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12.06.14
Asterisco Fest

Asterisco Fest – Segunda parte: críticas

The Vampire Lovers, de Roy Ward Baker (Reino Unido, 1970 – La Piel que Habito, Vampiras Lesbianas y Otros Monstruos Homoeróticos)

Basada en la novela de Sheridan Le Fanu Carmilla, se pudo exhibir en este festival esta película de culto, estrenada en 1970, pero que no se tuvo la oportunidad de verla en pantalla grande por estas latitudes.

Con el estereotipo del cine de terror, pero con algunas variaciones de Drácula, The Vampire Lovers es un largometraje que si bien resulta absurdo e insólito por momentos, termina siendo una delicia que se disfruta de principio a fin.

No importa que el guión esté llenos de lagunas y posea una pobre estructura narrativa, tampoco importa que las actuaciones sean bastantes flojas y estereotipadas, la historia en sí es una locura adorable. Marcilla es un joven que llega a un palacio y se debe quedar porque su madre (que no sabemos de dónde salió), debe partir. Allí, como huésped comienza a seducir a la hija del conde, y luego a cuanta mujer atractiva se le cruce por delante. Marcilla, que luego será Carmilla es una vampira claramente lesbiana, tan seductora que ninguna mujer puede resistirse a sus encantos.

Claro está que si bien por la época, el discurso es un tanto peligroso, porque este bello y sexual monstruo es una clara amenaza a lo heteronormativo y a la sociedad patriarcal. De todos modos, el film es imperdible para los amantes del género y para los que no lo somos tanto, ya que tenemos garantizada unas cuantas carcajadas.

 

Pierrot Lunaire, de Bruce La Bruce (Alemania / Canadá, 2014 – La Piel que Habito, Homocore)

El film está inspirado en hechos reales, y en la Ópera compuesta por Arnold Schoenberg. Narra la historia estructurada en formato de cine mudo, dividida en actos, blanco y negro con algún fotograma color, pero sonoro, de un hombre trans que se fascina por un gogo dancer.

A pesar de ser de corta duración (56 mínutos) el film es extremadamente lento, y el realizador de la maravillosa Gerontophillia, decae en su intento experimental, haciendo una obra con tintes operísticos y surrealistas, que son básicamente tediosos.

El conflicto entre el personaje central, la admiración del pene, y la relación con su padre es trasladado de forma caótica, a pesar del intento poético. Resulta más interesante el tramo final, donde se va desencadenando la tragedia y el film adquiere la intensidad no encontrada los minutos anteriores.

Por más que allá buenas intenciones, e interesantes ideas, el producto artístico final resultó ser algo muy pretencioso y extremadamente aburrido.


Unfriend, de Joselito Altarejos (Filipinas, 2014 – Competencia)

Con producción de Brillante Mendoza, este film es una extraordinaria oportunidad para ver películas de países que no aterrizan muy seguido a nuestra cartelera. Un largometraje urbano situado en la conglomerada Manila, que desarrolla los nuevos modos de vínculos amorosos a partir de la neo tecnología imperante, en especial las redes sociales que cada día nos conectan más pero nos vinculan menos.

David, es un adolescente que sigue enamorado de su ex, que tampoco termina de dejarlo, hasta que ve en Facebook una foto de este con su nuevo amorío. El dolor, la desilusión, y desesperación de David comienzan a encarnar en su cuerpo. Con una madre que vive lejos y una abuela no muy despierta a las emociones de su nieto.

La computadora, el celular, la tablet y todo objeto electrónico son el bastón de David para caminar en la vida, y en la calles de esa ciudad caótica como cualquier otra gran urbe. El director sabe mostrarnos muy bien, como se mezcla la globalización de lo tecnológico con la idiosincrasia propia de la sociedad filipina.

Con un guión bien llevado, David toma una decisión para salir de la angustia. Ahí el relato adquiere mayor tensión, primeros planos se apoderan de la puesta en escena, travellings incesantes sobre las calles de Manila, y un final impactante.

Una historia de amor que excede la orientación sexual; sino que es una historia de amor en los tiempos de Facebook.


Opium, de Arielle Dombasle (Francia, 2013 – Exhumaciones)

La realizadora francesa intenta recuperar el espíritu del gran y completo artista vanguardista Jean Cocteau, un tiempo antes que se haga realizador de cine. Para ello se centra en dos ejes: el enamoramiento y fascinación que tiene con el joven Raymond Radiguet; y su adicción al opio con los múltiples intentos de rehabilitación que atravesó.

