25.03.18
Música _ Presentaciones y Conciertos

Depeche Mode en el Estadio Único de La Plata, por Paola Menéndez

Depeche Mode 24 Marzo de 2018 – Estadio Único de La Plata

Todo Cuenta

La legendaria banda inglesa realizó su presentación en el estadio único de La Plata en el marco de su Global Spirit Tour.

Hileras de vehículos en la autopista anticipaban lo obvio: un estadio con la capacidad cubierta casi por completo. Las largas cuadras de los espectadores hasta llegar a la entrada fueron acompañadas, en muchos casos, por una garúa finita pero incesante. El clima no opacó, sin embargo, la jornada musical y el cielo “aguantó” hasta que Dave Gahan sentenció un “Hasta Pronto”.

La apertura de la velada estuvo a cargo de Juana Molina. Su presentación, sobria y despojada, estuvo a la altura de su reputación: grandes medios especializados, como Pitchfork, han incluido sus producciones como discos del año –el caso de su disco Wed21 es paradigmático–. El caso es que la cantante no pudo transmitir ese encanto que mantiene con la crítica musical –que llegó a compararla incluso con la misma Björk– hacia el público depechero. Es que más allá de la correcta performance –hay que decirlo– la gente exigía otro telonero. La música de Juana no tiene llegada masiva y, en principio, cuesta asociarla al estilo del show principal. Los espectáculos musicales en Argentina tienen una larga tradición de teloneros que no parecen tener relación o que simplemente no generan identificación con lo que vendrá. Cada uno de nosotros puede evocar ejemplos de esto. La hostilidad, o en el mejor caso indiferencia, pudo hacerse sentir durante toda la presentación. Juana Molina, empero, estuvo impecable en lo suyo.

A medida que oscurecía el público parecía impacientarse hasta que en el estadio empezó a sonar “Revolution” de Los Beatles, señal de que el concierto estaba por comenzar. Así, salió un histriónico Dave Gahan interpretando “Going Backwards” del disco Spirit. Esta será una de las tres únicas canciones que cantarán de este último álbum. A propósito, sabíamos previamente por declaraciones realizadas por la banda que la lista de temas seleccionada para Latinoamérica prioriza, por una cuestión obvia, los clásicos. El público, feliz. Las imágenes multicolores inundaban el estadio desde la pantalla y contrastaban con el look de Gahan: una elección más sobria –a excepción de las botas– esta vez. Su voz sonó limpia pero lejana. Una grave complicación técnica afectó la apertura del recital y volvió a esta primera canción un triste augurio de lo que vendrá.

Dave Gahan recorre el escenario de un lado al otro, gira y gira sin agotarse, pone el cuerpo y la voz pero el bajo volumen no se corresponde con este espíritu y se produce una desfasaje irreconciable entre la belleza del baile, la potencia de los hits y las imperdonables fallas técnicas que se mantuvieron durante todo el concierto.

El pico de tensión máxima se dio en una de las primeras canciones, “Barrel of a Gun”, del disco Ultra (1997). Una canción que oscila sustancialmente entre la oscuridad y la ensoñación de la existencia y que por su densidad exige una atmósfera específica a recrear. El caso es que este aura que se venía dando se rompió inexorablemente cuando las pantallas dejaron de funcionar y dejaron a miles de espectadores sin poder seguir disfrutando el show. Era casi exclusivamente ese cruento invento denominado “campo vip”, el único lugar desde donde todavía podía apreciarse el recital, en el resto del estadio, oscuridad permanente.

Resultó entonces el punto de inflexión ya que los silbidos y los gritos fueron in crescendo. Llegó rápidamente una de las más esperadas de la noche: “Precious”. La canción permite el primer lucimiento real de Martin Gore y la emoción de todo el público acompañando la voz solemne y rugosa de Gohan en este gran himno new wave perteneciente al álbum Playing the Angel (2005).

Pasa rápidamente la mitad del show, las pantallas parecen componerse pero en “Where´s the Revolution” se produce el segundo gran quiebre de la noche. Muchos espectadores están en silencio, la cadencia con la que Gahan elige interpretar esta canción desconcierta a varios y el lugar que ocupa en la lista general abre un paréntesis de sentido. De alguna manera este tema descoloca el clima más ameno y nos sumerge otra vez en el abismo. El efecto shockeante habría sido perfecto a no ser porque las pantallas vuelven a dejar de funcionar y así quedarán hasta el final del show.

