Coberturas Anteriores

05.04.10
BAFICI 12º Edición

Selección Oficial Internacional

Ajami
Ajami 

Ajami, de Yaron Shani y Scandar Copti (Alemania, Israel, 2009), por Romina Gretter

Película coral donde la idea de destino tiene connotaciones netamente trágicas. Ajami cuenta la historia de unos seres a los cuales la (buena) suerte les da la espalada una y otra vez. Aunque la historia transcurre en la lejana ciudad de Jaffa- Israel- el miedo, la injusticia, la violencia, la inseguridad y el dolor, son los mismos que podemos vivir a diario en esta parte del globo terráqueo. Y es allí donde radica la brillantez de este film. Sus directores, sin caer en falsos y archigastados arquetipos de fanáticos religiosos, nos muestran a personajes reales que se saben diferentes y aceptan sus enfrentamientos culturales y religiosos pero en la medida justa, sin procurar hacer de ello la cuestión fundamental de la narración.

El impecable juego de montaje y los inesperados puntos de giro de la historia, hacen de esta película una propuesta por demás sobrecogedora.

Ajami, de Scandar Copti y Yaron Shani  (Israel, 2009), por Rodolfo  Weisskirch

Historia coral de 5 episodios sobre la violencia de los barrios más marginales de la ciudad de Jaffa en Israel, donde conviven israelíes y palestinos. Sin embargo, aunque hay algunos comentarios discriminatorios, la película se centra en la guerra de pandillas árabes. Fragmentada al mejor estilo guión de Guillermo Arriaga (Amores Perros, Babel), pero con mayores sutilezas, menos melodrama y sensiblería, y la violencia seca y cruda de Gomorra de Mateo Garrone se trata de una película, que empieza siendo trepidante. Tensión y suspenso extremo. Pero, a medida que avanzan los capítulos se empiezan a confundir episodios y personajes. El guión es demasiado ambicioso y abarcativo. El final deja sabor a poco, cuando algunas subtramas no terminan de resolverse del todo. Buena fotografía (oscura y ominosa) y uso de la cámara en los planos secuencias en mano. Las actuaciones son creíbles, pero como sucede en este tipo de películas, que desean dar un concientización social y política, tomando demasiados puntos de vista, los resultados terminan siendo irregulares.

Bummer Summer, de Zach Weintraub (EE.UU., 2010), por Jose Luis De Lorenzo

Filmada en rico blanco y negro, un retrato de adolescentes y sus incumbencias.

La edad delata a la personas.

Isaac es un chico que junto a su hermano mayor Ben y novia, siempre entre medio de ambos, emprenden un viaje sin destino marcado, deambulan por lugares donde se dirigen equívocamente y retroceden.

Un relato no lineal, enfocado en la liviandad de los escasos personajes y su pertenencia a un lugar, edad y vinculo determinado.

Zach Weintraub dirige y actúa en su opera prima.

Go Get Some Rosemary (Daddy Longlegs), de Josh Safdie, Benny Safdie (EE.UU, 2009), por J.L.D.L.

Tras la presentada en el Bafici 2009, The Pleasure Of Being Robbed, los hermanos Safdie dan un gran paso adelante con la exquisita y frenética historia de un padre tan desordenado, irresponsable y querible, un marginado de la sociedad estadounidense, divorciado y con dos pequeños y adorables niños. Su trabajo no le brinda lujos económicos, es proyectorista de un cine, su jóven novia es aún mas irresponsable que èl. A su cuidado quedan sus niños por un plazo de una semana aproximada donde, el padre, al igual que en films como Kramer Vs. Kramer, Author, Author! o inclusive la olvidable Big Daddy, hace lo imposible por demostrar cuan buen padre es, los resultados son inversos, cuanto mayor es su esfuerzo, mayores son los inconvenientes que desata y origina. Con un cameo genial de Abel Ferrara, el film que remite a films de Cassavetes por su dinámica y estilo, y bien podría convertirse en el puntapiè inicial para que los hermanos sean tomados en cuenta para proyectos mayores. Con Go Get Some…han demostrado estar a la altura de grandes directores.

Ronnie Bronstein logra una de las mejores interpretaciones vistas en el festival.

Putty Hill, de Matt Potterfield (EE.UU., 2010), por R.G.

Un joven de Baltimore (EE.UU.) muere de sobredosis y sus familiares y amigos se reúnen para su funeral. Potterfield conjugando entrevistas y ficción pareciera querer reconstruir la figura del difunto, pero a lo largo del film lo que logra es más bien una deconstrucción del mismo, dando lugar al reconocimiento de los otros personajes, de los vivos, de aquellos que todavía existen.

Putty Hill es un trabajo interesante que pone de manifiesto de un modo sencillo y para nada aparatoso, eso que con pomposidad suele llamarse “la fugacidad del ser”.

Putty Hill, de Matt Porterfield (EE.UU, 2010), por J.L.D.L.

