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25.05.13
66° Festival de Cannes

66° Festival de Cannes – Diario N°4

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Cobertura
exclusiva desde Cannes por Jose Luis De Lorenzo y Cecilia Martinez

Lunes 20
de mayo

SELECCIÓN
OFICIAL:

The Great Beauty, de Paolo Sorrentino

Con una
gran obra como Il Divo y la
olvidable This Must Be the Place,
Sorrentino vuelve a escena con “la” propuesta italiana del festival. El film
aborda temas como la soledad, la melancolía y la llegada de la vejez dentro de
un grupo de adinerados habitantes de la ciudad de Roma. Fiestas diarias,
excesos, mujeres, la lucha por quitarse años con botox, son algunos de los
tantos temas que el personaje principal, un escritor con tan solo una novela en
su haber, transita. La Grande Bellezza
también ahonda en temáticas religiosas; hacia la segunda parte del relato, hay
un creciente descreimiento y una necesidad de sinceramiento. La ciudad juega un
rol importante, como todos los personajes que entran en escena, gracias a su
belleza constante. Estamos ante uno de esos films que pueden tener igual
cantidad de detractores que defensores.





UN
CERTAIN REGARD

En
Competencia:

L’Inconnu Du Lac, de Alain Guiraudie. Por Cecilia
Martinez

Playa en
el medio de la nada, lago, bosque, lugar de levante, gays que cogen y una trama
policial que involucra un crimen. Así podría resumirse esta película del
director francés Alain Guiraudie.

Pero no, A Stranger by the Lake es más que eso.
Mucho más.

Algunos
criticaron el sexo explícito de la película, con lo que estoy en total
desacuerdo, esencialmente porque la naturaleza de la película es en sí
primitiva, salvaje: el hombre en estado genital puro, el hombre que elije este
espacio como oasis natural en donde encontrar gente como él, coger sin
conocerse, sin siquiera saber el nombre del otro. Y así una y otra vez.

El hecho
de que la rutina –devenida en ritual- se repita una y otra vez, de la misma
forma todos los días, no le quita efecto ni encanto a la película, que termina
siendo encantadora justamente por eso, por la repetición de aquello que nos
resulta, al principio, novedoso y ajeno, pero que terminamos esperando con
ansias: esperamos que llegue la mañana, esperamos el plano general de los
autos, estacionados siempre en el mismo lugar, esperamos que los hombres se
paseen en bolas por la playa, que naden, que se pierdan entre los arbustos del
bosque y que cojan, como debe ser, como es en realidad, no como se muestra en
la mayoría de las películas. Acá hay pitos, acá hay culos, hay acabadas en
pantalla, pajas y todo lo que tiene que haber, y está bien que así sea.

En medio
de todo, dos historias de amor: una, puramente sexual, entre Franck y Michel,
en la que el segundo esconde un oscuro secreto que el primero conoce y que,
producto de una extraña fascinación y morbo, decide dejar a un lado y
entregarse a él con todo su ser. Y otra historia de amor, acaso la más sutil a
la vez que trascendental, entre Franck y Henri, una relación de amistad pura,
de camaradería, expresada en pequeños gestos que lo dicen todo, como pasar un
rato del día juntos, sin importar lo que piense el resto, o mantener charlas
que transmiten amor y preocupación por el otro, un amor inusual en este
contexto regido por lo ocasional, entre un hombre heterosexual que, después de
una primera experiencia homosexual placentera, quiere volver a estar con
hombres, y un homosexual que se siente atraído hacia el primero, pero no
sexualmente sino por el solo hecho de disfrutar de su compañía. 

Una
película bella, simple y, sobre todo, honesta y sumamente humana. Una pequeña
joya que, injustamente, pasará bastante desapercibida por el Festival.


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As I Lay
Daying,
de James Franco. Por
Cecilia Martinez

En As I Lay Dying –o en su intento infructuoso de llevar a la pantalla grande una obra
del inmenso William Faulkner– James franco se convierte en un sub-sub Malick,
con todo lo que esa afirmación implica.

Para
empezar, Franco se encapricha en dividir la pantalla en dos de forma
completamente aleatoria, sin ningún tipo de lógica o criterio, tal vez en un
intento de emular las distintas voces narradoras de la novela original. Toda la
película está contada mediante esta recurso absurdo, que nada aporta a la
trama, una trama, cuanto menos, aburrida y tediosa, con aires de superioridad y
pretenciosidad, y cuestionamientos pseudo-filosóficos del estilo “se necesitan
dos personas para que nazca una, pero una sola para morir”, que James Franco se
repite una y otra vez sin sentido.

Una
muerte, un cajón que parece nunca llegar a destino y una familia sumamente
disfuncional que avanza por los poblados de la zona rural de Mississipi. En
resumen, un film aburrido, pretencioso e inútil. William Faulkner seguramente
se está revolcando en su tumba.

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