El público ya no simula su descontento. Dave Gahan recorre glamoroso la pasarela, baila, tira besos, pide a los espectadores que muevan las manos y aplaudan. Del otro lado, salvo el campo vip –repetimos, los únicos que pueden ver “algo”– , el resto de la gente contesta con abucheos o silbidos.

El clima de malestar va meguando de a poco con la llegada de “Construction Time Again” (1983) y la gente intenta dejarse llevar. Al terminar la canción, el mundo es un lugar más feliz y ya se escuchan venir los acordes de “Enjoy The Silence” (1990) con un perfecto Andy Fletcher tras el sintetizador. Este será el pico de la noche –solo comparable a “Personal Jesus”, más tarde– y el estadio entero salta con fuerza para dar lugar a la infaltable “Never Let Me Down Again” (1987). Ahí estaban las difíciles y el espectador las tenía casi a todas.

Se clausura una etapa y llegan los bises. Se toma una decisión otra vez extraña. El clima de fiesta se ve interrumpido dramáticamente por “StrangeLove” (1987) cantada por Martin Gore en un registro que asemeja esa versión primigenia del sencillo, solo acompañada de un piano. “StrangeLove” es toda una declaración y condensa una mirada bastante profunda del amor romántico. El público aceptó ese viraje ovacionando a Martin Gore. También fue casi el único momento de la noche para algún que otro arrumaco.

Viene el final, Dave espeta: “¿Cómo la están pasando?”. La gente recuerda el problema de las pantallas y se refuerzan los silbidos. La banda no acusa recibo –no pareció darse cuenta a lo largo del show o lo ignoró elegantemente– y comienzan la santísima trinidad bolichera: “Walking in My Shoes”, “A Question of Time” y, como último tema, el clasicazo “Personal Jesus”. Todos agolpados, bailando y cantando felices el estribillo como un mantra para cerrar la noche. Depeche se retira, el folklore dice que hay que cantar para ver si vuelven pero no, el show ha terminado oficialmente.

Se abren las puertas del estadio y curiosamente también el cielo. Cae sobre La Plata una lluvia copiosa inmediatamente después del recital, inundando la jornada con la impresión de una imborrable postal añeja que no puede dejar de exponer sentimientos encontrados. Si Depeche Mode encontró en la tecnología y en el uso puro y duro de máquinas para hacer un sello personal y un lugar único en la música. ¿Por qué no se le dio la misma preeminencia en un show?, ¿O acaso el sonido, las pantallas, no hacen a la performance, en parte?

Gusto amargo, al final de todo.

Lista de temas: Going Backwards / It´s No Good / Barrel of a Gun / A Pain That I´m Used To / Useless / Precious / World In My Eyes / Cover Me / Insight / Home / In Your Room / Where´s The Revolution / Everything Counts / Stripped / Enjoy The Silence / Never Let Me Down Again / Strangelove / Walking In My Shoes / A Question Of Time / Personal Jesus.

© Paola Menéndez, 2018 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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2 respuestas a “Depeche Mode en el Estadio Único de La Plata, por Paola Menéndez”

  1. Federico dice:

    Excelente nota. Acompaña mi sentir durante el show. Seguir como si nada es responsabilidad de la banda, La organizacion estuvo simplemente mal y deberian haberse replanteado la continuidad, Literalmente desde la platea NO se vio nada.

  2. Joadron dice:

    Hola. Te falto un detalle, el del final: cuando ya con el show terminado los operarios de casco amarillo subieron al escenario y las pantallas laterales “despertaron” para las recomendaciones de una buena salida del estadio. Fue un contraste fortisimo. La “oscuridad” que anegó gran parte la magia y la “diurnidad de fondo blanco brillante” de la organización bajandonos crudamente a la realidad: “esto ya se terminó”. En ese momento la gente estalló indignada y yo temí que se pudriera todo.
    La vuelta a casa se impregnó de esa cosa desangelada.
    Es verdad, Gahan (es posible) haya querido soslayar elegantemente el desperfecto. Al final tanta “elegancia” dejó un cierto amargor.
    El setlist fue el mismo que vienen cumpliendo fielmente en la parte latinoamericana de esta gira, en la que el porcentaje mayoritario de canciones elegidas pertenecen al disco “Ultra”.
    El momento visual mas emotivo (para mí) fue ver los zapatos brillosos de Dave Gahan en “It”s no good”. Luego, un largo desierto…
    Buena crónica la suya.

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