24.08.18
Dossier _ Música

El zumbido. Las bandas sonoras de Trent Reznor y Atticus Ross

Si posáramos la oreja en la entrada de un agujero negro, justo antes de ser succionados hacia la nada, escucharíamos el delicado rugir de una partitura de Atticus Ross y Trent Reznor. Algo así de inmenso y desolador es el sonido de esta dupla y hay un hombre que lo entendió más que bien: David Fincher.

Desde Red social, el director contó con la pareja para la composición de la banda original y la musicalización de sus películas, y ellos supieron interpretar a la perfección el universo desencantado y tóxico de sus films. Tóxico no es un decir: la contaminación es un tema recurrente en la obra de Fincher. La fotografía verde, que marcó el noir desde Pecados capitales, es más que un tono, es un aire aplastante para sus criaturas siempre alienadas. Trent Ross (así los llamaremos a partir de ahora) supieron no solo darle sonido a ese clima opresivo, sus composiciones también le dieron una nueva dimensión al cine de Fincher, que ganó profundidad y espesor gracias a esta resonancia. Sin dudas, lo mejor de la filmografía del director está musicalizado por la dupla. Recordemos esa corrida inicial de Mark Zuckerberg, sostenida por el sonido de un hervor creciente: algo monstruoso se cocía en esos pasos, escuálidos pero seguros, por los pasillos de Harvard. Los cristales digitales crujientes de La chica del dragón tatuado también funcionaban como una perfecta demostración de la tensión entre un mundo viejo y uno nuevo, ninguno demasiado esperanzador. La circularidad de la música de Perdida era perfecta para pasar de la atracción al tedio, de la confianza al desconocimiento, del amor al cinismo.

Pequeños rugidos, bits líquidos o el freír de especias digitales son algunos de los pasajes sonoros con los que Trent Ross amplifican la dimensión fantasmal del cine. Pero esas oscuridades más bien etéreas no son las únicas que domina el dúo. El mismísimo Ken Burns los eligió para darle sonido a esa herida siempre abierta para los americanos: la guerra de Vietnam. Ahí pudieron demostrar que además de ser unos refinados ingenieros podían también ser DJs de una época nunca superada. Su musicalización fue esta vez tan palpable como una esquirla. T Bone Walker, Miles Davis, Bob Dylan, The Rolling Stones, Jimmy Hendrix, Woody Guthrie, The Animals, Donovan y muchos más suenan con la potencia de las épocas musicales más ricas de los Estados Unidos. Lo que aportan esas canciones al poder narrativo de Ken Burns es inconmensurable, pero las composiciones originales son las que vuelven todo mucho más terrorífico. Junto a sonidos asiáticos, el ronquido de los sintetizadores vuelve a aparecer y la oscuridad industrial, mezclada con la artesanía oriental milenaria, se convierte en la banda sonora perfecta de lo oculto, de lo atroz, de una pesadilla tan recurrente como incomprensible.

Esa inquietante falta de claridad en las partituras de Trent Ross, de estar escuchando el borde de una amenaza nunca develada, los emparenta con un director: John Carpenter. Un director que también es compositor de bandas sonoras. Pensábamos que nada iba a escucharse más aterrador que el piano de Carpenter en la música original de Halloween, pero estos dos llevaron la oscuridad a otro nivel. El Mal carpenteriano es ahora más deforme que nunca. Pueden comprobarlo, si se animan, acá:

Y si la deformidad es una característica esencial del sonido de esta dupla, Nine Inch Nails (banda a la que Atticus Ross se incorporó hace ya varios años tomando un rol cada vez más protagónico) colaboró recientemente con el director más deforme de todos (David Lynch) en la serie más deforme de todas: Twin Peaks. “She’s Gone Away” parece una procesión de los avernos, con el bramido de elefantes robots que coronan uno de los episodios más históricos de toda la televisión.

Esta semana Reznor y Ross volvieron a ser noticia. Jonah Hill los eligió para musicalizar Mid90s, su ópera prima como director sobre un verano adolescente en los 90, década que Reznor atravesó de punta a punta con NIN. El trailer es prometedor y las canciones que pueden escucharse auguran otro clásico del dúo sórdido.

Quizás no compongan melodías tan reconocibles como las de John Williams, Morricone o Badalamenti; su terreno es mucho más pantanoso y acorde a la época difusa que atravesamos, pero las bandas de sonido de esta dupla ya están ocupando un lugar en la historia de la música en el cine. Por estas tierras, sin ir más lejos, se hizo uso y abuso de ellas: en la primera temporada de El Marginal suena mucho el score de Perdida; en otra producción local de HBO, directamente, decidieron usar solamente la música de Perdida, porque peor es trabajar. Lo cierto es que este zumbido cada vez más virósico se está quedando con todo. Y suena tremendo.

© Daniel Alaniz, 2018 | @avientapelucas

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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