Collage de historias y personajes, jóvenes prioritariamente tras el suceso de fallecimiento de un menor. Sus hermanos, no escapan al dolor y son seguidos por la cámara documentando los quehaceres posteriores a la perdida. Eficaz planteo coral, con reminiscencias a Rachel Getting Married, reuniones y temas familiares candentes, bajo un submundo de skaters y grupos de jóvenes marginales, como supiera retratar Perrone en Bonus Track.

Una fiesta de fallecimiento marca una instancia que se está tornando costumbrista en la sociedad y sobre todo en diversos films, festejar la muerte de un ser querido por que se interpreta que es lo que el difunto hubiese deseado.

Paraíso, de Héctor Gálvez (Perú, 2009), por Matías Orta

 

La primera imagen del film nos muestra un árbol en medio de un paraje desértico. Los protagonistas no son vegetales sino cinco jóvenes, pero el lugar en el que habitan sigue siendo desolador: el barrio Jardines del Paraíso. Algunos de los chicos están terminando la secundaria y se preparan para seguir con sus vidas. Otros están a la deriva y hacen lo que pueden. Pero todos fantasean con irse de tan aburrido lugar, donde aún predominan miedos de la historia más oscura de Perú.

 

Durante una hora y media los veremos pasar por trabajos mediocres, bebiendo por las noches y yendo de un lugar a otro. La llegada del circo —circo humilde, pero circo al fin—, rompe un poco con la monotonía, y hasta puede ser una esperanza de algo más.

 

Gálvez acierta a la hora de rodar usando cámara en mano. Eso, más el desempeño de los actores y la ausencia de música incidental, le da realismo e inmediatez a otra historia de adolescentes y su mirada sobre la vida y la muerte, el pasado y el futuro.

Paraíso, de Héctor Gálvez (Perú, 2009), por Carlos Federico Rey

Un plano general de un terreno árido con un solo árbol en el medio del encuadre abren la película Paraíso, opera prima del director peruano Héctor Gálvez. Ese árbol en ese terreno seco, desértico de las sierras periféricas a Lima es el corazón simbólico de la película. ¿Como puede sobrevivir ahí solo, abandonado y casi sin posibilidades de recibir agua? Los cinco jóvenes protagonistas de la película sobreviven de la misma manera que el árbol, erráticos, con trabajos pobres y futuro incierto ellos vagabundean por la ciudad en busca de una oportunidad que nunca va a llegar. Madres locas o exhaustas por el trabajo y padres ausentes son los entornos familiares de estos chicos que la única oportunidad que tienen para soñar es convirtiéndose en un hombre araña de un circo de poca monta. Gálvez habla de Perú pero también habla de Latinoamérica, el escenario triste que  plantea es el mismo que podemos observar si conducimos nuestro auto durante media hora hacia las afueras del centro de la ciudad donde vivimos.

The Robber de Benjamin Heinserberg (Alemania / Austria, 2009), por R.W.

Basada en una increíble historia real, Heinserberg, habla de un hombre con dos pasiones que se convierten en adicciones peligrosas: correr y robar bancos.

Ni bien sale de la cárcel, Johann, sale a robar un banco y correr una maratón. No es amigo de la violencia pero sí de la adrenalina. A pesar de las advertencias de su oficial de libertad condicional, sigue robando. El encuentro con una amiga de la infancia le provocará replantearse que senda quiere seguir en su vida. No lo duda: el crimen lo emociona más.

El director logra meterse en la cabeza de su misterioso protagonista. Un hombre solitario, adicto al riesgo. Suspenso y tensión unidos para lograr un relato vigoroso. El protagonista siempre corre (Andreas Lust, hace un trabajo magnífico, a nivel físico y expresivo). El miedo de ser atrapado, de tener que correr nuevamente en círculos motiva al personaje. No es simplemente el dinero. Un viaje acompañando por travellings de seguimiento de gran dinamismo y planeados con meticulosidad kubrickiana. Si bien, uno supone que el protagonista no va a terminar bien, cada escena resulta sorprendente e imprevisible. Buen ritmo, con pocos diálogos, Heinsenberg, no trata de poner la cámara de manera tal que sobresalga sobre el personaje o la actuación. Solidez narrativa acompañan esta película, que termina agitando al espectador.

Sin efectos videocliperos o publicitarios como hubiese hecho Tom Tykwer (Corre, Lola, Corre) o pretenciosidad estética, The Robber, es una muestra más del gran momento que está pasando la nueva escuela de cine alemán.

 

The Robber de Benjamin Heinserberg (Alemania / Austria, 2009), por Elizabeth Levitsky

The Robber está basada en la vida de Johann Kastenberger, un maratonista austriaco devenido en ladrón de bancos y asesino en cuya persecución estuvieron implicados mas de 450 policías, la mayor investigación de la historia de Austria después de la segunda guerra.

Benjamin Heisenberg decide hacer esta película luego de leer el libro del mismo nombre de Matin Prinz en que relata la peculiar historia de este atleta que se transformó en delincuente.

Johann sale de la cárcel gracias a su buena conducta, durante sus años de encierro se dedicó a entrenar, a correr en el patio del penal o en un cinta en su celda.

