10.04.18
Columna _ Laura

La Gran Estafa

Unas noches atrás, volví a ver American Gigolo. Si, si, ya sé: hace algunos años discutimos ese pedazo de obra maestra en esta mismísima columna. Pero ahora me gustaría abordarla de nuevo, desde un lugar diferente. Es que, cuando me puse a verla la otra noche, entendí por qué detesté tanto esta temporada de American Crime Story

Y poco tiene que ver mi desprecio con la estafa publicitaria con la que se la vendió.

No es ningún secreto que ACS abreva en forma de (descarado) homenaje en American Gigolo, eso se sabía desde el principio. Lo que se me pasó por alto hasta que me reencontré con el film,  es cuánto de la composición de Gere, Darren Criss camoteó para su Cunanan. Y mientras veía con toda la devoción del mundo la cinta de Schrader, más detestaba y detestaba la segunda temporada de la serie de Ryan Murphy.

Es cierto que Julian Kaye,  el personaje central de la película, es un hombre inocente del crimen que quieren achacarle, a diferencia de Cunanan, que es un asesino despiadado. Pero la performance de Criss sobre Cunanan es una exageración de los rasgos narcisistas de Kaye. Desde la dirección de ACS, parece haber una especie de comando que utilizó de plantilla básica el trabajo magnífico de Richard Gere en los 80’s, lo transplantó en tiempo y lugar, y lo llevó a un estado emocional grotesco, desproporcionado, expresionista para tratar de delinear a Cunanan. Sus rasgos psicopáticos  inmersos en el fallido intento de Criss y Murphy por humanizarlo en pantalla, están tamizados de manera categórica por una imitación física, emocional y de construcción psicológica de Gere, que cuando se está frente a la película resulta casi obscena.

Desde el tratamiento gestual, hasta el vestuario, pasando por no pocas mañas, el Andrew Cunanan de ficción emula al Julian Kaye de Gere ingratamente y en una clave de saqueo verdaderamente asquerosa. No es un homenaje, es un plagio.  Y ese plagio se funda en la homofobia que comparten como puente entre lo real y lo fantástico. El terror que ambos hombres tienen de su propia naturaleza. Kaye heterosexual de borde, misogino, hiper narcisista, Cunanan gay, megalómano selfhater.

Me pregunto qué figura engloba este choreo. Murphy reversionó Gigolo… y se sirvió de ella de manera permanente en la segunda temporada de la serie. Una temporada vendida de manera fraudulenta que decepcionó al público más por eso, que por su calidad. Pero la calidad está fundamentada, más que nada, en el plagio, en la copia, en el saqueo.

Creo que hay que verlas juntas y armar una buena batahola.

La primera vez que vi American Gigolo yo era una hermosa jovencita rubia y virginal de catorce años. La vi de canuto por SPACE. Lo que más me impresionó fue la sensación que me quedó de admiración por el personaje protagonista. Un hombre redimido metafórica y literalmente por el amor de una mujer. Y la aceptación de esta redención un poco a regañadientes, un poco espejada con la rendición. Claro que todo eso fue un análisis posterior. Al principio yo solamente quería caminar como él, echarme el pelo hacia atrás como él y tener su trasero.

© Laura Dariomerlo, 2018 | @lauradariomerlo

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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