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04.10.13
4º Festival de Cine Escandinavo

4° Festival de Cine Escandinavo – Crítica – A Funny Man

A Funny Man (Dirch, Dinamarca 2011)

Dirección: Martin Zandvliet. Guión: Anders Frithiof August, Martin Zandvliet. Elenco: Nikolaj Lie Kaas, Lars Ranthe, Lars Brygmann, Malou Reymann. Producción: Mikael
Christian Rieks
. Duración: 110 minutos.

The show must go on

Dirch Passer fue un
popular actor cómico danés que durante décadas hizo reír a gran parte de la
sociedad nórdica, colmando noche tras noche las salas teatrales donde presentaba
sus espectáculos. Su vocación era tal que murió en un hospital luego de sufrir
un paro cardíaco en un escenario. El film de Martin Zandvliet es una
interesante biopic que intenta recrear la vida del famoso comediante, desde los
años cincuenta hasta su muerte en 1980. El resultado fue una de las películas danesas
más taquilleras de los últimos tiempos, la cual recibió varios premios y nominaciones
de la academia de cine de su país. Parece que Dirch es un mito en Dinamarca y
su figura sigue convocando miles de admiradores.

El fuerte de la
historia es la interpretación protagónica de Nikolaj Lie Kaas, que arrasó con
cuanto premio se entregó por esas latitudes. Es que si uno se toma el tiempo de
buscar videos de Dirch Passer por la web, va a reconocer el enorme trabajo
actoral de Lie Kass, quien reproduce a la perfección los modismos, gestos y
tono de voz del famoso comediante.

El relato hace mucho
hincapié en la relación de Dirch con Kjeld Petersen (Lars Ranthe), su
co-equiper y amigo, con quién formó un dúo cómico que fue furor en sus primeros
años de estrellato. A pesar del fuerte vínculo que los unía, la relación tuvo
muchas idas y vueltas, sobre todo cuando el talento y carisma de Dirch eclipsó
la figura de Kjeld. También se repasan las distintas relaciones amorosas, su
adicción al alcohol, sus rasgos melancólicos y la añoranza por interpretar un
papel dramático, obstaculizado por sus representantes por temor a perder la “gallina
de los huevos de oro”.

Hay muchas escenas
donde se exhiben las innumerables puestas teatrales donde provocaba carcajadas
en el público asistente. No obstante, es un humor muy distinto al nuestro, y si
bien se puede apreciar el talento innato de Dirch, los números no causan mucha
gracia en nosotros. Este mismo aspecto de distancia cultural y de
desconocimiento del personaje abordado, hace que narrativamente la película
tenga algunas lagunas: por momentos la historia no termina de atrapar y se torna
un poco aburrida, lo cual hace perder un poco el hilo narrativo.

Un punto fuerte del
film es su montaje, en el que se destacan bellas secuencias oníricas, números
musicales y la ductilidad de los planos. Dotada tambien de un notable trabajo
de fotografía, la cinta tiene momentos de gran calidad visual que logran capturar
el espíritu nostálgico del cómico. A pesar de abordar la vida de una celebridad
regional totalmente desconocida por estas tierras, la película -con sus
vaivenes- no deja de ser una experiencia interesante que invita a conocer una vida
que osciló entre las risas y la melancolía.


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