Una vez libre retoma sus dos pasiones, correr y robar bancos. Ambas actividades se entremezclan al punto en que al espectador no le queda claro si entrena para poder huir mas rápido de sus robos o si roba para poder dedicarse a entrenar sin realizar otra actividad.

Un hombre libre, sin ataduras, sin códigos, un adicto a la adrenalina. Frio, excepto cuando Erika esta cerca, únicos momentos donde su rostro inexpresivo deja escapar alguna sonrisa o una mirada de amor.

El ritmo de la historia intercala momentos lentos en los que la vida para Johann transcurre aburrida y momentos intensos donde corre, corre y sigue corriendo. Excelente fotografía donde los colores grises predominan brindándole una excelente ambientación al relato.

Buena dirección de Heisenberg y excelente actuación de Andreas Lusts en el papel de Johann Rettenberg. Es una de las películas que participa del concurso internacional del BAFICI y cuya calidad la ponen entre las posibles ganadoras.

 

La Mujer sin Piano de Javier Rebollo (2009), por Gonzalo Facundo López

La Mujer sin Piano divierte y entretiene sin dejar de asombrar por la composición sus planos originales y hasta novedosos. Rosa (Carmen Machi) es una ama de casa de principios del siglo XXI que decide un día como cualquier otro no dejar que los días sean como cualquier otro. La oposición rutina/casualidad o, si queremos, sometimiento/libertad se juega profundamente en la nueva película de Javier Rebollo.

Sabremos que el azar, luego de escuchar al director hablar, no solo esta puesto en la narrativa, sino a su vez en un proceso donde determinadas circunstancias del rodaje generan otros procedimientos y abren hacia nuevas particularidades: “Carmen Machi, la protagonista, no quería filmar, estaba cansada, venia del teatro […] y yo seria un mal director si decido filmar con la actriz en esas condiciones” por lo que encuentra como solución dejar ir al resto de los actores y filmar desde otro lugar, físico y conceptual, la relación entre Rosa y el bar al cual asiste, realizando una especie de, como dice el propio director, “Homenaje a la cocina grasienta española”, generando al mismo tiempo una forma narrativa sumamente interesante.

El uso metafórico del lenguaje pictórico es claramente otro de los más destacables atractivos de la película. Rebollo traza líneas transversales entre los lenguajes a través de la influencia por la pintura tanto literal como simbólicamente.

“En la película hay puntos suspensivos constantes” explica, y esto funcionara como ley durante la hora y media que el espectador esta sentado en su butaca frente a una pantalla que cree en cualquier momento podría estallar, pero que, sin embargo, nunca nada termina de suceder. En este sentido, es muy claro el final abierto que deja la película para ser completado por el espectador, puesto que, como bien decía Rebollo “son ustedes los que van a acabarla”.

Luego de la función el director nos cuenta acerca del proceso de creación y es allí donde literaliza lo autobiográfico de su obra: el personaje de Rosa esta inspirado en su madre; Francisco, el polaco, en un albañil que ha trabajado en su casa durante dos meses, de quien se ha hecho amigo y además convocó en una primera instancia para la película, pero que tras sufrir severos problemas de epilepsia y viendo el grado de complicación de salud que esto podría significar, Rebollo pidió que se alejara.

Finalmente, el director explica: La Mujer sin Piano no es más que una expresión absurda y en ningún momento intenta convertirse en un relato solemne sobre la melancolía humana.

En esta película que se caracteriza por su narrativa sumamente original y su riqueza fotográfica y compositiva, Javier Rebollo nos invita a viajar en una experiencia excepcional y nada pretenciosa. 

 

La Mujer sin Piano, de Javier Rebollo (España/ Francia, 2010), por R. G.

Tuve la oportunidad de ver esta película y recibir directamente de su director comentarios y explicaciones sobre la misma. Debo reconocer que aunque La Mujer sin Piano me gustó, mucho más lo hicieron las disertaciones cinéfilas y el buen humor (el buen “rollito”) de Rebollo.

Protagonizada por una soberbia Carmen Machi, conocida en España por sus tiras televisivas (como Aída de la cadena Telecinco) esta obra cuenta la historia de Rosa, una mujer de vida aburrida y reiterativa que una noche se dispone a cambiar el curso de las cosas.

Como muy bien reconociera su director, la película abre y deja, más interrogantes que respuestas. De hecho acaba con una pregunta, con la clara intención de que seamos nosotros espectadores quienes dotemos de sentido a una historia muy propensa a las múltiples interpretaciones.

Además de la querible e inentendible Rosa —mezcla de “Buster Keaton y Giulietta Massina” — un extraño polaco aparece e ilumina la pantalla con sus excentricidades. Según cuenta el propio Javier Rebollo, el personaje fue inspirado en un albañil de origen polaco que trabajó seis meses en su casa, y el mismo aparece en una de las escenas finales.

La Mujer sin Piano, además de la historia personal de una mujer corriente, atraviesa constantemente otras vertientes que apuntan a subrayar las nuevas conductas sociales de una Madrid cosmopolita, adquiridas a partir del atentado del 2004 en la estación de Atocha. Tampoco la mirada sobre la política económica llevada a cabo por Aznar y la Guerra de Irak quedan afuera de esta obra inusual.

