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25.11.14
29° Fest. Int. de Cine de Mar del Plata

29° Fest. Int. de Cine de Mar del Plata – Día 3

Lunes 24 de noviembre.

Comenzó la semana, pero el feriado funciona como una prolongación del domingo, lo que significó que la concurrencia a las salas siguió siendo abundante. Sean de competencia, sean de retrospectivas, cada película del festival tiene su público.

Y quienes además de ver cine quieren leer sobre cine, tuvieron la oportunidad de presenciar dos actividades especiales concretas: la presentación de la Revista de Cine (publicación anual que consiste en notas escritas por cineastas) y la presentación del libro Todo lo que Necesitás Saber sobre Cine, del crítico Leonardo D’Espósito, que permite adentrarse en el mundo del séptimo arte y cómo impacta a los espectadores.

El 29º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata se encuentra en la mejor de las formas. Hay de todo y para todos. Y quedan varios días para aprovechar.

 

Come To My Voice, de Huseyin Karabey (Turquía / Francia / Alemania, 2014 – Competencia Internacional), por Elena Marina D’Aquila

El director nacido en Estambul demuestra, con su segundo largometraje, ser un gran narrador de historias al igual que sus personajes, oradores por naturaleza a lo largo de todo el film que va tejiendo historias, una dentro de otra y variaciones de un mismo relato que cambian hasta transformarse en otro totalmente distinto, en la pequeña e imperdible escena post créditos.

La aventura de la película se lleva a cabo en un pequeño pueblo de campesinos kurdos en las montañas de Turquía, donde una anciana llamada Befe y su nieta harán todo lo que esté a su alcance para liberar de prisión a Temo -padre de la nena-, encarcelado injustamente por el ejército turco.

La infancia como punto de partida para contar la guerra y la utilización de actores no profesionales, acercan a Karabey al neorrealismo italiano y a través de la analogía entre el cuento del zorro y la historia de la película, se asoma la idea del cuento folklórico y de la fábula.

Las largas caminatas y los viajes de Befe y su nieta, a veces solas y otras acompañadas, se convierten en secuencias musicales y sensoriales al ritmo de una banda sonora que incluye música tradicional kurda. La naturaleza mostrada en planos generales o cercanos siempre deja a los personajes que atraviesan los hermosos y a la vez hostiles paisajes, reducidos al tamaño de pequeños seres de paso por esos terrenos que parecieran vírgenes e inexplorados.

Un viaje para descubrir una cinematografía que no suele estrenarse ni ser demasiado conocido en nuestro país y dejarse llevar por la aventura.

calificacion_4

 

 

 

Salud Rural, de (Argentina, 2014 – Comp. Arg.), por Matías Orta
Oficios difíciles (o al menos, delicados) los que tienen que ver con la medicina. Y más específicamente, ejercer la medicina lejos de las grandes ciudades.
Este documental sigue a Arturo, un médico que atiende a los habitantes de un pueblo de la provincia de Santa Fe, donde las cosas están alejadas entre sí oy los tractores recorren el paisaje campestre. Le toca atender tanto a niños como ancianos, a enfermos terminales y a embarazadas. En tanto, podremos conocer su vida íntima, su familia y su lucha constante, lo que permite acercarnos a su preocupación por ayudar a los lugareños.
El director Darío Doria se vale del uso de planos fijos, en blanco y negro, para capturar momentos duros, reales, muchas veces perturbadores y dolorosos, pero también tiernos y hasta simpáticos, principalmente cuando Arturo–un hombre de buen carácter, pero firme a la hora de dar un diagnóstico- interactúa con sus pacientes.

En su intención por registrar al médico en su trabajo, algunas imágenes incluyen momentos que pueden provocar incomodidad, pero no es algo gratuito ni pretende caer en golpes bajos; continúa respondiendo a la preocupación de Doria por ser honesto con lo que muestra.

Salud Rural presenta a un verdadero guerrero de la vida cotidiana, dispuesto a pelear batallas cada día para ayudar a los demás, allí donde la urbe parece muy lejana.

calificacion_3

 

 

 

La Chambre Bleue, de Mathieu Amalric (Francia, 2014 – Comp. Int.), por José Luis De Lorenzo

El director de la provocativa Tournée se aferró a este proyecto personal que surgió a partir de la novela del belga Georges Simenon y el cine del maestro del suspenso. Estamos ante un film minimalista, cuyos primeros planos remiten a una sensación de encierro, pasión y desconcierto dentro del denominado “cuarto azul” al que hace referencia el título.