El resultado es dispar, si bien con una gran puesta en escena, un trabajo notable de montaje, buena composición musical, se transmite muy bien el movimientos vanguardista de los años veinte, la génesis del surrealismo, el ideal intelectual que regía en la clase acomodada; pero falla a la hora de contar la historia, innumerables flashbacks arman una narración disrruptiva, por momentos se pierde la orientación temporo-espacial, no permite la suficiente empatía con la historia.

Obra dispersa pero con grandes logros, como lo es la adaptación de la época, la idiosincrasia de los intelectuales y artistas, y el onirismo cinematográfico en claro homenaje a su inspirador: el gran Jean Cocteau.


Yo Nena, Yo Princesa, de María Aramaburú y Valeria Pavan (Argentina, 2014 – Cortometrajes)

Estamos frente a un cortometraje, no tan corto, dura 46 minutos y aborda el caso de Luana, la niña trans de 5 años. Lo único que tenemos en el film, salvo algunos dibujos de la propia niña al principio y al fin del mismo, es una entrevista libre a la madre. Pero no hace falta nada más.

El relato de la madre es absolutamente contundente, criterioso, objetivo. Nos ofrece una construcción muy intensa sobre como Luana, comenzó a vivir su femenidad, los obstáculos sociales, científicos y educadores frente a una menor que tenía claro su identidad sexual, desde antes de adquirir el lenguaje. De hecho una de sus primeras palabras fueron: yo nena, yo princesa.

El caso ha sido bastante mediatizado, pero esta película nos permite ir a las fuentes. La desesperación e impotencia de la madre frente a lo que irrumpía sin el mínimo saber sobre eso. La decisión de respetar el deseo subjetivo de su hija frente a la demanda social, los avatares del sistema educativo, los miedos familiares, las iatrogenias médicas y psicológicas, y la fuerza y decisión de una niña que biológicamente es varón, pero que lo psíquico marca claramente un deseo hacia la identidad femenina.

El corto es demoledor, no por sensiblero, ni emotivo, sino porque aborda un tema que hace muy poco tiempo está saliendo de la invisibilidad y nos cuestiona como sujetos, ciudadanos, familiares y profesionales. Luego de ver Yo nena, yo princesa, uno se va con más preguntas que respuestas y eso es síntoma de haber presenciado algo que dejará huellas profundas en todo espectador.

 

La Noche del Lobo, de Diego Schipiani (Agentina, 2014 – La Piel que Habito: Largometrajes)

Pablo le dice a Ulises que se vaya de su casa, la pareja terminó, el amor no se sabe. Ulises antes de irse se encarga de “cagarle” el departamento, robarle dinero y un arma. A partir de allí tenemos un drama urbano, donde la noche gay porteña es la protagonista.

Si bien el trabajo de montaje es sólido, la narración es inconsistente, toma un poco más de forma en la última mitad. Continuos flashbacks de la historia de amor de ellos, son casi innecesarios, plagados de personajes estereotipados y hasta toscos, el nivel promedio de las interpretaciones es flojo, a nadie se le escapa una lágrima en escenas de llantos ni por casualidad, no es verosímil la historia, no se logra empatía, las elipsis son desprolijas.

A partir que Ulises empieza a oficiar de taxi boy, comienzan escenas un poco más logradas, una particularmente muy graciosa y siniestra a la vez con un hombre que lo lleva a su casa. Alcanza a levantar el nivel dramático en los minutos finales, ya que puede salir de tanto exceso de situaciones y personajes estereotipados de la primera parte.

Una pena que cuando se quiera abordar ciertos conflictos gays y de la noche, se pequé de tanto clishé.

 

Autorretrato, de Silvana Lopa (Argentina, 2014 – Cortometrajes), por Matías Orta

Silvana y Eugenia se conocen, comienzan una relación que se va fortaleciendo a partir de momentos, de viajes, de amor.

No suena como nada novedoso, pero lo interesante de este corto de Silvana Lopa (preparado especialmente para el festival) pasa por cómo está contado: utilizando diferentes registros audiovisuales -sobre todo, filmaciones con cámara de celular-, más una voz en off y un montaje que contribuyen a narrar la historia con dinamismo y mucho sentimiento. También es interesante la incorporación de las redes sociales, como Facebook, lo que le da un carácter contemporáneo.

Simple y sencillo, Autorretrato es un breve pero no menos interesante cuento romántico en un mundo donde el amor verdadero es cada vez más

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