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16.10.13
51° New York Film Festival

51° New York Film Festival – Día N°11 – All is Lost

Cobertura
exclusiva desde NY por Carla Cuesta

En All
is Lost
, la historia que nos cuenta el director J.C. Chandor es bien
simple: un hombre, cuyo nombre no sabemos, se encuentra en medio del océano
índico cuando su velero choca contra un container varado en altamar. Con su
radio e instrumentos de navegación inutilizados por el agua, nuestro hombre se
mete accidentalmente en una tormenta, a la cual a duras penas sobrevive.
Utilizando solamente mapas y un sextante, intenta llegar a alguna ruta
marítima, para quizá detener algún barco. Pero pese a su astucia e intuición de
marinero, pronto las circunstancias serán demasiado para él, y se verá cara a
cara con la muerte. La simpleza de la línea argumental permite explorar un tema
mucho más profundo: qué nos lleva a seguir adelante, la fragilidad de la vida,
el lugar del hombre frente a la naturaleza.

Desprovista casi totalmente de diálogo, todo
el peso de la película recae en su único personaje, interpretado por Robert
Redford, a quien seguimos a lo largo de su lucha por la supervivencia. Dotado
de un excelente estado físico, Redford casi no usa dobles, y resulta creíble
como marino. La simpleza de su expresividad, y la ingenuidad con la que
enfrenta las infinitas contingencias que se le presentan, vuelven su odisea
tanto más conmovedora. Acomete contra todas las circunstancias sin quejarse,
por lo cual su única línea de diálogo, en el único momento en que expresa su
desesperación, resulta muy poderosa y desgarradora.

Nuestro hombre parece estar bastante
desapegado del mundo: salvo por una llamada al principio, en la cual hace
referencia a lo que podría ser su familia, no parece estar demasiado atado a la
vida en tierra firme. Por lo tanto, su lucha por sobrevivir parece una cuestión
de puro instinto. O como dijo Redford en la conferencia de prensa, “cuando todo
está perdido, algunos siguen adelante porque es lo único que les queda por
hacer”.

El océano es casi un personaje más en la
película: impredecible, siempre en estado de cambio, casi infinito, presenta
obstáculos y desafíos para nuestro hombreena cada giro de la historia. En
varios tramos, sus sonidos son lo único que se oye, con lo cual también tiene
su propia voz. A su sonido real se suma la maravillosa composición del músico
Alex Ebert, que evoca los sonidos de las ballenas y otros mamíferos.

Da gusto encontrar una película como esta,
que claramente es el resultado de la pasión, del deseo de tomar riesgos y
evitar lo convencional. Realizada con presupuesto comparativamente bajo,
sorprende su excelencia técnica y detallismo. Pero quizá su mayor acierto sea
evitar los golpes de efecto, confiar en el poder de la historia, y dejar que
sea lo extremo de las circunstancias lo que nos conmueva.

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© A SALA LLENA.