El cine de Amalric como director viene de la mano del Amalric actor. El ego tiene un importante lugar en sus interpretaciones bajo esta dupla laboral. Sus protagónicos son hechos a medida, no derivan en esfuerzos actorales extremos ni lo dejan mal parado. Amalric es el dueño del circo.

El cuarto azul es aquel que sirve como espacio para los encuentros extramatrimoniales de ambos protagonistas, Julien y Esther. Compañeros de colegio, desatan algo que no consumaron en su pasado y de lo que carecen con sus respectivas parejas: una pasión descontrolada.

La trama se intensifica al cambiar el eje hacia el género policial. Así el film muta desde el desarrollo de una convencional historia de amor hacia un sinfín de interrogatorios sobre la misteriosa muerte del marido de Esther.

Por ser promocionada como un thriller erótico, La Chambre Bleue mínimamente debería tener una escena de sexo comprometida para respetar dicha clasificación. Por el contrario, apenas cuenta con un desnudo frontal de Amalric que no lo beneficia mucho y la escena inicial con muchos planos cortos recorriendo el cuerpo de los amantes.

En la búsqueda por identificarse con el cine del maestro del suspenso, Amalric ni siquiera lo logra con la utilización musical de una banda sonora con reminiscencias inmediatas a trabajos de Bernard Herrmann, compositor fetiche de Alfred Hitchcock.

calificacion_3

 

 

 

Mommy, de Xavier Dolan (Canadá, 2014 – Panorama Autores), por M.O.

Con apenas 25 años, Xavier Dolan se convirtió en un director con un culto entre el público de su edad. Su capacidad para retratar la juventud con un fresco vuelo poético se volvió su marca registrada. En Mommy sigue esa línea y cuenta otra historia dramática, aunque más oscura y violenta.

Diane (Anne Dorval) debe aprender a criar sola a Steve (Antoine-Olivier Pilon), su hijo adolescente, recién salido de un correccional de menores. El muchacho padece problemas psicólogicos, que incluyen síntomas de bipolaridad e hiperactividad; sin dejar de ser efusivo, puede reír mucho y, minutos después, golpear lo primero que encuentre… incluyendo a su propia madre. A ellos se sumará Kyla (Suzanne Clément), una vecina que tampoco es el colmo de la normalidad. Los tres conformarán una relación a veces divertida, a veces densa, siempre difícil e impredecible.

Para sumergirnos en el mundo de esos personajes, Dolan usa un formato cuadrado de pantalla, que se abre en momentos específicos, con fines narrativos. Como es su costumbre, también la música es esencial para la narración: esta vez suenan temas de Dido, Oasis (el tema “Wonderwall”, en una preciosa secuencia) y Lana del Rey, entre otros.

El desempeño de los tres protagonistas contribuye a sostener la historia. Ya habían trabajado con el director, lo que evidencia un entendimiento natural. En este film es Pilon quien tiene el desafío de componer a este joven que, a pesar de sus estallidos y de sus gestos incestuosos para con su madre, es sensible y cariñoso.

Si buscan un Xavier Dolan más arriesgado que de costumbre, pero que no pierde su esencia, Mommy saciará vuestros apetitos.

calificacion_4

 

 

 

Tu dors Nicole, de Stéphane Lafleur (Canadá, 2014 – Busco Mi Destino), por E.M.D’A.

Filmada en los melancólicos y hermosos 35 mm -y para hacerla más nostálgica aún, en blanco y negro-, el tercer largometraje del canadiense Stéphane Lafleur centra su relato en una casa con pileta ubicada en un pequeño pueblo de Quebec, donde Nicole pasa los días con su mejor amiga Veronique, -ambas veinteañeras-, mientras los padres de la primera están de viaje y su hermano mayor se instala a ensayar algunas canciones con su banda de rock, desordenando toda la casa para improvisar una suerte de estudio de grabación casero.

Podríamos trazar varios puntos en común entre las temáticas y el tratamiento estético de Lafleur y el cine de Ezequiel Acuña; comenzando por la melancolía que riega todo el relato, la construcción de los personajes, adolescentes inexpertos descubriéndose a sí mismos y empezando a relacionarse con su entorno, experimentando todo tipo de estados de ánimo. Además, el canadiense registra los momentos cotidianos que atraviesan las chicas, intercalándolos con algunas secuencias videocliperas que actúan como separadores entre escenas.