Cuchillo de Palo, de Renate Costa (España/ Paraguay, 2010), por R. G.

Una obra modesta en su producción pero no así en su contenido, en aquello que abiertamente dice y en lo que prefiere sugerir y hasta veces callar.

Renate Costa quiere averiguar en su documental que ha sucedido con su tío Rodolfo, quien se supone murió de tristeza hace más de diez años. En ese recorrido conocemos la elección sexual de su tío y las consecuencias que ello tuvo para él, y toda la familia; conocemos también la represión de la dictadura de Stroessner y el silencio y la aprensión que aún hoy subsiste con respecto a los homosexuales en Paraguay. 

Un documental intenso a la vez que comedido, que logra con su excelente trabajo de cámara la atmosfera necesaria para sumergirnos en un drama familiar realista y honesto.

La Bocca del Lupo, de Pietro Marcello (Italia, 2009), por E. L.

Esta película de Pietro Marcello es una pintura en movimiento que muestra la pobreza y la marginalidad en la Génova actual, mechado con imágenes de archivo de los años 40 y 50 que hacen de la pieza un interesante contraste entre presente y pasado.

El relato se construye a través de la historia de Enzo y Mary, dos personas que sienten un amor autentico el uno por el otro y que es ese sentimiento y su relación la que los salva, gracias al cual sobreviven a un mundo que se les presenta cruel, solo para cumplir su sueño de envejecer juntos en una casita en el campo junto con sus perros.

Es una obra en la cual al principio al espectador le cuesta introducirse y encontrarle el sentido, transcurre lenta, entre imágenes de las callejuelas y los desamparados de Génova, la narración de Enzo y las grabación que él y Mary intercambian para darse ánimos cuando están separados. Es avanzado el relato cuando este se presenta completo al espectador y la película adquiere un sentido acabado, cuando cerca del final la relación entre Enzo y Mary se explica completa y esta le da un sentido a toda la película.

Excelentes interpretaciones de Vincenzo Motta y Mary Monaco y muy buena dirección de Pietro Marcello. La película en formato de documental expositivo constituye un excelente relato y una pieza cinematográfica difícil de caracterizar por la variedad de recursos que utiliza. Muy bien lograda considerando que es una obra de bajo presupuesto. Parada obligada para todo amante del cine.

Centro, de Sebastian Matinez (Argentina, 2010) por C. F. R.

Sebastian Martínez ubica en Centro al espectador como base fundamental del relato. Este documental muestra imágenes del día a día del centro porteño (sin entrevistas ni voces en off “didacticas”) y pretende que el espectador complete esas imágenes con sus propias vivencias. El centro de la ciudad de BsAs es un terreno común a todos ¿Quién no camino por Florida y Lavalle? ¿Quien no circulo alguna vez por Diagonal Norte? ¿Quien no paso por algunas instituciones como el Banco Provincia o el Registro Civil? Martínez juega permanentemente con la vivencia a priori del espectador y nos muestra imágenes que se nos revelan placenteramente, que parecen de nuestro propio pasado.

Mas allá de algún exceso de sentimentalismo o añoranza por un pasado que ya no existe, el director apuesta a mostrar la caída del centro como principal atracción de la ciudad, ya no esta mas la casa Harrods, el peluquero que le cortaba el cabello a grandes personajes de la opera ya casi no trabaja, la gente no se viste de gala y lo principal y mas doloroso: ya no existe el cine en el centro.

Si en cambio existen Iglesias Universales en lugares donde estaban los cines y es algo en donde Martínez se pone enfático por única vez; Donde funcionaba el viejo y querido Cine Iguazú, hay un chanta que pasa por pastor. Lo vemos prácticamente realizar una curación santa a un paciente enfermo. Es el único momento de la película donde no disfrutamos, donde nos enojamos y donde otra vez pensamos que en un lugar donde la gente era feliz este bendito mundo que vivimos lo convirtió en un antro de mentirosos y canallas.

Centro, de Sebastian Martinez (Argentina, 2010), por J.L.D.L.

Experiencia documentada sobre la vida actual en el denominado “centro porteño” comprendido por las afamadas calles Florida y Lavalle. Un registro observacional dinámico, con completos planos de la ciudad en diversos horarios, instancias y momentos clave en el desarrollo de comerciantes, transeúntes, vendedores ambulantes…

Si bien es reiterada la muestra de lo que antiguamente constituía la casa Harrods, edificio comercial sito en la calle Florida, dentro del cual se ejercían recordadas actividades como por ejemplo, las navidades con un hombre vestido de Papá Noel, escuchando los pedidos de los niños, la antigua peluquería y tinte británico del local, es en el exterior donde el film logra su cometido. Las noches develan instancias de las cuales el transeunte o trabajador que transita el centro sólo en horarios diurnos, desconoce una realidad, violenta, aspera y desolante, de la ciudad de noche.

Sebastian Martinez acompaña a ésta camara fija por lugares que muchos conocemos y vemos a diario, capaz no les prestamos la atención necesaria que, al ver éste film reacentúan nuestros sentidos.

