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09.03.12
Pantalla Pinamar 2012

PANTALLA PINAMAR – Diario del Festival: Día 5

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Eppur si muove

Bueno, hoy Iván se fue y me dejo “solo”. Lamentablemente pude contar con su compañía hasta el mediodía, cuando se subió a un micro que lo lleva de vuelta a la cotidianeidad de siempre, a su casa, a su trabajo. Ya quedaron atrás para él las conferencias de prensa de la mañana, las películas de la tarde y de la noche, el mar, la arena y, por supuesto, el “malla-gate”. No obstante Pantalla Pinamar sigue si camino, las conferencias se siguen dando, el sol sigue brillando, el mar aun tiene olas y las salas se siguen llenando.

La mañana arranca con la noticia de los nominados al Condor de Plata. Que me perdone la industria argentina, pero no tienen el glamour de Hollywood, no hay apuestas ni hay tanta controversia a su alrededor, por lo que no recibí las nominaciones con el entusiasmo que si mostraron otros periodistas. Me dediqué, en cambio, a compartir un desayuno con algunos colegas en el hotel, para luego dirigirme a la conferencia de prensa, allí me esperaba una bella y talentosa actriz española llamada Sara Casasnovas, que venía a charlar sobre su primera participación cinematográfica en una película llamada Arriya, la piedra, la cual había tenido la posibilidad de la noche anterior. Escuché las preguntas con atención, ya tenía agendada una entrevista con ella más tarde, y no quería cometer el error de preguntarle lo que ya había respondido. Luego de una extraña discusión sobre el maltrato animal en cine, llegó el agregado cultural de la embajada de República Checa. Estaba realmente interesado en lo que tenía para decir, tal vez no muchos lo sepan pero la filmografía checa es de las más interesantes de Europa. No quedé decepcionado, hablo de la relación entre el cine y la tv, de las películas locales más vistas, del festival de cine Karlovy Vary, y una vez cerrada la charla, me tome la libertad de acercarme para preguntarle si existía la posibilidad de que le comprase a la embajada alguna película de Jan Svankmajer, la respuesta fue negativa, aunque si podían prestármelas. Lo sentí como cuando te empatan un partido en el último minuto.

La tarde fue playa y entrevista, en ese orden, ya que era lo que los tiempos me permitían. Luego a la noche me acerque al cine a ver El Junco, una película de la leyenda del cine polaco Andrzej Wajda.

El Junco

Una película personal y dura, que representa la adaptación de tres historias, dos cuentos y un relato casi intimo de Krystyna Janda sobre la perdida de su marido e histórico colega de Wajda. Ese cruce de relatos está acompañado por transiciones que replantean si uno está viendo una ficción, un documental, o una extraña mezcla de ambos, ya que las fronteras que separan la diégesis del mundo real es tan difusa como el camino que tiene delante Krystina luego de perder a su ser amado. En ese sentido la película cumple. La artesanía de Wajda es algo impecable, sin embargo por momentos le cuesta mantener distancia a la hora de dirigir, y el duelo de ambos, especialmente de Janda, se vuelve incluso más importante que la propia película. El ahogo, o el desahogo, en el sentido más literal que se pueda imaginar, toma una relevancia tan grande, que uno se distancia de la película, y no precisamente para reflexionar. Para decirlo fácil y rápido, hay momentos que aburren. La película tiene una primera mitad que se queda corta, con un fuerte contenido documental, pero tiene una segunda mitad sumamente poética y fuerte, que hace que el balance final sea positivo.

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Me iba a quedar a ver El chico de la bicicleta de los hermanos Dardenne, pero todavía tenía que procesar la obra de Wajda, estaba abrumado. A veces, hasta los cinéfilos más acérrimos necesitamos una almohada, eso si, imposible quedarse dormido si no es pensando en la película que vi hasta que me gane el sueño.

luzzani@asalallenaonline.com.ar

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