A través de diálogos precisos, chistes ingeniosos, como el de la voz prematuramente grave de Martín, y una banda sonora que aporta un aire de extrañamiento a todo el universo de Nicole -más allá de que ella misma es un personaje sumamente misterioso y extraño-, Tu dors Nicole combina su agridulce retrato de la adolescencia, con un humor en clave Rejtmaniana que funciona de principio a fin. Tierna, mágica y en fílmico.

calificacion_5

 

 

 

Naturaleza Muerta, de Gabriel Grieco (Argentina, 2014 – Las Venas Abiertas…), por M.O

Jazmín (Luz Cipriota), una joven y ambiciosa periodista de televisión, llega a un poblado para una nota sobre el efecto invernadero, pero enseguida se interesa por cubrir un hecho más llamativo: la misteriosa desaparición de una muchacha de la zona. Pronto dará con un heterogéneo grupo de personajes, algunos a favor del veganismo, otros cultores de la carne…y en el medio, más desapariciones y asesinatos.

Con larga trayectoria haciendo cortos, videoclips y avisos publicitarios, Gabriel Grieco se despacha con su ópera prima, en donde deja en claro su fanatismo y entendimiento del suspenso y del terror. La película mezcla una intriga en un ambiente rural –contexto que suele darles un clima especial a estas historias- y el cine slasher, ya que aparece un siniestro personaje del estilo de Leatherface, el asesino de El Loco de la Motosierra, con un inesperado propósito.

Luego de un prólogo aterrador y de un comienzo interesante, la película cae en una meseta de la que logra levantarse gracias a una serie de momentos impactantes y sangrientos. Luz Cipriota, toda una revelación como scream queen, en un elenco donde también aparecen Nicolás Pauls, Amin Yoma -también co-guionista y productor-, Juan Palomino y Nicolás Maiques.

Naturaleza Muerta es la prueba de que el género fantástico nacional no detiene su marcha. Y ahora, también con asesinos seriales veganos.

calificacion_3

 

 

 

Lago de Luciérnagas, de Florencia Iwabuti y Samir Marun (Argentina / Colombia, 2014 – Panorama del Cine Latinoamericano), por E.M.D’A.

Filmada a pulmón, de forma realmente independiente -todos los miembros del equipo técnico donaron sus salarios a la producción de la película y pagaron sus pasajes a Colombia para filmarla- la ópera prima de la argentina Florencia Iwabuti y el colombiano Samir Marun habla sobre dos hermanos, Tobías y Alfonso que viven en distintas partes de Bogotá y no mantienen relación alguna desde que la esposa y el hijo de Tobías fallecieron en un accidente.

Una película que podría ser vista como un gran fotomontaje en el que cada escena funciona como un pedazo de una fotografía que luego es completada -en algunos casos-por la siguiente y en otros nunca se nos mostrará aquello que faltaría para terminar de comprender qué relación tiene un personaje con otro, al igual que cuando miramos una fotografía donde aparecen personas que no conocemos. La de Iwabuti y Marun es una propuesta intimista y muy personal, marcada por las ausencias, el dolor y la obsesión, tanto en las rutinas de los personajes como en la puesta en escena de los directores, a los que no se les escapa ningún detalle visual ni sonoro.

Una invitación a observar, abrir todos los sentidos y ser capaces de vincularnos con la naturaleza y sus poderes curativos.

calificacion_4

 

 

 

Over Your Dead Body, de Takashi Miike (2014, Japon, Midnight Screamings), por Carlos Federico Rey

Miike y un espeso y frondoso melodrama construido por dos actores de un clásico de teatro kabuki que son amantes tanto en la obra como en la vida real. La rispidez y la solemnidad con la que Miike construye la introducción y el nudo de su película, casi al borde del bodrio de melodrama televisivo, queda completamente justificada cuando aparece el desenlace bestial: Ahí Miike saca el manual de su mejor cine animal e ilustra la pantalla con todos sus gadgets habituales: mujeres metiéndose cubiertos de cocina en la vagina para practicarse un aborto, bebes muertos colgando de un cordón umbilical, fantasmas vampiros que te muerden la yugular, miembros y sangre volando por los aires. El Japonés parece que película a película amplía su diccionario de imágenes de cómo imagina volar literalmente a los seres humanos, además parece informarnos que antes de un huracán de cine necesitamos un poco de aburrimiento, pretensión y solemnidad, para demoler a las mismas y que entendamos que el cine puede sacarnos de la más profunda de las modorras.

calificacion_3

 

 

 

Corazón Muerto, de Mariano Cattaneo (Argentina, 2014 – Las Venas Abiertas…), por M.O.

Dos matones secuestran a una chica. La mantienen cautiva en una fábrica abandonada, a la espera de nuevas directivas. Pronto descubrirán que no es una víctima cualquiera. La chica tiene algo. Algo que les costará caro, muy caro, a los agresores. ¿Y qué relación tiene esta trama con las idas y venidas de una joven pareja?