 

Lo que Más Quiero, de Delfina Castagnino (Argentina, 2010), por J.L.D.L.

Dos amigas se encuentran, una casualmente ha perdido recientemente a su padre, dueño de un aserradero y debe concretar el cierre del establecimiento indemnizando a los trabajadores, la otra es una actriz que recíen empieza a buscar trabajos, supuestamente “de novia”. Dentro del marco vacacional conocen a un grupo de amigos, chicos sencillos que las invitan a pasar algunos momentos de diversión, zambullirse en aguas, alguna fiesta.

Un conversación sobre el capot de un auto marca una de las logradas escenas del film que con el transurso de metraje va reconstruyéndose. Alguna pelea entre amigas, celos, acompañan la acción tras un arbolado sector donde entre conversaciones pueriles, ambas terminan consolidando su amistad frente a las discrepancias, diferencias y sentimiento.

Lo que Más Quiero es un film que no llega a destino, induce a afrontar un desafío del que se desconoce su objetivo como propuesta, la liviandad de los diálogos invita a olvidar los elaborados planos-secuencia de una experiencia que pretende ser rohmeriana.

 

Lo Que Más Quiero de Delfina Castagnino (Argentina, 2010) por R. W.

Algunos la creen muy fácil. Ponemos en un plano fijo dos personas a espaldas de cámara, un paisaje de fondo, hablando supuestas trivialidades durante 10 minutos y ya tenemos una obra maestra.

¿Dónde ha quedado la construcción interna de un cuadro? ¿Dónde ha quedado el montaje interno del que hablaba Bazin?

Por favor. Pareciera, que algunos cineastas nunca han visto un film en su vida. Si hablamos de sutilezas cinematográficas pongamos Lo Que Más Quiero al lado de ambas Oxhide. Ahí estaremos hablando de cine.

La ópera prima de Castagnino es la mentira a 24 cuadros por segundo. Historias de jóvenes que pretenden decir más de lo que dicen se viene haciendo desde los tiempos en que Elia Kazan y Nicholas Ray posaron sus ojos en la depresión de los adolescentes. El problema, es que detrás de lo que las protagonistas parecen ocultar realmente se oculta la nada. A ver… no hay mucho más que diálogos vacuos en espacios geográficos pintorescos, pero al igual que , el plano más elogiado de la película donde una de las protagonistas trata de “encararse” un chico (o viceversa en realidad), podemos notar que detrás de la pretensión algo no funciona bien. El famoso plano elogiado es visualmente desastroso. Fotográficamente mal iluminado.  Y lo mismo pasa con la película. Es mala. Insoportable. Las idas y vueltas de las protagonistas, pretenden ser “reales”, pero terminan siendo previsibles, y demasiado dramatizadas.

A pesar, de que ambas protagonistas tratan de emitir verosimilitud, diálogos forzados, emociones que nunca se sienten genuinas impregnan la pantalla. En el medio se trata de colar una manifestación de crítica o realidad social, relacionado con el cierre de fábricas y la crisis económica, pero a veces cuando se trata de ser sutil, se termina siendo demasiado explícito.

En algún momento, los egresados de la FUC, supieron “innovar” dentro del cine nacional. Ahora se agarran de “tendencias” pasadas de moda. Ni siquiera son oportunistas.

Consejo para futuros realizadores: tengan paciencia. Su momento llegará. No hay que volverse loco si a los 30 todavía no filmaron su ópera prima. Si no tienen una historia que los enamore, no se lancen a la calle a filmar cualquier cosa. Tomen como ejemplo a Fabián Bielinsky.

Consejo para críticos: dejen de agarrarse de las pestañas de cualquier alumno de la FUC. Revean a los veteranos. Recuerden a Fabián Bielinsky.

 

Mary and Max, de Adam Elliot (Australia, 2008), por M. O.

La animación cuadro a cuadro sigue viva hasta hoy gracias al trabajo de genios como Nick Park y como el australiano Adam Elliot, quien supo ganar un Oscar por su corto Harvey Krumpet. Ahora nos trae el largometraje Mary and Max, una maravilla del cine de animación de todos los tiempos.

Década del 70. Mary Daisy Dinkle, una niña oriunda de Australia, lleva una vida triste, problemática. Su familia, el colegio, todo va para atrás. Su único consuelo: comer chocolate, jugar con su gallo mascota, ver dibujos animados. De amigos, nada. Hasta que un día decide escribirle a un ciudadano estadounidense cualquiera. La carta llega a Max Jerry Horovitz, un adulto residente de Nueva York. La existencia de Max no es mucho mejor que la de Mary: gordo, solitario, atormentado por traumas infantiles. Su único pasatiempo: comer panchos de chocolate (¿?) y mirar los mismos dibujitos que la niña. Tampoco tiene amigos. Pero el mensaje de Mary despierta su interés. Durante años, y a través de cartas, la nena y el hombre forjarán algo así como una relación muy particular.

