30.11.16
Columna _ Laura

El maletín mágico de Newt

Fue fin de semana largo y, el viernes pasado, mi cumpleaños. Y como tuvimos un añito intenso, el Chuchi y yo decidimos celebrarlo en la costa, más precisamente, en Pinamar. Nos fuimos el jueves y regresamos el domingo, para evitar todos los trajines del tráfico inherente al feriado y para estar solitos, haciendo playa, comiendo, dormitando, metiendo las patas en la arena y tomando largos, sanadores y benditos baños de mar. Además, a mí que me gusta mucho ser el centro de atención y, sobre todo, en mi cumpleaños, el regalo del viaje me hizo inmensamente feliz. El mar y yo somos carne y uña y Pinamar es uno de mis lugares en el mundo, así que iba con toda intención de nadar, pasear por Cariló, comer medialunas y churros, aspirar el aire mágico de los bosques, engullir cantidades industriales de mariscos, hacer compras, tomar matecitos frente al océano, jugar a la generala, leer revistas del corazón, etc.

Y por supuesto, ir al cine.

Desde que íbamos de veraneo con mis padres cuando era chica, los cines de Pinamar representaban el faro que me permitía ver estrenos de la temporada navideña, que después no podría ver debido a que en el pueblo habían cerrado los cines. Así que, todavía ahora, la ilusión de ver películas allí se mantiene intacta, aún cuando ya hace más de veinte años que vivo en la Capital y tengo cines a troche y moche para devorarme estrenos, reruns, retrospectivas, festivales y todo lo que me venga en gana.

El viernes fue un día de playa espectacular y de opíparo festejo, pero el sábado amaneció nublado, con el aire templado e invitante, así que después de deambular por Cariló de la mano de los duendes por buena parte del día, a la tardecita volvimos a Pina y nos clavamos una película. Y no podía ser otra que Animales Fantásticos y dónde Encontrarlos (Fantastic Beasts and Where to Find Them, 2016).

La vimos doblada al castellano, porque los cines estaban seteados para los chicos, pero aun así la disfrutamos muchísimo. La película conserva el halo de magia del universo de Harry Potter y Newt Scamander, interpretado por el muy elegante, misterioso y extraño Eddie Redmeyne, vuelve a traernos algo de lo que extrañábamos, pero esta vez modificado, más adulto y con mucha, pero mucha más oscuridad.
Los animales fantásticos, son la excusa para narrar muchos otros temas del universo infantojuvenil. El abandono, la inadecuación, la carencia, el abuso físico y sexual, el peligro, la soledad, el desamparo. Y así la película constituye una aventura singular y maravillosa, pero también articula temas que son de absoluto peso real y presente.

Buenas actuaciones, efectos alucinantes, excelentes dinámicas de relación entre personajes y un gran timing de comedia, le dan un acabado de encanto a una historia que, de otra manera, tal vez se pudiera percibir dispersa, o todavía falta de contundencia y decisión. Todos los spin offs suelen sufrir de esas carencias, pero Animales… las sortea con sorprendente habilidad y con una gran confianza en el futuro.
La película sigue teniendo esa capa de invisibilidad que tienen los materiales bendecidos y que encuentra su paralelo en una de las pertenencias de Harry. El universo que creó J.K Rolling, está tan vivo como siempre. Y se anuncia ahora más misterioso y complejo que nunca.

Cuando salimos del cine me quedé pensando en los bosques que me circundaban, en el mar y en los duendes que, se sabe, viven allí, escondidos entre los pinos y demás plantas de aroma intoxicante. Y pensé que tal vez, por algún lugar, algún animal fantástico estuviera echado, contemplando la noche fragante, a la espera de ser encontrado por el maletín mágico de Newt.

Feliz cumpleaños para mí.

Laura Dariomerlo | @lauradariomerlo

Todas las columnas de Laura.

COMENTAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMPARTIR

© A SALA LLENA.