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11.03.13
Pantalla Pinamar 2013

Pantalla Pinamar 2013 – Diario Día 2

Domingo 10 de marzo.

Desde la mañana temprano arranca la rutina en Pantalla Pinamar.

A las 11 comienzan las conferencias de prensa, que se llevan a cabo en el Hotel Reviens, una detrás de la otra, muy bien organizadas por los encargados de la prensa.

Una de las más importantes fue la de Juan Gatti, creador de afiches para cineastas como Pedro Almodóvar. Con muy buena predisposición y humor, el artista (“Científico más que artista”, aclara) contó pormenores de su trabajo. Por supuesto, la mayoría de las preguntas tenían que ver con sus colaboraciones con el director manchego. Además, habló de las tapas de discos que realizó para bandas nacionales de los ’70 y durante la movida madrileña, en los ’80. “Estuve en los comienzos de cada corriente“. 
Según Gatti, solo las fechas de estreno le impiden parar de hacer carteles, ya que podría hacer muchos, en busca del que quede perfecto. 
La obra de Gatti es exhibida durante el evento. 

A las 12:20,  la conferencia de A la Deriva. Estuvieron el director Fernando Pacheco y los actores Daniel Valenzuela y Mónica Lairana. Los responsables contaron cómo fue filmar en Misiones (tierra natal de Pacheco y lugar de nacimiento de Valenzuela), la manera de encarar la historia más como un relato acerca de personajes que tratan de subsistir. Las actrices también contaron cómo se prepararon para sus papeles, ya que hasta para un periodista misionero resultaron muy convincentes como mujeres de esa zona. El distribuidor Pascual Condito destacó el espíritu de la película y cómo lo conmovió. Como cierre, anécdota del actor debutante y la divertida reacción de sus hijos cuando vieron el film: se preguntaban por qué su padre y no Palomino moría en la pantalla.

Terminadas las conferencias hubo una recepción de la Embajada de España, en el Hotel Playas, donde Liliana Mazure y Carlos Morelli manifestaron su reconocimiento y agradecimientos a sus pares españoles.

Por supuesto, hubo proyecciones, y en funciones a sala llena (nunca mejor dicho en esta ocasión). En el caso de las producciones nacionales, o internacionales como Por Aquí Todo bien, los cineastas tuvieron la oportunidad de presentar sus obras. El público los recibió con aplausos y pudo dialogar con ellos al terminar cada película. 


En el Fondo del Bosque (Au fond des bois, Benoit Jacquot, Francia, 2010), por Matías Orta

Francia, 1965. Josephine (Isild Le Besco), una joven virginal aunque algo extraña, es secuestrada por Thimotée (Nahuel Pérez Biscayart), un joven vagabundo. En realidad, tal vez secuestro no sea la expresión exacta, ya que la muchacha lo sigue atraída por una suerte de magnetismo animal que, de alguna manera, le provoca sucumbir a las pasiones más ocultas, sexuales y perversas.

Inspirada en un hecho real, la película es un drama psicológico inquietante, ambientado en parajes boscosos, acerca de la carne, la religión y la ciencia. El director Benoit Jacquot consigue climas extraños e inquietantes, aunque la narración se hace densa y repetitiva, en particular en el tercer acto, en el que se trata de darles una explicación a los hechos que venían ocurriendo.

Lo mejor siguen siendo los protagonistas, especialmente Nahuel Pérez Biscayart. El actor argentino está muy bien caracterizado como este individuo salvaje, peligroso, impredecible pero también humano. Su presencia escénica, su labor y su nivel de compromiso (habla francés) son pruebas de que Biscayart siempre suma en una producción. Será cuestión de seguir atentos a su carrera internacional.


Por Aquí Todo bien (Por Aquí Tudo Bem, Maria Esperança “Pocas” Pascoal, Portugal, 2011), por Matías Orta

En 1980, las jóvenes María (Cheila Lima) y Alda (Ciomara Morais) viajan de Angola  a Lisboa, Portugal, escapando de la guerra civil. Deberán aprender a sobrevivir en una ciudad generalmente hostil,  donde serán explotadas, engañadas, perseguidas. Así y todo, no perderán las esperanzas y cada golpe les servirá para convertirse en adultas.

La ópera prima de Pocas Pascoal es una historia pequeña y muy personal sobre el padecimiento de muchos jóvenes (y adultos) de Angola en aquella época.  Hay situaciones fuertes y dolorosas, filmadas con autenticidad, pero sin jamás caer en golpes bajos.

El dúo protagónico se luce y el espectador nunca deja de estar cerca de ellas ni de sufrir cuando la situación empeora para los personajes.

Una interesante oportunidad para conocer un poco la difícil historia de los ciudadanos africanos.


