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27.11.14
29° Fest. Int. de Cine de Mar del Plata

29° Fest. Int. de Cine de Mar del Plata – Día 5

Miércoles 26 de noviembre.

Llegamos a la mitad de semana. El festival se encuentra en su plenitud. Hay recambio de películas y de invitados, pero la pasión por el cine se mantiene intacta.

Las proyecciones continúan teniendo la presencia de los directores y el público acude a las salas.

Las figuras destacadas del día fueron dos figuras. Por un lado, Claire Denis, quien dio una master class en el Hotel Provincial. Allí habló sobre su obra, que actualmente puede ser redescubierta, o descubierta a secas, gracias al festival. La segunda gran figura es la diva nacional por excelencia: Mirtha Legrand. La otrora protagonista de clásicos del cine argentino –y hermana de José Martínez Suárez- visitó Mar del Plata con motivo de la proyección de La Patota, una de las películas de la retrospectiva dedicada a Daniel Tinayre, quien fuera su esposo.

¿Qué más pedirle a un evento que cada día ofrece algo al público ávido de cine?

 

La Vida de Alguien, de Ezequiel Acuña (Argentina, 2014 – Comp. Int.), por Elena Marina D’Aquila

La vida sería más linda si pudiésemos vivir dentro de una película de Ezequiel Acuña. Pero como no podemos, nos conformamos con verla en la pantalla grande para después poder llevarla en nuestro interior a todos lados.

Tuvieron que pasar cinco años para que el cine de Acuña volviera a entibiar nuestras vidas y nos trajera la primavera con La Vida de Alguien, una película que enamora. Su vuelta al cine trae consigo la reaparición de Santiago Pedrero, el mar como figura clave de sus películas, Mar del Plata en invierno, las ausencias –aquí, la de uno de los integrantes de la banda de rock imaginaria-, la torpeza y la inexperiencia adolescente, la importancia de la amistad, los estados de ánimo y el deseo, tan cambiantes como la marea.

No sería una exageración decir que Ezequiel Acuña probablemente sea el director argentino que más piensa el espacio que ocupa la música dentro de la ficción y que mejor sabe utilizar el poder expresivo que puede llegar a tener la banda sonora de una película. Es que la música, además de ser lo que atraviesa su cine, es esa vibración que mantiene vivos a los personajes, aquello que los moviliza; su lugar en el mundo.

Así como el tema “Inquieto” de Jaime sin Tierra era algo así como el lema de Nadar Solo, “Pupilas” de Mi pequeña muerte representaba la esencia de Como un Avión Estrellado y “Como si fuera el fin” era el corazón de Excursiones, el espíritu de La Vida de Alguien se asoma en la letra de la canción del último disco de La Foca que lleva el nombre de la película y dice: “Porque no hay más silencio que el que uno elige y cuando lo rompemos, rompemos más que eso” , algo que habla mucho sobre el cine de Acuña, en el que no hay una palabra ni un silencio de más. Un cine en el que la música se comporta como un elemento más del que hacen uso los protagonistas para conocerse, enamorarse y contarse sus vidas con la mirada, a través de las letras de cada una de las canciones.  En este caso, las melodías envolventes y evocadoras de La Foca desarman a cualquier espectador, que se queda indefenso ante semejante nivel de honestidad enternecedora, que no nos deja otra alternativa –y damos las gracias por eso- que integrar los latidos de nuestros corazones a la cadencia de los temas, que es la de la película. Cuando se fusionan estas dos potencias –imagen y sonido- en las secuencias musicales (que son muchísimo más que videoclips) adquieren la función de activadores de la memoria, desde nuestros peores miedos y frustraciones amorosas hasta las más mínimas pero significativas victorias personales.

Acuña va retratando a lo largo de sus films y a lo Apatow, diferentes generaciones y versiones de los mismos personajes mientras se reinventa a sí mismo, como la banda de la película, ahora con nuevos integrantes –caras frescas como las de Ailín Salas y Julián Larquier entre otros- pero manteniendo las viejas formas –la belleza incomparable del fílmico- que hacen juego con la melancolía de un relato que a su vez contiene a todos los anteriores, como si dibujara una radiografía sobre el paso del tiempo.

Y como Linklater –quizás el cineasta más obsesionado con el tiempo-, Acuña posee la habilidad de encapsular la cotidianeidad y los momentos más triviales –como agarrar una bola de bowling, ponerse los auriculares o regalar un chocolatín- para cambiarles la piel y revestirlos de algo más grande que el cine, algo mágico; casi como si de un encantamiento se tratara, los gestos más chiquitos e imperceptibles, -esos que pasan silenciosos por la vida pero que finalmente terminan marcándonos- adquieren de pronto delante de nuestros ojos, un sentido más profundo del que podemos llegar a entender en una primera visión, hasta convertirse en fundamentales. Pero esa cualidad no es la única que comparte con el director que conquistó nuestros corazones con la saga de amor de Celine y Jesse; aquí, y como sucede frente a cualquier película de Linklater, nuestra percepción del tiempo es alterada durante los 92 minutos que dura la película en los cuales la abstracción es total: somos el personaje de Nadar Solo en el fondo de una pileta donde no existen las dimensiones de tiempo y espacio y por más fuerza que hagamos para permanecer en ese momento y querer que dure para siempre, no podremos impedir que llegue a su fin. Pero lo bueno –por suerte- es que La Vida de Alguien forma parte de ese puñado de películas que no tienen principio ni fin; esas que dan la sensación de estar empezadas cuando comienzan y que podrían seguir y seguir extendiéndose con una duración infinita; porque los personajes, las situaciones y las canciones se hacen indispensables para nuestras vidas, como el tema favorito de una banda que nos acompaña como un loop durante las diferentes etapas que atravesamos.

