón. Cuarta obra consecutiva de Sofia Coppola.

Nuevamente la hija de Francis Ford hace hincapie en sus dos principales obsesiones: la soledad en personas que tienen TODO servido en bandeja, y la relación padre – hija.

Si bien esta vez, estos aspectos ocupan mucho más el primer plano a comparación  de Perdidos en Tokio o María Antonieta, y con menos pretensiones artísticas que ambas y Las Vírgenes Suicidas, Sofía hace su película, en apariencia, más improvisadas y desestructurada, buscando incesantemente darle un sentido a la vida de su alter ego, Johnny Marco, una mega estrella internacional (como Bill Murray en Perdidos), recluido en un hotel de modelos y actores (hay un cameo de uno interpretándose a sí mismo), enyesado, playboy y mujeriego interpretado con un naturalidad, calidez y austeridad digna de una nominación al Oscar por el subvalorado Stephen Dorff. Johnny, además debe viajar para dar conferencias, recibir premios, hacerse moldes para efectos especiales… O sea todo lo que hace un actor cuando no está filmando. El resto es demasiado tiempo libre… para hacer nada, y cuanto más inútil es el personaje más pierde su identidad. No importa cuantas mujeres se le tiren encima, Johhnny es triste, solitarios y final. Hasta que llega Cleo, su hija, y previsiblemente le cambia la vida… y  él a ella.

Durante 85 minutos de los 95 que dura, Sofia Coppola (quien quedó marcada por la falta de atención que le brindó su padre, y quizás por esa culpa interna Francis produjo esta obra) construye una comedia dramática, lacónica, meláncolica, filosófica y existencialista, menos obvia, previsible y más austera y sutil que Perdidos en Tokio, película con la que tiene mayor similitudes. La sencillez y la química de Dorff/ Elle Faning (mejor actriz que Dakota) es excepcional, pilares de la obra, pero también lo son el timing lento pero no aburrido, y la estética elegida. Similares a las que usaba el setentosos John Cassavetes o Hal Ashby. La elección de colores, la cámara fija, el uso del fuera de campo, la falta de explicación. Como si todo se tratara de un viaje improvisado. Además parece notarse cierta influencia de Torrentes de Amor (1984), la última y mejor película de Cassavetes, donde como en el resto de su filmografia, insistia en explicar la busqueda de amor, en relaciones no del todo ortodoxas. En este caso, el amor fraternal, sin que esto se relacione con lo incestuoso. Pero en Torrentes… lo que era muy interesante era la relación entre este actor alcohólico difícil de tratar (Cassavetes) y su sobrino. En Somewhere, sucede algo similar con la relación Johnny – Cleo.

En los últimos minutos, sin embargo, Coppola hace explícito aquello que no hacía falta explicar, y el final, un poco complaciente con el espectador, no dan pie a que el mismo pueda sacar conclusiones más amplias. Un desenlace más abierto hubiesen dado como resultado un riesgosa obra maestra.

Igualmente, estamos ante una obra reflexiva y madura de una directora que decide contar siempre lo mismo, pero desde ángulos distintos: personajes perdidos… no en sentido diegético o dialéctico, sino figurativo existencial. Perdidos en la vida. Sin identidad.

Siguiendo los pasos del padre, además, Sofía hace una gran sátira a la fama, los premios y la industria del cine. Se destaca la banda sonora, donde se hace mucha referencia a la soledad.

Si bien no se trata de una película mayúscula (el León de Oro en Venecia fue un poco exagerado), está más que justificada su elección como Función de Apertura del 25º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

 

weisskirch@asalallenaonline.com.ar

 

Perdido en L.A

 

Referencias circulares. Piletas redondas. Carreteras con curvas. Sofía Coppola nos muestra mediante un largo plano general fijo a la megaestrella de la actuación Johnny Marco (Stephen Dorff) con su Ferrari a cuestas dando vueltas a toda velocidad, haciendo un recorrido circular y siempre terminando en el mismo lugar. No se puede determinar si se trata de una pista de carrera o si simplemente esta cortando calles, no interesa, lo que observamos es un personaje centrifugo, que esta en los limites pero que no tiene centro, no tiene densidad. Es pura imagen en movimiento. Siempre esta dando vueltas, en la noche con mujeres, pastillas y alcohol, pero parece no disfrutar nada. Es un personaje incompleto, vacío. Coppola regresa a la reflexión que había realizado en Perdidos en Tokio sobre la soledad y el sentimiento de infelicidad de las estrellas del espectáculo. Soledad que se manifiesta con fuerza en la intimidad, donde se pierde el reconocimiento publico y comienzan a jugar los valores de la vida cotidiana.

La imprevista aparición en el mítico hotel Chateau Marmont de Los Angeles de Cleo Marco (Elle Fanning) acercan a Johnny un poco hacia el centro y lo quita por momentos de los limites del circulo. En los pocos instantes que Johnny está con su hija deja de ser un personaje centrifugo y pasa a ser un personaje centrípeto; ellos dos ahí jugando al Rock Band de The Police disfrutando de la relación padre-hija y aislados del mundo parecen ser dos personas sin problemas. Es el momento que la película cambia el punto de vista del personaje y nos muestra los problemas que tiene Cleo Marco, una niña de once años con una madre problemática y un padre ausente. Podemos observar una temática recurrente en las películas de Sofía Coppola. Mujeres que tienen problemas con sus padres. Ya en Vírgenes Suicidas las hijas llegaban a tal extremo que se suicidaban. En Perdidos en Tokio, mas allá de la pulsión sexual que pueda existir entre Bill Murray y Scarlett Johnasson hay una historia de “padre ausente” en esa relación de atracción mutua. Incluso en María Antonieta – La Reina Adolescente es María Antonieta obligada por sus padres a casarse y heredar la corona. Esto se repite en Somewhere, en un Rincón del Corazón donde la hija le reclama al padre que nunca estuvo presente. El ruido de un helicóptero hace que no se escuchen los pedidos de disculpas por parte del padre cuando la hija se esta yendo a un campamento en un automóvil. Coppola lo deja claro; no hay redención posible en este tema, no hay posibilidad de final cinematográfico feliz. No se puede ocupar una ausencia del pasado, lo hecho esta realizado y no se puede reescribir. La repetición de este tema a lo largo de las películas de Sofía Coppola determina indudablemente una clara visión autobiográfica en su cine en cuanto a su relación con el gran Francis Ford Coppola. En este caso no lo deja ni expresarse. Elige no escucharlo. Lo tapa con ruido.

La ida de la hija deja al personaje de Johnny Marco otra vez en los limites, reconociendo que es una persona vacía , infeliz, completando una película redonda, circular, asfixiante, de la cual no hay escapatoria.

Por Carlos Federico Rey

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