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06.09.12
69° Festival de Venecia

69° Festival de Venecia – Crónica N°3: Après Mai / Spring Breakers

Cobertura exclusiva desde Venecia por Sergio Miguel Napoli

Miércoles 5 de Septiembre

La segunda crónica se había cerrado con menciones a Oliver Assayas y a Harmony Korine y con ellos empezaremos esta tercera reseña.

Après Mai es, como su nombre lo insinúa, la película que Assayas dedica al mayo francés. Muchos por aquí se preguntaban si era necesaria otra versión cinematográfica sobre la generación que revolucionó a París y al mundo a fines de la década del sesenta. El director francés le demostró a esas almas dubitativas que todavía es posible abordar el tema y no morir en el intento.

Probablemente se trate del film menos personal de Assayas que, sin embargo, logra trasmitir el clima de época y la ebullición política y hormonal imperante, a partir de las vivencias de un grupo de adolescentes de colegio secundario que, en 1971, pretenden hacer su propio camino, tanto desde la militancia partidaria como desde las distintas movidas artísticas.

Aun cuando provengan de diversas vertientes ideológicas, a todos los une la necesidad de cambiar el orden establecido y la más profunda convicción de que ello es posible. Escriben artículos, se manifiestan en las calles, pintan, filman, hacen todo, para acabar con las instituciones burguesas, representadas por sus padres y por casi todos los adultos.

Se trata de una película de estructura y narración convencional, más sentida que pensada, transparente, como lo son los jóvenes retratados, que podrían ser los héroes de cualquier novela romántica. En particular, Gilles (Clement Mètayer) que a su participación política y su veta artística suma una particular relación amorosa con la etérea Laura (Carole Combes). Será justamente él en quien más claramente se verá reflejado el esplendor y ocaso del movimiento sesentista. Especialmente cuando, luego de un viaje iniciático por Italia, vuelva a la realidad y se vea incorporado, poco a poco, en ese sistema que quería destruir.

Assayas no adopta una visión nostálgica que se lamenta por la desaparición de un tiempo mejor ya perdido; por el contrario, celebra esos años mostrando sus profundas contradicciones.

Párrafo final para la acertadísima elección de los intérpretes, un grupo de jóvenes y poco conocidos actores que aportan una frescura y naturalidad sin la cual el film podría haber desarrancado.

También los adolescentes son el eje de Spring Breakers, de Harmonie Korine, película en la que cuatro estudiantes amigas deciden cumplir su sueño e ir a Florida a disfrutar del springbreak, esa suerte de mini vacaciones de primavera en la que los universitarios estadounidenses se lanzan en masa a las costas del “Sunshine State” con el único objeto de emborracharse, tener todo el sexo posible y cometer todos los excesos que durante el resto del año no se permiten.

Claro que las vacaciones de estas bellas chicas en bikini tienen sus particularidades y van escalando en intensidad, nihilismo y violencia hasta superar cualquier límite imaginable. En esta tournée, que acumula pandilleros, dealers, borrachos, bikinis, tetas y sangre, Korine hace su versión trash de Natural Born Killers, Scarface y Miami Vice, con toques de Russ Meyer.

Y se da, y al mismo tiempo nos da, todos los gustos. Afea hasta el ridículo al “carilindo” James Franco, pone en el rol de chicas malas y viciosas –en todos los sentidos imaginables- a dos estrellas de Disney (Selena Gómez y Vanessa Hudgens) y musicaliza con una balada de Britney Spears uno de los momentos de violencia más desenfrenada de toda la película. Todo esto hace de Spring Breakers una disfrutable fiesta pop en la que lo sensorial se impone por sobre los diálogos o cualquier aspecto narrativo.

En un festival en el que la seriedad viene siendo la regla, la película de Korine es un refresco indispensable.

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