La Vida de Alguien está hecha de esos momentos que se viven una sola vez pero se puede pasar toda una vida reviviéndolos, esos que duran lo que la arena entre los dedos pero nos hacen quienes somos.

calificacion_5

 

 

 

Yo sé lo que Envenena, de Federico Sosa (Argentina, 2014 – Comp. Arg.), por Matías Orta

La amistad, la amistad contra todo y contra todos. Un valor que cada vez se vuelve más difícil, más lejano. Pro no es así para los tres protagonistas de Yo sé lo que Envenena, la ópera prima de Federico Sosa.

Iván (Federico Liss) trabaja en un taller mecánico, pero toca en una banda –cuando quiere o puede- y sueña con ser telonero de su ídolo absoluto y referente de vida: Ricardo Iorio, vocalista y principal ideólogo de la legendaria banda de heavy metal Almafuerte. Chacho (Gustavo Pardi) va de casting en casting; sueña con ser un gran actor como su adorado Marlon Brando. Rama (Sergio Podeley) se la rebusca como repartidor, pero su atención está puesta en Lucy (Valeria Correa), la empleada de una veterinaria, y para conquistarla, se empapará en el mundo de los peces. Tres amigos, tres sueños, tres luchas por ser felices.

Se trata de una comedia sobre la actual generación de treintañeros; una etapa en la ya no se es tan joven, y conseguir los objetivos anhelados parece cada vez más difícil… pero no imposible. Si bien cada uno de los protagonistas tiene un carácter diferente, los tres despiertan ternura y empatía, y resulta imposible no acompañarlos durante sus peripecias.

Sosa (quien, junto a su equipo, filmó de manera independiente) maneja con habilidad los momentos desopilantes, y sabe ponerse un poco serio cuando corresponde, y más teniendo en cuenta que el trasfondo real de la historia es dramático. Vale recordar que el director viene de desempeñar la misma tarea en la serie Germán, Últimas Viñetas, de Flavio Nardini y Cristian Bernard, quienes, a su vez, supieron hacer otra emblemática película sobre tres amigos luchadores: 76 89 03.

La película no sería lo que es sin el trío principal. La química entre Sergio Podeley, Gustavo Pardi y Federico Liss hace creíble y genuina la relación entre estos antihéroes cotidianos. Cada uno complementa al otro, y el espectador podrá identificarse con al menos uno de ellos. Además de Valeria Correa, los acompañan Florencia Otero, Ezequiel Tronconi, Marta Haller, Claudio Rissi y Ariadna Asturzzi.

Yo sé lo que Envenena saca una buena cantidad de carcajadas y también recuerda que, sin importar los contratiempos, sin importar el que dirán, vale la pena dar pelea por lo que uno ama.

calificacion_4

 

 

 

Favula, de Raúl Perrone (Argentina, 2014 – Comp. Lat.), por Ernesto Gerez

Hoy en día vuelven a ser peligrosos Murnau y Dreyer, o la vanguardia rusa de Kuleshov y Pudovkin. Eso piensa Perrone, quien le saca las telarañas al viejo cine mudo europeo porque lo ve mucho más rabioso que las producciones actuales. El cuentito listo para el consumo lo tiene sin cuidado. Le mete el dedo ensalivado en la oreja a los posmodernos que se masturban con la narración clásica y el 35mm. Él no; para él todo eso está muerto. Entonces nos presenta su Favula, con cumbia psych, injertos, caleidoscopios infernales, tiros y leones. Una película psicodélica en la que se nos propone un viaje que nosotros como espectadores debemos completar. Un idioma único con voces grabadas al revés. Plástica y poesía al servicio del mundo audiovisual. Y la convicción de que no hace falta presentar monólogos sobre el mundo para dar una idea de él; porque aunque Perrone quiera ser un antiautor, su visión del cine (¿y del mundo?) continúa firme, aunque mediante métodos que nada tienen que ver con la firmeza de los juicios únicos y totalitarios. Favula corre los riesgos de la real independencia, esa que se ve poco en el mundo de los simpáticos lobbystas.

calificacion_4

 

 

 

Perro Molina, de José Celestino Campusano (2014, Argentina – Comp. Int.), por E.M.D’A.

