04.04.15
Festivales _ UNCIPAR 2015

UNCIPAR 2015 – Día 2

Después de una primera jornada marcada por la variada estilización de cortos nacionales e internacionales, la segunda fecha del festival UNCIPAR acercó una mayor oferta de trabajos desde temprano y extendiéndose hasta altas horas de la madrugada, con la siempre efectiva sección de Pantalla Abierta, la cual acerca aquellos cortos que quedaron fuera de competencia.

A continuación se presenta un listado de los cortos que se presentaron.

Sección Competitiva Nacional

Esta no es una Historia de Amor, de Mariano Pozzi (16´): El clásico corazón roto que despilfarra nostalgia y al que lo rodea el consejo berreta del entorno. Busca nivelar humor y romance pero acude a recursos inexpresivos.

Reflectorista, de David Nazareno (11´): Un desarrollo canchero con una superficie visual magistral. Un anecdotario argento para acercar el relato de Alejandro García como un reflectorista cumbre en la escena. De lo mejor.

Tormenta de Verano, de José Manuel Segura (15´): Un trío que busca la provocación al costado de una ruta. Se pudo trabajar mejor la cuestión musical. Básico y práctico.

Caoba, de Clara Gabay (13´): Situación grisácea de una familia con fisuras que nos obliga a considerar una situación de pedofilia entre un abuelo y su nieta, pero que termina apostando por una relación de sentimentalismo compatible.

Estacionamiento, de Luis Bernardez (16´): Una pareja atrapada en los subsuelos de un estacionamiento condiciona un aire claustrofóbico que promete bastante, pero sobre el cierre se pincha toda expectativa.

Payada pa’ Satan, de Antonio Balseiro y Carlos Balseiro (8´): Cuento animado con acento gauchesco que es toda una bajada de línea respecto a la explotación de recursos en el interior del país. Cumple.

Chapa, Pistola, de Sebastián Loran (9´): Este corto tendría que haber formado parte de la sección nocturna dedicada a los delirios baratos que son descartados, pero se coló como un policial grosero carente de ideas.

Durmiente, de Vinko Tomicic (16´): Otro drama barrial entre un joven boxeador con un padre jugador. Una cámara que los sigue conviviendo y por separado. Termina recurriendo a un final abrupto para levantar interés.

Toro, de Yamila Rabinovich (12´): Este corto se centra en la vida amargada de un criollo desempleado en el barrio de Mataderos. Diálogos vacíos, malas actuaciones y una pinta de institucional bastante obvia.

La Ventana Abierta, de Lucila Las Heras (10´): Podría formar parte de una antología sobre historias de misterio para un público convencional. Un final cantado y sobreactuaciones insufribles.

El Duelo, de Mariano Samengo (13´ 30´): Historia de samuráis que todo el tiempo se preocupa por no descuidar su esteticismo asiático y a la que se le ven los hilos constantemente.

Zombies, de Sebastián Diestch (9´): El corto que vino a salvar una jornada bastante floja pero que no gana por lo bizarro sino por su cuota de comicidad bien desarrollada. Si duraba más no nos hubiera molestado.

, de María Celi (13´): Romance lésbico clandestino con aire indie. Las personalidades ambiguas del dúo ya las conocemos pero logra sostenerse hasta el final.

Vacas, un Vacío Lleno de Cortes, de José Mariano Pulfer (23´): Relato futurista que todo el tiempo remarca lo argentino y con un desarrollo predecible. Efectos berreta y final cursi.

En Crítica, de Luz Orlando Brenna (15´): Una elevada producción da lugar a una puesta en escena noir con acento tanguero. Situada a fines de los años veinte, acompañamos a Roberto Arlt en busca de notas sensacionalistas para su diario.

 

Sección Competitiva Internacional

Preludio a una Casa Derribada, de Carlos Godoy Acosta (Colombia, 29´): Conflicto denso alrededor de una familia incomunicada por la depresión y el resentimiento. Se podría acortar.

The Duel, de Seán Mullen (Reino Unido, 3´): Segmento animado de perfil infantil que no termina de convencer. Puede servir para otro festival.

El Vidente, de Roberto Suarez (España, 19´): Alguien que atesora la primera etapa de Alex de la Iglesia sintió la necesidad de homenajear a El Día de la Bestia, pero cae en un humor burdo sin inteligencia.

Isa, de Patricia Vidal Delgado (Portugal, 14´): Otra vez la violencia de genero. Esta vez le toca a una mujer con relaciones conflictivas que sufre el maltrato de su pareja actual. No pasa de eso.

Circuit, de Robert Gwisdek (Alemania, 15´): Una serie de trucos visuales acompañan a un técnico atrapado en un cuarto vacío. Del humor a la claustrofobia agobiante. Funciona mejor en You Tube.

Dinner for Few, de Nassos Vakalis (Grecia, 10´): Segmento de animación con alegorías políticas y sociales que parece pensado para recrear un video a lo Pink Floyd. Pretencioso pero sublime.

A Girl Like Me, de Maya Meiri (Israel, 18´): Un escenario invernal con dos adolescentes militares es propicio para desatar una situación interesante pero no pasa de ser un trio histérico que se completa con un soldado que las acompaña.

Por la tarde se presentó la ex presidenta del INCAA y actual diputada nacional Liliana Mazure, quien llevó adelante una charla sobre “Soberanía en la Circulación de Contenidos Audiovisuales en la Era Digital”; y por la noche se proyectó la película Nacido Para Morir, del director argentino Andrés Borghi, una comedia con el sello de Farsa Producciones que trajo un aire distendido a la extensa jornada y que preparó el terreno para las funciones nocturnas de Pantalla Abierta, con cortos actuales y otros clásicos, que no pasan de moda como auténticas joyitas del bizarro nacional e internacional.

 

Por Enrique Diego Fernández

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