Corazón Muerto es la nueva película de Mariano Cattaneo, quien supo debutar con Incidente, que incluía zombies demoníacos y estética found footage. Su más reciente largometraje tiene un estilo más clásico, a pesar de uso de saltos temporales que permiten seguir cada trama. Aunque también conserva la tensión y pertenece al género de terror (hay episodios sobrenaturales, muertes gore y otras delicias perturbadoras), es una historia sobre amar demasiado, amar a extremos tenebrosos, amar más allá de todo.

Apoyada por un elenco exacto en cada personaje, de manera que podamos entender las motivaciones y oscuridades de cada uno, Corazón Muerto lleva a pensar en obsesiones, sin jamás renunciar a contar una historia tan sangrienta como impredecible.

calificacion_4

 

 

 

Open Windows, de Nacho Vigalondo (España/ Estados Unidos, 2014), por Emiliano Fernández

La cumbre del éxtasis

El delirio es uno de los componentes menos trabajados en el panorama cinematográfico contemporáneo, a pesar de que para muchos constituye una de las mayores alegrías que puede brindar el séptimo arte. Lamentablemente desde hace décadas los únicos quiebres verdaderos de la tradición objetivista del Hollywood más industrial llegan de la mano de propuestas festivaleras que casi siempre parecen cortadas con la misma tijera, en lo que podríamos denominar como un “mainstream patas para arriba” que suele homologar la falta de novedades con el facilismo de la inversión literal y la réplica de los mismos engranajes sardónicos de antaño, aunque hoy por hoy vaciados de contenido y con matices pomposos.

Resulta un tanto difícil delinear la efervescencia que arrastra consigo el inefable Nacho Vigalondo, un realizador que definitivamente se ha autoimpuesto como principal marca de estilo el trastocar la estructura de los géneros clásicos y/ o complementarlos en función de las fantasías cinéfilas más libertarias. Si bien Los Cronocrímenes (2007) continúa siendo su obra maestra a la fecha, aquella excelente reformulación de los viajes en el tiempo acorde al diapasón y la angustia del thriller, no es posible obviar la valentía detrás de Extraterrestre (2011), otra epopeya minimalista enajenada en la que una invasión alienígena quedaba en segundo plano frente a los correlatos de un triángulo amoroso y la poca tolerancia vecinal.

Sin embargo nada nos podría haber preparado para el arribo de su tercer opus, el primero en inglés, Open Windows (2014), una de las películas más maravillosamente absurdas de las que tengamos memoria. La premisa central gira alrededor del hostigamiento a Jill Goddard (Sasha Grey), una actriz clase B, por parte de Chord (Neil Maskell), un psicótico obsesionado con la señorita que decide utilizar al pobre de Nick Chambers (Elijah Wood) de chivo expiatorio. Vigalondo narra la historia a través de la manipulación informática de las “ventanas abiertas” del título, canalizando su locura vía una fotografía vertiginosa que juega con las tomas fijas, el fuera de campo, los planos detalle y un subjetivismo extremo.

Más allá de tópicos como el acoso mediático, la estupidez del público, el morbo de nuestros días, la patética parafernalia del marketing y la miniaturización de las tecnologías de control, aquí el español se muestra interesado en divertirse a expensas de los espectadores atomizando los esquemas temporales y toda certeza espacial. Mientras que la primera parte del convite parece ser una relectura aggiornada del Alfred Hitchcock modelo La Ventana Indiscreta (Rear Window, 1954), por supuesto con un fuerte dejo de Brian De Palma a cuestas, la segunda mitad profundiza el desvarío hasta niveles insospechados a partir de la introducción de un grupo de hackers franceses que confunden a Nick con un tal “Nevada”.

Como si semejante mejunje fuera poco, la presencia de Wood y Grey aporta un condimento inigualable que se traduce en una sensualidad por momentos naif, por momentos salvaje: la química a la distancia entre el ex El Señor de los Anillos (The Lord of the Rings) y la ex leyenda porno en gran medida “corrige” el cúmulo de baches narrativos, cabos sueltos y resoluciones disparatadas que el film va dejando deliberadamente en el camino al avanzar. En su tour de force a puro capricho y autoindulgencia, Vigalondo rompe los moldes de la previsibilidad y redondea un periplo lunático, en el que la cumbre del éxtasis cinéfilo es sinónimo de anarquía, lujuria visual y motivaciones finales que permanecen vedadas…

calificacion_4

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