Estamos ante una comedia dramática con un humor oscuro y cruel, pero con sanas dosis de ternura y emoción. Una historia de amistad más allá de la edad y la distancia. Temas como el hogar destruido, el alcoholismo, las enfermedades mentales y la soledad son tratados de manera respetuosa, siempre en medio de una narración vibrante y un estilo visual imaginativo, que por momentos remite a Tim Burton, aunque sin tanto gótico y más realismo. De hecho, al comienzo del film un texto reza que lo que veremos está basado en hechos reales.

Y, como se habrán dado cuenta, no es una película para niños.

También se destacan las voces. Tony Colette le pone la gola a la Mary adulta, mientras que Philip Seymour Hoffman se encarga de Max. Eric Bana le presta sus cuerdas vocales a Damián, vecino y luego esposo de Mary.

Antes de terminar, imposible no mencionar el parecido físico entre la Mary chiquita y nuestra Mafalda. ¿Las conocerá Elliot? Quién sabe.

Mary and Max, de Adam Elliot (Australia, 2008), por J.L.D.L.

Adam Elliot demuestra que dentro del stop motion hay lugar para muchos realizadores inventivos.

Con una audaz voz en off, Mary and Max, revierte la premisa de que estudios como Pixar o Disney estén consolidados mundialmente en realizar films de dibujos animados con creativas historias, utilizando técnicas de animación.

Mary es una niña de ocho años que vive con sus padres, un taquidermista ausente y su madre alcoholica y nefasta.

Max es un judío cincuentón apellidado Horovitz, vive en la oscura ciudad de Nueva York, retraido, depresivo y con un pequeño trastorno mental.

Un dia Mary, en su afan de hacer nuevos amigos, ya que su vida social es nula, elige un nombre de la guía telefónica aleatoriamente y le escribe una bella carta de presentación. Max es el destinatario. A partir de ésta premisa, un ciclo de nuevos intercambios postales da lugar a conformar una relación amistosa de años de duración.

Los golpes son muchos en la vida de Mary, el film es demasiado oscuro y opresivo por momentos.

Claramente uno de los mejores films que el festival ha traido.

Police, Adjective, de Corneliu Porumboiu (Rumania, 2009) por C. F. R.

Con solamente dos largos en su haber, podemos observar que el cine de Porumboiu funciona como ficción, pero además funciona como documental. Y es justamente como documental que comienza Police, Adjective. Mas allá que comenzamos a ver al policía interpretado magistralmente por Dragos Bucur seguir a unos jóvenes que tienen drogas en su poder,  Porumboiu se pone el traje nouvellevaguense , saca la cámara a la calle y se toma todo el tiempo del mundo para filmar la gélida y grisácea Rumania como había ocurrido en Bucharest 12:08 recorriendo los barrios periféricos a las ciudades y reflexionando sobre los cambios económicos ocurridos en su país posteriores al año 2007 cuando Rumania ingreso a la Comunidad Europea y cambio su moneda por el Euro. Mientras en Bucharest 12:08, filmada en el año 2006, veíamos un parque automotor compuesto en su gran mayoría por automóviles Dacia, copias baratas del Renault 12 producidas en serie durante la existencia de la Unión Soviética, en Police, Adjective , podemos observar una existencia de automóviles importados y de todas las marcas en barrios de clase media. Si el director rumano reflexionaba en su opera prima sobre las consecuencias de la revolución, en Police, Adjective lo sigue haciendo mediante la puesta en escena, observando y mostrando simplemente el avance del capital sobre su país.

Volviendo a la ficción, retomemos en la persecución del policía Cristi (Dragos Bucur) a los jóvenes que tienen drogas para consumo personal: el relato gira en la ambigüedad del personaje del policía que por un lado sabe que los jóvenes están cometiendo un delito, pero por otro lado considera injusto que en Rumania la tenencia simple no este despenalizada como en el resto de Europa y no quiere de ninguna manera encarcelar a los jóvenes por tres años y medio que es la condena minima por este delito. Cristi va dilatando la situación en la cual vemos la burocracia cotidiana que tiene que convivir con su trabajo de policía, haciendo informes inútiles sobre unos jóvenes que Porumboiu muestra a la distancia y parecen sencillos y amables e inevitablemente el espectador se ubica en una situación empática con el sentimiento del policía de no pretender encarcelar a estos jóvenes. Cristi y su mujer, maestra ella, hablan de las arbitrarias decisiones de la Academia de lengua Rumana, algunas ridículas, el director reflexiona sobre la arbitrariedad por encima de la razón y la lógica.

Y si este policía ambiguo, casi un personaje salido del manual baziniano del cine objeta las reglas impuestas y le reconoce las dos caras posibles , la aparición de Vlad Ivanov ( aquel que creara un personaje detestable en la extraordinaria película 4 meses, 3 semanas, 2 días) como jefe de la policía en la escena crucial de la película pone los pelos de punta y otra vez Corneliu Porumboiu logra un personaje de ficción salido del molde, como había ocurrido con el genial viejo Piscoci (Mircea Andreescu) en Bucharest 12:08. Ivanov viene a apagar cualquier dualidad y termina poniendo a la institución policial en la antípoda perfecta al sueño cinematográfico. Pareciera ser que a Porumboiu no le gustan los policías. Lo que si sabemos que le gusta y ama con pasión es el cine, y nosotros ya amamos sus películas.

