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04.09.12
69° Festival de Venecia

69° Festival de Venecia – Crónica N°1: The Master / To the Wonder

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Cobertura exclusiva desde Venecia por Sergio Miguel Napoli

Lunes 3 de Septiembre

Basta con llegar al Lido de Venecia para advertir que este encuentro de cine ha vivido tiempos de mayor esplendor. Los años cincuenta y sesenta son solo un grato recuerdo y se advierte cierta nostalgia por épocas pasadas y por la primacía pedida en manos de Cannes y Berlín.

Contra esta sensación intenta luchar Alberto Barbera, que este año comienza su segunda etapa a cargo de la dirección del festival. Para ello impulsó una renovación en la estructura de “La Mostra”, con la reducción del número de películas exhibidas, la incorporación -al mejor estilo Cannes- de una sección dedicada a los clásicos del cine restaurados y la apertura de un mercado de filmes donde productores, directores y otros agentes pueden reunirse a comprar o vender películas, en producción o ya terminadas.

Más allá de estos cambios, lo cierto es que en la sección Venecia 69, es decir, la de competencia oficial, se presentan nombres de importancia, como Brian De Palma, Terrence Malick, Paul Thomas Anderson, Takeshi Kitano, Marco Bellocchio o Kim Ki Duk. Sin embargo, pese a ello, hasta ahora tan solo hemos tenido, con excepción de Kitano, decepciones.

Tal es el caso de The Master, la película de Paul Tomas Anderson. El director de Petróleo Sangriento se detiene en la relación que se establece entre un soldado alcohólico, y bastante perturbado (Joaquin Phoenix), que regresa a los Estados Unidos luego de haber combatido en la segunda guerra mundial, y el carismático líder de una secta (Philip Seymour Hoffman) que decide acogerlo en el seno de la comunidad que dirige. Con claras referencias al nacimiento de la Cienciología, esa suerte de pseudo-religión que tantos adeptos tiene en el mundo de Hollywood, la película naufraga en la intrascendencia, se pierde en líneas argumentales que no conducen hacia ninguna parte e intenta sostenerse en un duelo actoral (Phoenix-Seymour Hoffman) que se transforma en una patética competencia de sobreactuaciones que, sin quererlo ni buscarlo, caen en lo grotesco, sobre todo en el caso de Phoenix. Ni siquiera la hermosísima escena inicial resulta un aliciente en un film por demás anodino.

Pero la decepción mayor estuvo a cargo de Terrence Malick, cuya película sufrió los silbidos de un público “aplaudidor” (a veces en forma exagerada) como lo es el de este festival. Más allá de que siempre resulta difícil entender las razones que llevan al espectador, o a un crítico, a sentir la necesidad de silbar una película, lo cierto es que, en el caso de To the Wonder es posible comprender el enojo que pudo ocasionar en aquellos que presenciaron su premier mundial. Es que, al igual que ocurría con El Arbol de la Vida, Malick resulta excesivamente pretencioso y grandilocuente, no ya para hablar del sentido de la vida, sino para contar una simple historia de amor o, para ser más precisos, de desamor. En este caso, la de una pareja conformada por una mujer francesa (Olga Kurylenko) y un estadounidense (Ben Affleck) cuya relación pasa por distintas etapas en ambas márgenes del océano Atlántico. No es posible negar que cada escena, cada plano de la película son de una desbordante belleza, casi hipnótica. Sin embargo, Malick se empeña en arruinar este goce visual con largos parlamentos en off, con un tono afectado que resulta, por momentos, intolerable y su finalidad explicativa, verdaderamente incomprensible. A ello hay que sumar cierto mensaje ecologista, una música pesada y reiterativa y, por si fuera poco, las permanentes danzas, cual bailarina clásica, de la Kurylenko. Muy a mi pesar, comienzo a convencerme de que las próximas películas de este gran director solo podrán disfrutarse si la proyección es sin banda sonora.

Pero no todo es desalentador en Venecia, principalmente porque aun en los peores momentos, siempre tendremos al “maestro” Kitano para rescatarnos. Pero Outrage Beyond será objeto de la próxima crónica.

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