Columna _ Laura

We are not too old for this shit

¿Se han sentado a ver una película y han sentido que estaban frente a una experiencia que combina todos los matices que hacen a la felicidad? Claro que sí. Seguramente. Y esos matices se presentan claros: el regocijo que va de la mente a la boca del estomago. La sonrisa aflorando en los labios. La anticipación. La frotación de las palmas de las manos… si se está en la propia casa, el preparado de alguna comida fuerte o snack delicioso para acompañar la experiencia. La modificación instantánea de la realidad. 

La otra noche todo ese proceso se me hizo vívido y presente, cuando a eso de las diez o diez y media de la noche, por Warner, pasaron Arma Mortal (Lethal Weapon, 1987) y la vi desde el inicio. Warner está emitiendo la nueva serie que se basa en la película y a mí me gusta bastante. Por supuesto, esto sumado al hecho de que este año la cinta gloriosa cumplió treinta años, contribuye a que el canal las reviva una y otra vez.

Arma Mortal es perfecta. A mí en lo particular me transporta a muchos lugares. Emociones, anécdotas, memorias… todas tan perennes, tan vivas; inmutables. Mi hermana y yo teníamos pósters montados en bastidores (mi padre no nos permitía pegarlos en la pared con cinta scotch) e incurríamos por lo tanto en esa costosísima gronchada. El de Mel estaba bien al lado de mi cama y ostentaba su autógrafo. Como dicen por ahí, estuve de novia con ese poster muy seriamente, gran parte de mi adolescencia. No voy a ahondar demasiado en este hecho, solo diré que espero que nunca lo pongan bajo luz negra.

Recuerdo que se me permitió verla en el cine vaya a saber por qué. Creo que el entusiasmo de mi querida tía Estela por Mel Gibson tuvo algo que ver. Ella estaba enamorada del tipo. Y ahora que lo pienso, era tan joven y tan linda que su enamoramiento debió ser de lo más real. Cada vez qué nombraban a Mel se derretía como un helado. Así que cuando la pasaron marchamos todos a verla. Mis viejos, mis tíos y mis primos. Nosotros éramos muy chicos. Como en el pueblo no pasaba nada, se nos permitía a los retoños sentarnos en las filas de adelante. Y, por supuesto, nos sentamos todos en la segunda. La primera, claro, ocupada por más retoños de parejas que llegaron antes a la función.

Cuando vi a Riggs, con su cabezota gigante en la pantalla, estaba llorando como un bebé la muerte de su esposa Vicky y tomaba coraje para volarse la bocha. Supongo que ya en esa escena mis viejos se arrepintieron de llevarnos al cine, teniendo en cuenta la chica semidesnuda que salta al vacío y cae reventada sobre el techo de un auto. En fin… ya era tarde para que nos levantáramos de las butacas y hubiéramos hecho flor de escándalo si nos llevaban, así que se resignaron. Pero cuando apareció Mel yo creí que iba a reventar.

La adolescencia estaba a la vuelta de la esquina, aunque faltaba un poquito para que llegara. Era como la nena de Intensamente (Inside Out, 2015), cuyas emociones todavía no habían apretado el botón colorado pero, definitivamente, alguna lo rozó esa noche. Fue como asistir al principio de algo. La película nos peinó la cabeza a todos. No puedo recordar si la vimos apenas se estrenó, porque los títulos llegaban tarde al pueblo. Si recuerdo el profundo efecto que tuvo en mí.

Arma Mortal era la buddy movie inmaculada. Un policial atrapante de acción imparable. Y la pareja Glover/Gibson funcionaba como hecha en el cielo. Se rescataban mutuamente una y otra vez y el espectador asistía al nacimiento de la más profunda y bella de las amistades. La banda sonora era maravillosa. Aquel saxofón tan epocal, tan contundente. Aquel adaggio para Riggs, aquellos gags de extrema precisión. Frases que se convirtieron en cultura popular.

¡Dios, cuando entiendo que cumplió treinta años no puedo más que pensar: “I’m too old for this shit!”.

Richard Donner encontró petróleo con el film y pudo realizar una saga de cuatro películas de altísima calidad y contundencia a la que cerró con una secuencia de créditos finales impagable, con fotografías del back de todas al ritmo de “Why can’t we be friends”, de War. Esa secuencia en sí misma merece una columna aparte. Y además acuñó una nueva frase que les daba a los protagonistas la llave para la  siguiente etapa de sus vidas: “We are not too old for this shit”. Esta vez era Riggs quien la pronunciaba.

La otra noche, cuando la pasaron, me revolví en mi sofá y me la tragué con todo y sándwiches. Recordando aquello con nostalgia y alegría.

Esa noche soñé con mi tía y charlamos un rato.

Laura Dariomerlo | @lauradariomerlo

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