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22.09.12
60° Festival de San Sebastián

60º Festival de San Sebastián – Jornada 1: Arbitrage / Blancanieves

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Cobertura exclusiva desde San Sebastián, por David Garrido Bazán

Una colosal Blancanieves eclipsa a Gere y Sarandon en el arranque

Hace ahora justo un año les contaba la maravillosa experiencia que supuso para este cronista descubrir El Artista en la maravillosa sección de Perlas de Zabaltegui. La película de de Hazanavicious, un hábil e irresistible homenaje a los comienzos de Hollywood, salió triunfante en su apuesta por la emoción y sencillez de un producto hecho con un innegable encanto que superaba limpiamente las barreras tanto del cine mudo como del blanco y negro.

Mientras esto sucedía por el mundo y los franceses se hinchaban a cosechar Oscar, un director español, Pablo Bergér, que ya en el 2003 dejara muy buen sabor de boca con Torremolinos 73, un debut de lo más estimable, le daba los últimos toques a un proyecto desarrollado en paralelo en el cometía la osadía de versionar  de forma muy libre el cuento clásico de Blancanieves, ambientándolo en la España de los años 20, convirtiendo a su protagonista en la descendiente de un torero y una folklórica (!), a Maribel Verdú en una muy perversa madrasta y los enanitos del cuento en… bueno, si no se lo han imaginado a estas alturas, mejor no les estropeo la sorpresa. Todas las noticias previas a su pase de prensa en San Sebastián eran positivas: la Academia la ha situado en su terna de favoritas para representar a España en el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa – junto a Grupo 7 y El Artista y la Modelo, curiosamente también a concurso en San Sebastián – y los que ya la habían visto hablaban en su mayoría de una joya que iba a sorprender a más de uno.

No andaban desencaminados: la peculiar Blancanieves de Berger es una propuesta descomunal que tiene la audacia de tomar todos y cada uno de los tópicos que cualquier extranjero puede asociar con nuestro país y mezclar dichos elementos con los referentes propios del cuento que todos conocemos. Es esa España negra y folklórica, la vieja piel de toro  de guitarra y palmas, donde Berger despliega una película repleta de imaginativas soluciones visuales y homenajes cinéfilos. Su puesta en escena es barroca y expresiva, su potencia visual, simplemente arrolladora, su encaje con una BSO que lleva al espectador en volandas por los recovecos emocionales de la historia, impecable, su trabajo de montaje, tan excepcional como brillante. Y el reparto, liderado por una Maribel Verdú a la que se le nota en cada plano lo bien que se lo ha pasado dando rienda suelta a la maléfica perversidad de su personaje, simplemente magnífico. Cada detalle de la película, desde esa maravilla de dirección artística capaz de convencernos de que un cortijo resulte tan amenazador como el castillo de Drácula o que el espectáculo ambulante de los enanitos derive en un particular homenaje a los freaks de Todd Browning, se conjuga para crear una película que hasta hila tan fino en su guión que se busca la vida para que un tema tan delicado fuera de nuestras fronteras como es el mundo del toro lime sus aristas más polémicas y se haga accesible hasta al más animalista. Animal sería si no se diera cuenta de la grandeza de la película que ha parido el genio de Berger.

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Después de esa exhibición de talento, se borraba rápidamente en la memoria la otra propuesta a concurso del día. Y eso que había contado con Richard Gere y Susan Sarandon en vivo y en directo para defenderla. Arbitrage, que en España se llamará El Fraude pretende en que nos identifiquemos con uno de estos peces gordos de las finanzas que en su afán de querer tragar mucho más de lo que puede digerir se va metiendo sucesivamente en una serie de líos que van desde lo extramatrimonial hasta lo criminal mientras intenta no acabar con sus huesos en la cárcel y negociar una salida airosa del callejón sin aparente salida al que le ha conducido su avaricia. O su simple forma de navegar en tan procelosas aguas porque lo que viene a decir la película de Nicholas Jarecki es que todo en esta vida es negociable, comprable o vendible, aun lo más íntimo.

Pese a su corrección formal y lo bien que está su reparto en general uno no puede generar demasiadas simpatías hacia una película bastante inane. Más que nada porque desarrollar en estos tiempos  de crisis la más mínima de las simpatías por un personaje cuyas preocupaciones son no perder cientos de millones de dólares y no como levantar la hipoteca o llegar a fin de mes cuesta como bastante. La verdad es que no solo te importa un pito lo que le suceda a semejante personaje sino que en el fondo lo que de verdad quieres es que lo metan en la cárcel, no que se salga con la suya. Bastante se están saliendo con la suya ya en estos tiempos.

Blancanieves

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Arbitrage

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