Adiós a la Reina (Les adieux à la reine, Benoit Jacquot, Francia, 2012), por Tomás M. Luzzani

El film de Jacquot se centra en los últimos días del reinado de María Antonieta (Diane Kruger) y Luís XVI (Xavier Beauvois), narrado desde el punto de vista de Agathe-Sidonie Laborde (Léa Seydoux), la “lectora de la reina”.  La obra transcurre casi en su totalidad dentro del palacio de Versailles, desmenuzando la burbuja en la que vivían los cortesanos, mostrando la desconexión que tenían con la realidad del pueblo, pero sin llegar a subrayar los excesos del estilo de vida real.

Los dos puntos más interesantes de la propuesta de Jacquot son el manejo de la información –volvemos a la burbuja de Versailles– y el triángulo amoroso que se da entre María Antonieta, Sidonie Laborde y Gabrielle de Polignac (Virginie Ledoyen). Esa tensión lésbica no es gratuita sino una idealización casi platónica de amores imposibles, que llevan, de a poco, a los personajes a una autodestrucción, y  es esa búsqueda de la identidad en la revolución, al mismo tiempo que lo hacía Francia, lo que hace que la película progrese.

Si bien el planteo es interesante, la película pierde intensidad en buena parte de su desarrollo debido al hincapié que trata de hacer en la parte documental del film (es un vicio ya adquirido del drama de época, en los que la reconstrucción de los hechos se vuelve importante por su propia naturaleza y no por su incidencia en la trama), pero el balance es positivo. Uno solo termina lamentando la cantidad de personajes y arcos dramáticos abiertos, que nunca se terminan de explorar, aunque el eje central lo deje al espectador satisfecho.


Miel de Naranjas (Imanol  Uribe, España, 2012), por Tomás M. Luzzani

Volvemos al Franquismo y la Guerra Civil Española. Imanol nos trae una historia romántica sobre una parejita joven,  interpretada por Blanca Suarez e Iban Garate, de clase acomodada debido al tío de ella, Juez Militar (Karra Elejalde). Enrique, el muchacho de la parejita, comienza a trabajar como mecanógrafo para el Juez, descubriendo, debido a su trabajo, las ideas de “justicia” que acompañaban al franquismo, hasta que pasa por el juzgado el psiquiatra que atiende a su madre, y el destino del éste marcará un antes y un después en su vida.

El primer y tal vez único gran punto a favor que tiene Miel de Naranjas es que no se trata de un film político, es una historia de amor. No hay una mirada demonizadora del franquismo, ni una mirada idealizada de los revolucionarios, al menos no más allá de lo estrictamente necesario para la película. No nos olvidemos, tenemos dos protagonistas y un antagonista, y la obra de Uribe no escapa a las convenciones narrativas tradicionales.

El desarrollo de la película se estructura a partir de la evolución del personaje de Enrique, y esa evolución es un punto flojo. Tal vez sea por lo acartonado de la performance de Iban Garate o por lo gris o ambiguas que resultan muchas de sus acciones, pero la conclusión final indica que el personaje no termina de encantar al espectador, como sí lo hacen algunos de los roles secundarios.

Más allá de un par de escenas muy bien logradas, y genuinamente emotivas, el aire de misterio y suspenso que trata de construir Uribe se cae y se levanta constantemente, dejando un gusto agridulce en la boca del espectador.


De Martes a Martes (Gustavo Triviño, Argentina, 2013), por Matías Orta

(Crítica ya publicada en la cobertura del 27° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata)

Juan Benítez (Pablo Pinto) es un aficionado a hacer fierros. De carácter tranquilo e introvertido (tal vez demasiado), sueña con abrir su propio gimnasio. Pero debe conformarse con una triste rutina que incluye trabajar en una fábrica con gente despreciable y que no le cae bien. En medio de esa lucha diaria típica de cualquier padre de familia de clase media baja, presenciará un hecho que cambiará su vida.

Con una larga trayectoria como operador de steadycam, Gustavo Triviño se la jugó con su ópera prima. Comienza en un estilo costumbrista, siguiendo la vida de un retraído laburante, y de pronto adquiere la forma de terrible oscuridad, donde se nos presenta el costado más podrido del protagonista y de nosotros mismos. Ademas, no es tibia a la hora de mostrar la relación entre poderosos y humildes y los juegos de poder.

Incluye una de las secuencias más intensas y perturbadoras del cine nacional, que cambia la película y divide al público, especialmente por el proceder de Benítez. Sólo para estómagos fuertes.

Pablo Pinto (hermano del director Eduardo Pinto) es la revelación y lleva muy bien el protagónico. Lo acompaña un elenco experimentado compuesto por Alejandro Awada, Daniel Valenzuela, Rolly Serrano y Jorge Sesán, entre otros.

Sin dudas, De Martes a Martes es un film destinado a llamar la atención. Una verdadera patada en las encías.

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