Con un guión previo a Vil Romance -su ópera prima- y filmada en Marcos Paz, Campusano vuelve a demostrar su interés en realizar películas inspiradas en hechos reales como hizo en Fantasmas en la ruta –sobre el tema de la trata de mujeres- incorporando nuevos aspectos técnicos a las viejas formas, que le otorgan una imagen más estilizada y menos rústica que en las anteriores producciones; como el uso de la grúa, steadycam y cámara Red One.

La quinta producción de Campusano, es también la más clásica de sus películas. No sólo en cuanto a su estructura sino también a la cercanía con géneros como el policial y el western, así como el coqueteo con la buddy movie en determinados momentos de la relación maestro-alumno entre Molina y su nuevo compañero -maestro y alumno- que se irá desarrollando a lo largo del metraje.

Una vez superada la instancia inicial en la que algunos diálogos suenan recitados, lo que nos hace entrar y dejarnos llevar por la historia un poco más tarde que lo habitual, la película va cobrando fuerza y los personajes se vuelven verosímiles y cercanos; incluso más de lo que como espectadores, quisiéramos. Porque los protagonistas que construye Campusano, por más dilemas morales que presenten, siempre nos producen empatía;  lo que genera que nos cuestionemos todo aquello en lo que creemos.

En el cine de Campusano, el amor es lo que mueve a los personajes y los lleva a sus trágicos desenlaces como si de un destino inexorable y borgeano se tratara; tipos duros –pero que también lloran-, capaces de matar a sangre fría –acá la violencia es mucha y es cruda pero también seca y setentosa- y a la vez mantener ciertos códigos de barrio a rajatabla, en un mundo donde cada vez se vuelven más obsoletos.

El debutante Assís Alcaraz -hay que destacar que no es actor sino que asistía al secundario junto con el hijo del director, como una suerte de niño-guasón diabólico-, nos da una clase de actuación con la construcción de su personaje de un adolescente esquizofrénico utilizado por un comisario corrupto para deshacerse de quién se le ordene.

Con la misma pasión y urgencia por filmar que siempre lo ha caracterizado, Campusano sigue sorprendiéndonos -y nosotros celebrándolo- con un relato tan tierno como violento, genuino y latente.

calificacion_4

 

 

 

Ventos de Agosto de Gabriel Mascaro (Br abordasil, 2014, Comp. Int.), por Emiliano Román

Un bellísimo pueblo rural y costero en las playas de Pernambuco, estado del Noreste brasilero, es el principal protagonista de este film, que aborda con un ritmo pausado y planos largos, la vida de sus habitantes, inquietudes, descubrimientos y lazos humanos.

La película está dotada de una hermosa fotografía que retrata los escenarios naturales de ese increíble lugar en el mundo. Esto va ocupando gran parte del relato para luego adentrarse en la subjetividad de sus protagonistas: Shirley y Jason, dos jóvenes novios, que cada quien debe cumplir con cierto rol que le asigno el destino de sostener a sus antecesores en el árbol genealógico, sin posibilidad de elección en cuanto a su propio deseo.

Un cadáver encontrado en fondo del mar, sirve para que algo de la decisión personal aflore, en el medio de todo esto se anuncian catástrofes climáticas por unas fuertes ráfagas vientos que se avecinan. Una película minimalista, con una fuerte impronta realista, sin actores profesionales, le dan ese carácter de realidad casi documentada. La ficción se va tomando su tiempo, el conflicto demora en aparecer, pero esto si bien este rasgo lo torna un tanto lento, no deja de enternecer la vida de estas personas que con tan poco puede llegar a ser tan rica, en cuanto a sensibilidad y reflexión acerca del mundo, la vida y la muerte.

calificacion_3

 

 

 

Alma Salvaje, de Jean-Marc Vallée (Estados Unidos, 2014 – Panorama Autores) por E.R.

El último trabajo del famoso realizador canadiense (C.R.A.Z.Y., Dallas Buyers Club). Se trata de una biopic que aborda el viaje a pie que hace Cheryl Strayed por la costa del Pacífico, desde México hasta Obregon.

Remitiéndonos a Into de the Wild, la chica también se despoja de gran parte de la civilización para realizar este largo tramo a pie, atravesando caminos peligrosos, desiertos, nieves, montañas y con todas las dificultades y riesgos de vida que esto conlleva. La película tiene un buen ritmo, realmente hacemos la travesía con Sheryl, y nos encantamos con los paisajes naturales gracias al maravilloso trabajo fotográfico, pero la naturaleza no es sencilla y la cosa se dificulta más de lo pensado.

Pero el verdadero peligro de la mujer, no es la salvaje geografía, sino su pasado no resuelto, que se basa en un duelo traumático por la muerte de su madre producto de un vínculo bastante simbiótico y todo lo que esto desencadenó. Allí es donde la narración adquiere debilidad, numerosos flashbacks sobre-explicativos y algunas cuotas de emotividad innecesaria.

De todos modos la película cumple con creces, gracias a un punto fuerte que es el trabajo interpretativo de Resse Witherspoon, que con esta actuación tiene muchas fichas para recibir nuevamente una nominación al Oscar, y a pesar de algunas fallas menores, el relato es absolutamente disfrutable en casi todo el camino.

calificacion_4

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