 

Police, Adjetive, de Corneliu Porumboiu (Rumania, 2009)  Por R.G.

Para mí unas de las mejores películas del festival. A menudo aparecen producciones rumanas en el Bafici que suelen no pasar desapercibidas. El año pasado fue el caso de Elevator de George Dorobantu y principalmente de Hooked de Adrián Sitaru.

Este año con Police Adjetive, Porumboiu (ganador en la Selección Oficial Internacional como mejor director) nos propone contarnos la historia de Cristi, un joven policía algo cansado y descreído del trabajo que realiza. Se trata de un film de contemplación, de doble contemplación. De la que realiza el protagonista siguiendo a un estudiante sospechoso de proveer drogas a sus compañeros y de la que realizamos nosotros sobre Cristi a través de planos largos que evidencian su tedio.

Un guión soberbio donde los diálogos de Cristi con sus compañeros, su esposa y sus superiores resaltan por sobre el resto. Propuesta altamente recomendable de Porumboiu, especialmente por tratarse de un policial que atrapa sin caer en obviedades ni en el acto innecesario de remedar elementos propios del género.

Alamar, de Pedro González- Rubio (México, 2009), por R.G.

Merecidísima ganadora de la Sección Oficial Internacional. A menudo me ocurre de no coincidir con la decisión de los jurados o directamente desconozco que películas se están premiando, pero este no fue el caso.  

Alamar de Pedro González- Rubio es una historia que como muy bien explica el director, no necesita establecer que cosas son ficción y que otras documental; se trata de una película y ya, donde las franjas que demarcan los géneros se tornan algo insignificantes.

Narrada desde la mirada de Natan, un niño que a sus cinco añitos emprende un viaje iniciático junto a su padre y su abuelo en Banco Chinchorro, un paradisíaco arrecife de coral en México.

Entre la enseñanza de la pesca, el contacto con los animales, las clases de buceo y la complicidad de los mínimos sucesos cotidianos, se genera entre Natan y su padre Jorge, una comunión indestructible que imaginamos ya para siempre. Y eso nos emociona y nos reconforta, concientes como somos que la separación entre ambos es inminente (al menos geográficamente hablando).

Además, la cámara de González- Rubio se empeña en cautivarnos con las escenas más bellas que podamos desear del océano y sus alrededores. Una película única y por momentos exquisitamente indescriptible.

Alamar, de Pedro Gonzalez-Rubio (Mexico, 2009), por J.L.D.L.

Partiendo de una familia comprendida por una pareja conformado por una italiana y un mexicano, muy distintos en carácter, quehaceres, obligaciones y forma de vida, ella vive en la ciudad, moderna y él es muy bohemio, pasando gran parte de su tiempo en altamar, viviendo de la pesca. El fruto de su amor, es un niño, que hoy tiene cinco años, quien viaja para permanecer con su padre por el cabo de unas semanas.

Las intancias que viven juntos, tres generaciones, abuelo-padre-hijo, son excepcionales, el género se entrecruza entre la ficción y el documental sin darnos cuenta, los paradisíacos lugares mostrados como así la falta de lujos, tener lo necesario y trabajar conjuntamente vinculandose, socializando y conociendose en un clan familiar abierto,  invitan a repreguntarse la forma de vida individual del individuo.

El mayor logro del film es la apuesta a la sensitividad, y la importante transmisión hereditaria, el cuidado de un hijo, cuyo viaje termina a medida que nos vamos acercando al final de ésta magnifica experiencia.

Pedro Gonzalez-Rubio nos invitó a desconectarnos de las andanzas cotidianas de la ciudad, a observar que hay un tipo de vida mejor. Con valores, amor y responsabilidad, en una de las tantas variantes de conformación de una familia que puedan existir.

 

Les Beaux Gosses, de Riad Sattouf (Francia, 2009), por M. O.

Hervé no sólo es un adolescente: es un adolescente denominado loser. Y lo peor es que sus hormonas están a un nivel volcánico. Su particular vida —que se debate entre bromas con su amigo Camel y masturbaciones con revistas viejas—se pondrá interesante cuando empieza a noviar con una compañera de curso.

La película puede definirse como American Pie o Supercool, pero en Francia. Una estudiantina con esas situaciones y personajes tan conocidos, pero que uno siempre disfruta ver. Hervé está interpretado por Vincent Lacoste, una perfecta mezcla de Michael Cera con Jesse Einsenberg.

Es extraño que un film así forme parte de la Competencia Internacional, pero bien vale destacarlo por su desparpajo y su sentido de la diversión.

Les Beaux Gosses, de Riad Sattouf (Francia, 2009), por J.L.D.L

Comedia juvenil de marcados gags efectivos, harto de escuchar su semejanza con Superbad, o considerarla algo asi como su versión á la francesa.

Humildemente creo que Les Beaux Gosses es infinitamente distante del humor norteamericano revitalizado de la comedia destacada, que convirtamos todo film que hable de sucesos coma la perdida de virginidad, la conquista inexperienciada entre adolescentes y de ello construyamos una comedia sexual / estudiantil no es ninguna novedad. Superbad ha ido mucho más lejos con su propuesta, logrando reflejar el crecimiento y ruptura de etapas.

Los franceses tienen una manera muy distinta de abarcar sus comedias, inclusive ésta, sus gags notoriamente son abruptos, los imponen a los gritos, y ciertos personajes ridiculizados como es el caso de la madre del adolescente tienen actitudes que podemos ver en la realidad, pero, aquí, exaltados con demasía.

Os Famosos e os Duendes da Morte, de Esmir filho (Brasil, 2009), por M. O.

El muchacho vive con su madre en un poblado brasileño, pero fundado por alemanes. Escribe en su blog, chatea, siempre bajo el seudónimo Mr. Tambourine Man. Por supuesto, es fanático de Bob Dylan y planea ir a verlo tocar. Pero el muchacho también es acosado por una pérdida que no lo deja tranquilo.

En su ópera prima, Esmir Filho nos muestra una historia adolescente con detalles muy contemporáneos y típicos —el uso de Internet, de marihuana, más un poco de rock, empezando por Dylan—, pero con un clima de extrañeza que por momentos la lleva al terreno de lo onírico. El resultado es distinto a los retratos de la juventud moderna que solemos ver a menudo: menos realista, más ominoso y climático. Esto también la diferencia de las películas brasileñas que se vienen haciendo de unos años a esta parte.

Os Famosos es una pequeña joyita imperdible.

El Ambulante  de Adriana Yurcovich, Eduardo de la Serna y Lucas Marcheggiano (Argentina, 2009), por R.W

Daniel Burmeisteir es el cine independiente nacional. Tiene 58 películas grabadas en VHS y montada en dos video caseteras.  Deambula por los pueblos del interior del país, escribiendo guiones afables, sencillos, divertidos, populares, con y para los habitantes de cada pueblo. Solo utiliza una cámara y un micrófono. Hace travellings en bicicleta, y cuando quiere actuar, le pide a algún vecino que le sostenga la cámara. No tiene estética, no piensa en historias existencialistas y no pretende que sus películas se estrenen en salas comerciales. El mismo, proyecta las películas, un mes después de grabarlas, en una sábana, en el Centro Comunitario del pueblo. Cine sencillo, honesto y sin pretensiones.

La película del trío de directores sigue a este personaje tan estrafalario como encantador en la grabación de Hay que Matar al Tío (ni los Coen imaginarían un título tan bizarro para una película). Sin entrevistas, ni una estética demasiado distinta a la del protagonista, El Ambulante es una divertida y agradable película. Se trata ni más ni menos que un registro detrás de cámara de un rodaje, al que ningún programa de TV le prestaría atención. Sin golpes bajos ni demasiadas pretensiones es un testimonio de un cine diferente.

Es una lástima que los prejuicios artísticos del BAFICI, no incluyan una retrospectiva completa o parcial de la obra de Burmeisteir. En cambio nos conformaremos con este agradable documental. La elección de incluirla en la Competencia Internacional fue un poco exagerada quizás, pero aún así se trata de una película que “hay que ver”.

 

El Ambulante, de Eduardo de la Serna (Argentina, 2009), por J.L.D.L.

Documental sobre el hasta ahora desconocido Daniel Burmeister, un director de cine aficionado muy particular. Su labor consiste en viajar a lo largo del país, visitando pueblos y ciudades donde en muchos casos el desarrollo de prácticas culturales es escaso. La labor del cineasta consiste en proponer ante su llegada a los municipios, el proyecto de filmación de una historia, donde los participantes técnicos y actores no sean otros que los mismos habitantes del lugar. Es así como Daniel logra con sus rústicos elementos técnicos, prestados en muchos casos, con historias sencillas y graciosas, involucrar a personas que viven en un mismo territorio, a veces sin interacción alguna.

El pedido del cineasta a cada municipalidad consiste en que le brinden lugar de estadía y comida a cambio de su labor. Una vez culminado el proyecto, el film terminado se proyecta para todo el pueblo, unido como pocas veces para compartir un espectáculo cultural y de indentidad social.

Red Dragonflies, de Liao Jiekal (Singapur, 2010), por J.L.D.L

Con la viva experiencia de poder visualizar un film tan presente y colorido en HD, Red Dragonflies de Liao Jiekal, intenta no develar una extraña desaparición donde un grupo conformado por tres adolescentes estudiantes exploran caminos con mucha vegetación, a modo de excursión, perdiéndose en lo desconocido.

Años después, la investigación interior de uno de los tres sobrevivientes invita a revisitar el lugar, sus conocidos e intentar develar misterios que no cerraron en su vida.

La experiencia es onírica, esa exploración se repite para el espectador, quien se siente envuelto en una odisea de la cual desconoce la salida aunque obligatoriamente debe interiorizarse en un trayecto filmico de difícil inmersion.

 

COMENTAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMPARTIR

© A SALA LLENA.